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| 10/6/2012 12:00:00 AM

"Tengo un buen presentimiento sobre el proceso de paz"

Jon Lee Anderson, el prestigioso reportero y veterano corresponsal de guerra de 'The New Yoker', habló con Semana.com sobre el proceso de paz en Colombia, el papel de los medios y el futuro del narcotráfico.

Pocas personas tienen tanta autoridad para hablar sobre conflictos y guerrillas como Jon Lee Anderson.
 
El veterano periodista estadounidense ha dedicado gran parte de su vida a trabajar como reportero de guerra en El Salvador, Sahara Occidental, Gaza, Afganistán y Birmania, entre otros.
 
Ha publicado varios libros sobre el tema: Al interior de la Liga (1986), Zonas de Guerra (1987), Guerrillas (1992), La tumba del León: partes de guerra desde Afganistán (2002) y La caída de Bagdad (2004).
 
También ha entrevistado a personajes como Hugo Chávez, Charles Taylor, Augusto Pinochet y Mahmud Ahmadineyad, entre otros. Como si esto fuera poco, es autor de Che Guevara: una vida revolucionaria (1997), una obra considerada por muchos la mejor biografía que se ha hecho del líder insurgente.

Nació en Estados Unidos en 1957 y vivió en Corea del Sur, Taiwán, Colombia, Nigeria, Indonesia y Estados Unidos, antes de instalarse en Dorset, Inglaterra. Es corresponsal permanente de la prestigiosa revista The New Yorker y colabora regularmente con The Guardian, El País, El Clarín y Etiqueta Negra.
 
SEMANA aprovechó su visita a la Feria del Libro de Medellín para hablar con él.

Semana.com: ¿Cómo ve el proceso de paz que se va a iniciar entre el gobierno y las FARC?
 
Jon Lee Anderson:
 Tengo un buen presentimiento sobre este proceso y el futuro de Colombia. Para mí, este sí es el principio del fin de las FARC.

Semana.com: ¿Ve alguna diferencia entre este proceso y los intentos fallidos del pasado?

J.L.A.: El proceso no se ha iniciado formalmente, así que es muy pronto para juzgar el esfuerzo del presidente Santos. Ahora, todos los inicios de este tipo de procesos suelen ser buenos, lo difícil es llegar al final. El comportamiento del Estado colombiano en el pasado fue francamente esquizofrénico y tuvo resultados nefastos. Para tener éxito esta vez, el Estado tiene que ser fuerte pero demostrar convicción también, y sobre todo, ser honesto en torno a sus errores y crímenes pasados y presentes en el conflicto. Por último, si quiere terminar la guerra tiene que tender un puente a los que están en la selva para facilitarles la llegada, por así decirlo, a la sociedad civil. De momento, no hay salida, y eso es culpa tanto del Estado como de los guerrilleros.

Semana.com: Con una guerrilla mermada, muchos de sus líderes muertos y la opinión pública en contra, ¿no era más fácil terminar con la guerrilla militarmente que a través de una negociación?

J.L.A.:
No, el Estado tiene la obligación de devolver la dignidad a la ciudadanía y eso sólo se puede lograr con un diálogo. Por medio del conflicto armado no se llegará a nada, es imposible matarlos a todos, no es el medio y además siempre quedarían grupos dispersos armados. Los acuerdos de paz deben hacerse.

Semana.com: Usted definió a los guerrilleros como “personas que no van con lo ortodoxo, el orden establecido, lo legal y legalmente constituido, que consideran necesario abolir el sistema a costa de su propia sangre”. ¿Esta puede ser la definición actual de un guerrillero de las FARC?

J.L.A.:
Es verdad que esa es una definición general de lo que es un guerrillero aunque, claro está, hay individuos dentro de cada agrupación que no corresponden a estos criterios. Estas son cualidades que uno encuentra casi siempre al principio de las gestas guerrilleras, y quizás más definidas entre los líderes. Los combatientes rasos se unen a las guerrillas por un sinfín de razones. Todo el mundo sabe que muchos de los soldados de las FARC son jóvenes campesinos, muchas veces reclutados a la fuerza o que se unieron a la guerrilla por falta de oportunidades. Al final, depende del liderazgo guerrillero si las cualidades humanas y las distinciones filosóficas originales del movimiento son inculcadas a los combatientes.

Semana.com: La guerrilla aseguró que no tiene ninguna persona secuestrada, pero hay pruebas de que esto no es cierto. ¿Cómo se puede comenzar un proceso de paz con semejantes dudas?

J.L.A.:
No es muy claro si las FARC tienen o no secuestrados todavía. Si los hay y los líderes de la organización lo ignoran, significa que hay un problema serio de control. En el caso de que las FARC sea menos una organización monolítica y más una serie de "mini-FARCS" (sic.) con autonomía propia, será más difícil lograr su articulación para eventuales diálogos y negociaciones. En este caso, es importante que los líderes guerrilleros demuestren unidad de ideas y propósitos, y arreglen el interior de su casa antes de emprender negociaciones. Y eso incluiría liberar a todos los rehenes, si es que los hay todavía.

Semana.com: Si llegará a concluirse el proceso de paz y a partir de ahí naciera un partido político, ¿Colombia estaría frente a una opción parecida a la Chávez en Venezuela?

J.L.A.:
A estas alturas, lo dudo. En términos de poder real, un partido político de las FARC —aunque tuviera sintonía ideológica con Chávez— sería muy disminuido. Hay muchos retos para esta gente que ha estado metida en la selva durante tantos años.
 
Muchas de sus reivindicaciones son rurales, ¿qué tendrán que decir a los colombianos de las ciudades? Es casi seguro que luego de emerger en el ambiente político de la Colombia actual, la agrupación se fraccione en diferentes tendencias. Es posible que si sobreviven, un núcleo pueda llegar a tener incidencia en la política nacional después de un tiempo de debilitamiento. Quizás en representación justamente del la tan ignorada población rural y pobre del país —y quizás también de algunos de los millones de desplazados que ya son metropolitanos—; está por verse cómo será. Ojalá que así sea, y su voz sea incluida en el argumento político nacional —aunque sea radical y disonante— porque a Colombia le hace falta más diversidad política. Si esto puede suceder sin violencia, el proceso terminará por refortalecer y enriquecer su democracia.

Semana.com: ¿Un proceso de democratización de las FARC podría dar como resultado una izquierda política real o un populismo de caudillos, como ha ocurrido en algunos países de la zona?

J.L.A.:
¿Es tan frágil el contrato social colombiano? ¿Son tan frágiles sus fibras democráticas? Lo dudo. Por supuesto siempre hay riesgos en intentar la inclusión de antiguos enemigos en el juego político colombiano, pero no tantos como seguir con la guerra.

Semana.com: El gobierno y las FARC han hablado de una posible legalización de drogas. ¿Sería posible?

J.L.A.:
La legalización de las drogas es algo de lo que ya han hablado varios jefes de Estado en Latinoamérica, y al parecer, el tema empieza a tener vigor y permanencia. Quizás me equivoque, pero no creo que un solo país suramericano pueda actuar unilateralmente. Hasta que el país súper consumidor del hemisferio, Estados Unidos, esté dispuesto a adoptar políticas radicales, incluyendo la legalización, no creo que esta solución pueda funcionar.

Semana.com: ¿Qué pasaría en el caso hipotético de que México o Colombia tomaran esa decisión unilateral?

J.L.A.:
Si países tan fuertes e importantes como Colombia y México —o los dos unidos— deciden legalizar, habrá definitivamente un efecto y este puede ser detonante dentro de Estados Unidos. Pero según el ambiente político estadounidense, el efecto detonante podría ser más negativo, incluso bélico. Creo que estamos sólo al comienzo de un debate que se pondrá cada vez más serio y más concreto sobre este tema.

Semana.com: ¿Cuál es el papel de los medios en este momento?

J.L.A.:
Son importantísimos. Sin medios honestos, y ojalá independientes, que puedan vigilar los procesos en nombre del público, nos quedaríamos nada más con los representantes de los bandos en conflicto. Ellos, naturalmente, intentarían de controlar el mensaje, moldear la opinión pública a su favor y de utilizar el espacio público para desplegar propaganda. Sin una fuerza pública mediadora como la prensa independiente, estamos perdidos.

Semana.com: Alguna vez usted dijo que Colombia es un muestrario de todos los males latinoamericanos: guerrilla, narcotráfico, corrupción, impunidad, miseria y riqueza. En el caso de que el narcotráfico se llegue a controlar y se llegue a una solución negociada del conflicto, ¿qué país heredaría estos males?

J.L.A.:
México obviamente. Colombia se ha legitimizado más desde que Uribe dejó el poder y está en un proceso esperanzador.

Semana.com: ¿La situación en México tiene solución?
 
J.L.A.:
El caso de México es una insurrección criminal. El país no tiene un verdadero plan para desaparecer al narco. Los mexicanos sufren una enajenación a gran escala y hay una fragmentación social muy aguerrida. Cuando hubo una verdadera revolución, en la época del sub-comandante Marcos, todos lo ridiculizaron, no era lo suficiente malo para los mexicanos.
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