Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1982/07/19 00:00

"TENIAMOS RAZON"

Colombia, la solitaria de la OEA, ahora puede ser escuchada. En el momento en que se produce el empalme con el futuro gobierno, el Canciller habla de los puntos neurálgicos de nuestra política internacional

"TENIAMOS RAZON"

SEMANA: Canciller: según noticias recibidas hoy, la Argentina ha perdido la guerra de las Malvinas. ¿Cómo juzga usted este fracaso?
CANCILLER LEMOS SIMMONDS: Colombia sostuvo siempre que apelar a los hechos de fuerza como ocurrió el 2 de abril sólo conduciría a situaciones como la que estamos viendo. Por lo pronto, la invasión a las Malvinas no tuvo resultado distinto que el de postergar tal vez por mucho tiempo la solución definitiva de la aspiración argentina. Nosotros consideramos que esta guerra fue no sólo cruenta sino insensata.
S. ¿Cree usted que Colombia puede jugar ahora algún papel por la vía diplomálica en favor de la Argentina?
C: El hecho de habernos mantenido en esta contienda fieles a un criterio jurídico, nos coloca en una situación excepcional para hacernos escuchar por argentinos y británicos. Sobre todo por estos últimos. Cuando Colombia haga saber a la Gran Bretaña hasta qué punto ha sensibilizado a la América Latina la aspiración de la Argentina sobre las Malvinas, y le exponga también cómo nuestro país ha creído que este último rezago del viejo imperio británico debe eliminarse, estoy seguro de que la actitud colombiana, que no fue emotiva ni tropicalista, será muy tomada en cuenta por la Gran Bretaña. La Gran Bretaña tiene que darse cuenta de que la situación de las Malvinas, tal como estaba antes del 2 de abril, no puede volver a ser la misma.
S: La posición de Colombia, bien calificada por los países europeos, no fue, al parecer, bien comprendida por los países latinoamericanos. ¿No han quedado en este momento, incomprensiones con ellos?
C: A mí me ha parecido siempre exagerado el concepto de que Colombia se quedó sola cuando, tanto en la reunión del Consejo permanente de la OEA como en el órgano de consulta, asumió la posición de abstenerse de convertir uno y otro organismo en foros en donde antes de buscar una solución pacífica al conflicto se estimulara la guerra. No creo que esa posición tan seria haya producido malquerencias con los países latinoamericanos.
S: ¿Ni siquiera con la Argentina? La reacción allí frente a Colombia pareció muy viva.
C: Sí, quizá hubo reacciones en aquel país al principio. Pero aún en la Argentina se fue haciendo claridad.
Ahora se ha entendido que no actuamos con criterio de animadversión y que no desconocíamos en modo alguno las aspiraciones de ese país a ejercer su soberanía sobre las islas Malvinas. No he visto que la posición de Colombia haya alterado nuestras relaciones con los países latinoamericanos. Más aún, tengo la certidumbre de que, a medida que ha pasado el tiempo, muchas de esas naciones han venido comprendiendo que quizá la posición lógica era la de Colombia.
Ante un hecho tan grave, no podíamos desvirtuar ni torcerles el cuello a los mecanismos que integran el derecho latinoamericano.
S: ¿Cómo se explica usted la posición asumida por varios países latinoamericanos en este conflicto?
C: Tuve la triste impresión de que algunos países estaban resolviendo sus propios conflictos territoriales a costa del conflicto argentino. Es una sospecha que nos produce la mayor preocupación. Colombia, consciente de ello adoptó la posición que tenía que adoptar. Cuando fuímos convocados al órgano de consulta, entendimos que nos correspondía examinar la situación serenamente. No podíamos actuar como hinchas de un partido de fútbol.
S: ¿Cree usted que existen diferencias de criterio entre el actual gobierno y el próximo respecto de este conflicto?
C: No creo. La tradición de Colombia en materia internacional se basa en unos cuantos principios muy claros que han sido sustentados por nuestros dos grandes partidos históricos: el principio de la no intervención, la certidumbre de que los conflictos deben resolverse por las vías del derecho y no de la fuerza, el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Creo que en lo que se refiere al respeto de estos dos principios, el tránsito de una administración a otra no se va a alterar.
S: En el curso de la pasada campaña electoral, se oyeron críticas a la política del gobierno en el caso de las Malvinas, por parte de quienes resultaron triunfadores. Se ponía más énfasis en la solidaridad con la Argentina que en los aspectos puramente jurídicos invocados por Colombia.
C: Cierto, pero yo no he visto en ninguna declaración del presidente electo que haya legitimado actos de fuerza. No sé todavía qué pensará el próximo gobierno sobre los próximos pasos a dar en relación a este problema de las Malvinas, pero creo que la tradición jurídica colombiana aconsejaría invitar a las dos naciones a que regresen a la mesa de las conversaciones. Si esto ocurre, mientras la actual administración se encuentra en el ejercicio de sus funciones, no hay duda que respaldaremos la aspiración argentina.
S: Canciller, si usted lo permite, hablemos de Centroamérica. Colombia parece tener algunos problemas con Nicaragua. Es evidente que en el gobierno de este país dominan hoy corrientes marxistas. ¿Cómo contempla el gobierno esta situación? ¿La juzga inquietante o puede encontrar admisible una forma de pluralidad ideológica en la región?
C: El gobierno actual, que es liberal no le tiene temor a las ideas de los demás. Las ve con respeto. A nosotros no nos inquieta en sí la existencia de un régimen distinto al nuestro, en Centroamérica. Lo que nos inquieta generalmente de los regímenes marxistas es que intentan imponer por la fuerza sus conceptos y criterios a las naciones que los rodean. Nosotros hicimos el ensayo con Cuba. No nos costó ningún trabajo. Personalmente, como periodista, siempre sostuve la urgencia de que Cuba regresara al sistema interamericano y que Colombia restableciera las relaciones con Fidel Castro.
Pero ocurre que las naciones marxistas no siempre actúan con nosotros con el mismo criterio de respeto con que nosotros actuamos respecto a ellas. La Embajada de Cuba en Bogotá, por ejemplo, se convirtió en un centro de apoyo a elementos interesados en desestabilizar el régimen político, que libremente se habían dado los colombianos. Es natural que rechacemos este tipo de ingerencias. Colombia mantiene muy buenas relaciones con países socialistas; excelentes, inclusive con la propia Unión Soviética. Porque se basan en el respeto mutuo. Con Cuba no ocurrió así.
Esperamos que no ocurra lo mismo con Nicaragua. Nicaragua tiene todo el derecho de llevar a cabo su revolución, a condición de no tomarla como pretexto para intervenir en países vecinos.
S: ¿Después de la ruptura con Cuba, ha visto el gobierno colombiano algún indicio que permitiría a la administración venidera modificar esta situación?
C: No hemos visto ningún indicio por parte del presidente Fidel Castro que permitiera modifícar esa situación.
S: Cada vez que Cuba se ha visto amenazada por los Estados Unidos, ha fomentado guerrillas en América Latina, como ocurrió en la década del sesenta y como ocurre ahora. Pero en el setenta, cuando su seguridad fue garantizada por un acuerdo entre las dos grandes potencias, su política frente a estos países fue distinta: no intervino, al parecer, en sus asuntos internos. ¿No da esto una pista para una política frente a Cuba?
C: La verdad es que Cuba ha convertido lo que considera amenazas a su integridad en agresividad. Quizá ha sublimado su temor, convirtiéndose en una país expansionista, agresivo, desestabilizador. Ahora ha vuelto a las andadas. Está de nuevo fomentando movimientos subversivos. Creo que muchos países están dándose cuenta hoy de qué manera el crédito de confianza que se le abrió a Cuba cuando terminó la etapa del bloqueo, fue mal manejado por este país.
S: ¿Cree usted que el movimiento guerrillero en Colombia obedece a causas internas, o es artificialmente fomentado por Cuba?
C: En nuestro país, como en muchos otros, hay personas descontentas con el sistema, que intenta modificarlo por la fuerza. Es una experiencia que Colombia ha tenido muchas veces, desde que inició su vida como nación independiente. Pero al lado de los motivos de insatisfacción política, económica o social que animan los movimientos subversivos -insatisfacción que podría expresarse por las vías democráticas- es evidente que ha jugado en el desarrollo de estos la ayuda externa. Es el elemento nuevo de la subversión en Colombia.
S: Canciller: ¿en qué punto deja el actual gobierno la situación con Venezuela, a propósito del diferendo sobre delimitación de áreas marinas y submarinas?
C: Está en la misma situación en que quedó cuando se suspendieron las conversaciones y no se llevó a categoría de tratado lo que se llamó la hipótesis de Caraballeda. Soy de los que creen que en Caraballeda se llegó bastante lejos. Quizás el momento en que estuvimos más cerca de una solución fue bajo al actual gobierno. Cualquiera que sea el procedimiento que más adelante se convenga, sea la reanudación de conversaciones, la conciliación, el arbitraje o cualquier otro contemplado por el derecho internacional, la hipótesis de Caraballeda deberá tomarse muy en cuenta.
En todo caso, el criterio del presidente Turbay, como en gobiernos anteriores, es el de que este problema debe resolverse con el mayor entendimiento entre los dos países.
S: Una última pregunta de orden muy distinto. Se han expresado críticas en la prensa por nombramientos tardíos en el servicio exterior, después de las elecciones. ¿Qué dice usted?
C: Se han designado tres embajadores. Ni esos nombramientos, ni otros se han hecho después de las elecciones.
Los beneplácitos correspondientes fueron solicitados meses antes. Un beneplácito, como usted sabe, no se obtiene de la noche a la mañana.
Nombramientos para cargos menores fueron hechos antes del debate electoral, y por puras necesidades de servicio. Nuestro deseo (o el deseo del presidente, el cual yo comparto) es que no se produzca ningún nombramiento después de las elecciones, a menos que sea absolutamente necesario. Personalmente, debo decir que mientras he sido Ministro no he hecho ningún nombramiento que no haya sido indispensable hacer. El número de amigos míos que ha entrado al Ministerio se puede contar con los dedos de la mano. Y sobran dedos.

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