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| 12/21/1987 12:00:00 AM

"TERROR REVOLUCIONARIO"

La dinamitada de cementos Ríoclaro marca la llegada del terrorismo industrial a la empresa colombiana.

La Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar debutó en sociedad. Y qué debut fue. Cuando comenzaba a reiniciarse el diálogo entre las FARC y el gobierno, en una misma semana dio dos golpes: el asesinato de Pablo Emilio Guarín Vera, dirigente político del Magdalena Medio y la volada de la planta de cemento de Ríoclaro en Antioquia.
Es difícil saber cuál de las dos acciones es más grave. Ambas marcan un hito en la institucionalización de la violencia que está viviendo el país en los últimos tiempos. El de Guarín representa la llegada de algo previsible que, sorprendentemente, no se habia presentado en el país: la ley del Talión. Después de haber puesto más de 400 muertos la izquierda decidió aparatarse del precepto bíblico de poner la otra mejilla y cambiarlo por el de: "ojo por ojo, diente por diente".
En este "ojo por ojo", para la extrema derecha matar a Jaime Pardo Leal, equivalía a acabar con el "jefe político de las guerrillas" y para la extrema izquierda asesinar a Pablo Guarín, significaba acabar con el "jefe del MAS". Pardo Leal decía de Guarín: "Ese es un tipo tenebroso Organizador de bandas paramilitares". Y Guarín se refería a Pardo en estos términos: "Ese señor es el jefe del brazo legal de las FARC. Es el jefe de una partida de hipócritas que tienen las manos manchadas de sangre".
Lo que sucede con este mano a mano es que las cabezas o voceros de la derecha son menos identificables que su contraparte en la izquierda. En esta última, la pirámide comienza con "Tirofijo" y Jacobo Arenas pero no se sabe dónde termina pues incluye guerrilleros, amnistiados, militantes de la UP y simpatizantes, categoría ésta que abarca de todo, desde profesores de universidad hasta hippies.
En la derecha, por el otro lado, la cosa es menos clara. Fuera de los tesos que eran Bernardo Lema Henao y Pablo Emilio Guarín es muy difícil ubicar el resto. Como decía Guarín cuando le endilgaban su posición: "Que derecha ni que carajo, si aquí todos somos de derecha menos los comunistas".
Desaparecidos los dos tesos, uno de muerte natural y otro en el campo de batalla, queda por verse a quiénes consideran sus enemigos los sicarios de izquierda. ¿Serán los narcos, los militares, los ricos, los dirigentes gremiales, los curas? Sabrá Dios. En todo caso el temor generalizado es que Guarín no sea el último sino el primero.

TERRORISMO INTERNACIONAL
No menos grave que el nuevo fenómeno del "ojo por ojo" fue un hecho que pasó relativamente inadvertido la semana pasada: la dinamitada de la planta de cemento Ríoclaro por la Coordinadora Guerrillera. El asesinato político -no obstante lo aterrador-, se había convertido en el pan de cada día. El atentado a Ríoclaro, sin embargo, inaugura una nueva modalidad de terrorrismo hasta ahora desconocida en el país: el terrorismo industrial. En el pasado este tipo de acciones se había limitado a golpear los símbolos del "imperialismo" como oleoductos y otras instalaciones de las compañías petroleras con filiales multinacionales. El atentado de la semana pasada a la industria del cemento es, el primer caso en Colombia en que el blanco es un centro de producción nacional.
Durante el asalto los guerrilleros lanzaron consignas para justificar el atentado. Una de ellas era que las directivas de Ríoclaro están comprometidas en la financiación de grupos paramilitares. La otra, que había que paralizar la producción de cementos Ríoclaro para poder presionar las negociaciones laborales que se desarrollan actualmente en las demás empresas de cemento antioqueñas.
Lo exótico de estas dos justificaciones hace pensar que en el futuro cualquier cosa puede esperarse. En cuanto a la acusación de financiar grupos paramilitares, el gerente de la empresa Alvaro Londoño Restrepo dijo a SEMANA que "esa acusación" es absolutamente falsa. Los cementos nada tienen que ver con el orden público. Nosotros ni siquiera tenemos problemas con nuestro sindicato".
La segunda justificación es más peligrosa que absurda. Si la forma de negociar pliegos de peticiones es creando escasez a punta de dinamita se estaría llegando a la fórmula de Vito Corleone en la película "El Padrino": "Una oferta que no se podrá rechazar".
Como consecuencia de esta nueva táctica negociadora el 50% de la producción de cemento en Antioquia se encuentra paralizada. Puede tomar hasta seis meses la reconstrucción de la planta y su costo puede ser del orden de los 3 mil millones de pesos. Pero todo esto no incluye el costo social que es enorme. Si se tiene en cuenta que la planta de cemento abastecía el 70% de los requerimientos de la construcción de Medellín, su parálisis afectará notablemente este sector económico que había posibilitado una baja considerable del índice de desempleo. Por otro lado, ante los cálculos de escasez de cemento para fines de 1988 y principios de 1989, las consecuencias de este atentado son aún más graves, ya que Cementos Ríoclaro era la única planta que estaba en condiciones de aliviar este problema con el ensanche que se proponían emprender y que se verá retrasado varios meses.
Todo esto fue producido por un Comando de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar que se autodenomina "Insurgencia Comunera" y que en círculos de izquierda es considerada como la red urbana de las FARC. Su primera aparición en público fue, hace casi un mes, cuando hizo explotar una poderosa bomba en el Ministerio de Defensa.
El comunicado repartido durante la toma de la planta de Ríoclaro está escrito utilizando un lenguaje visiblemente más agresivo que el tradicional de la jerga guerrillera: "Nos diferenciamos porque frente al terror oficial no queda más que el terror revolucionario", afirman.
Y por si algún ingenuo no entendiera bien cuál es la diferencia, agregan a renglón seguido: "Que el pueblo tenga también sus propias listas, senale y ejecute a sus verdugos... Que la oligarquía no tenga paz ni reposo, que el odio del pueblo llegue a sus casas, sus propiedades, clubes lugares de diversión".
¿Hasta dónde puede llegar todo esto? ¿Qué industria se puede sentir segura ahora que su función social, incluyendo sus relaciones laborales, esté supeditada a la evaluación de "Insurgencia Comunera"? Y si crear escasez de cemento es un logro revolucionario ¿cuánto faltará para que la escasez de agua, energía o combustible entren en la misma categoría? Al igual que en el caso de Guarín el temor es que Ríoclaro no sea el último sino el primero.
El debut de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, la semana pasada, fue imponiendo nuevas reglas del juego. Lo grave de todo esto es que no se trata de la aparición de un nuevo movimiento ultrarradical sino de los principales interlocutores que hasta ahora habían tenido el gobierno en el proceso de paz. El grueso de la Coordinadora Guerrillera está conformado, ni más ni menos, por las FARC, organización considerada hasta hace pocas semanas como el ejemplo de la sensatez guerrillera, cuya reincorporación a la vida civil era la única carta que tenia el gobierno en el proceso de paz.
Ahora que las FARC a través de la Coordinadora le pusieron la firma a los atentados de Guarín y Ríoclaro queda por verse, cuál será la posición del gobierno que, hace apenas 3 semanas, le volvió a tender la mano, y le devolvió la legitimidad como interlocutor.





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