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| 4/6/1987 12:00:00 AM

TESOROS DE CARNE Y HUESO

Según la revista Life, 2 de los 7 tesoros más grandes de América están en Colombia.

En 1492 zarpó el primer cazador de tesoros rumbo a las Américas: Cristóbal Colón. Desde entonces, el mismo sueño ha atraido a millones al continente americano, por sobre desiertos y montañas, a través de selvas y bosques. Para algunos de ellos, la aventura trajo riquezas, éxito y poder. Para otros significó malaria, hambruna y destrucción.
A través de los siglos, el sueño ha continuado vivo. Y hoy la busqueda de tesoros se ha vuelto altamente tecnificada. Picos y palas han sido reemplazados por magnetómetros y vehículos de control remoto, como los utilizados para la exploración del Titanic. Pero sólo uno de los tesoros americanos, el del galeón español Atocha, ha podido ser rescatado, después de 16 años de investigaciones que arrojaron, por fin, la ubicación exacta de su naufragio, y con ello, del oro, la plata y las esmeraldas que se tragó el océano en el año de 1622. Los demás tesoros han eludido, hasta el momento, las insistentes pesquisas de los cazadores de fortunas. La última edición de la revista Life trae un recuento de las ubicaciones de los más famosos de estos tesoros, que SEMANA resume para sus lectores, no sin antes acoger el consejo de la publicación norteamericana: para todos aquellos que, después del siguiente artículo, resuelvan empacar sus palas y sus trajes de buceo, esta frase de Joseph Conrad: "No hay manera de escapar de un tesoro, una vez que este se ha afianzado en el cerebro".

EL TESORO MAS RICO
Las riquezas del Atocha son pocas, en comparación con las que se hundieron con el galeón español San José, a 16 millas de distancia de la costa y 740 pies de profundidad en el Caribe colombiano. En 1708, la embarcación zarpó de Panamá con barras de oro y plata, doblones, piezas de altar y joyas. A pesar de que su comandante, José Fernández de Santillán, estaba advertido de que el comodoro inglés Charles Wager controlaba el área, Fernández no reparó en la amenaza, con el argumento de que "el mar era ancho y las rutas diversas". El 8 de junio, los ingleses interceptaron el galeón, y esa misma noche fue hundido. Más de 600 hombres naufragaron con el tesoro. Su valor se calcula en mil millones de dólares, lo que hace que parezcan irrisorias las sumas que se han planeado invertir en su rescate: US$ 30 millones.

EL TESORO DE CALIFORNIA
En algún lugar cercano a Georgia o Carolina del Sur descansan dos y media toneladas de oro californiano. Quienes lo habían extraido zarparon de San Francisco, atravesaron el Istmo de Panamá y enrumbaron hacia el tramo final de su viaje, destino Nueva York. Pero dos días después de haber zarpado de La Habana, en 1857 el galeón "América Central" fue capturado por un huracán, que dejó la embarcación herida de muerte. Cuando el tiempo se calmó, mujeres y niños abordaron los botes salvavidas y sobrevivieron, pero 423 hombres perdíeron la vida, muchos como consecuencia de sus esfuerzos por salvar el producto de su "fiebre de oro". En la actualidad se cree que está localizado el sitio del naufragio, y se espera iniciar la labor de exploración en el término de dos años.

EL TESORO MAS LEGENDARIO
"Su cabello estaba cubierto de polvo de oro... a sus pies se colocó una gran cantidad de oro y esmeraldas... Y luego, el indígena arrojó estos tesoros a las profundidades de la laguna". Esta era la ceremonia de coronación de los indígenas muiscas, según descripción del nieto del último jefe muisca a comienzos del siglo XVII.
Los europeos han intentado, durante 400 años, extraer aquello que los indios arrojaban a la laguna de Guatavita. En 1911, una compañía británica construyó un túnel que secó la laguna como si se tratara de un lavamanos al que se le ha retirado el tapón. Pero quedó al descubierto mucho barro. Y mientras los británicos intentaban manejar el problema, el sol solidificó el barro, convirtiéndolo en ladrillo. Para el momento en el que los europeos retornaron con los equipos de excavación, el túnel se había bloqueado, y la laguna se llenó nuevamente. Desde 1974, la laguna de Guatavita está bajo la estricta protección del gobierno colombiano, y cualesquiera que sean los tesoros que contenga, reposan tranquila y por ahora indefinidamente en sus profundidades.

EL TESORO DE LAS CARABELAS
Ningún escolar ignora el nombre de quien zarpó rumbo a América en 1492, ni el de las tres embarcaciones que utilizó en su expedición. Pero es menos probable que sepan los nombres de las 27 carabelas que Colón comando en sus viajes subsiguientes en 1493,1498 y 1502. Hoy, los investigadores creen que los restos de cinco de ellas reposan en algún lugar del Caribe. Y a pesar de que no contienen fortunas exorbitantes, constituyen un multimillonario premio histórico. En los alrededores de Haití ha comenzado a buscarse la Santa María, y en los de Jamaica, los veleros Capitana y Santiago, del cuarto viaje de Colón. Hay grandes esperanzas de que alguna de las carabelas del descubridor de América pueda hallarse a tiempo, para celebrar los 500 años de su primer viaje.

EL TESORO MAS ESQUIVO
La deshabitada isla de Cocos, que aparentemente sirvió de inspiradora del clásico de Stevenson "La isla del tesoro", está entre los lugares más explorados del planeta. En los tres últimos siglos, cerca de 450 expediciones han arribado a sus costas para excavar en busca de doblones de oro. Pero nunca ha habido éxito.
Cocos, a 300 millas de Costa Rica, era un punto obligado para los bucaneros del siglo XVII. Se dice que en esta isla están enterrados seis tesoros diferentes, pero el botín que más ha atraído a los exploradores tiene que ver con la legendaria riqueza de Lima, Perú. La leyenda dice que en 1820, algunos magnates españoles de Lima se "volaron" en la goleta Mary Dear con candelabros, lingotes de plata y una estatua en oro, tamaño natural, de la Virgen María. Pero el capitán escocés de la embarcación asesinó a los nobles y escondió el tesoro en una cueva de Cocos. El capitán murió en 1844, antes de que hubiera podido rescatar el botín. Pero como en cualquier historia de tesoros que se respete, alcanzó a garabatear un mapa, con la ubicación de la isla, mientras agonizaba.
El mapa, o algo que se supuso una copia de él, inspiró exploraciones en Cocos hasta mediados del siglo XX. En 1978, el gobierno de Costa Rica, alegando daños ecológicos como consecuencia de las excavaciones, las prohibió. Pero las autoridades costarricenses no han podido esconder la ubicación de los tesoros de Cocos: latitud 5° 32' 57" norte; y longitud 88° 02' 10" oeste.

EL TESORO MAS PELIGROSO
En algún punto de las Montañas de la Superstición, no lejos de una formación rocosa llamada la Aguja del Tejedor, la "Mina del holandés" está a la espera de que alguien la reclame. Desde finales de la década de los cuarenta, cuando Miguel Peralta detectó el rastro de una rica veta de oro, muchos han intentado localizar la mina y han perdido la vida en el intento. Los mineros de Peralta fueron masacrados por los apaches. Jacobo "El Holandés" Waltz, un explorador alemán, encontró la mina. Su socio, y otros dos que conocieron su localización, fueron asesinados. Desde ese momento, Waltz comenzó a desaparecer periódicamente en las montañas durante días, para retornar poco después a Phoenix con sacos de oro de muy alto grado de pureza.
Según se dice, antes de morir de neumonía en 1981, "El Holandés" dejó dibujado un mapa. En 1931, Adolph Ruth, con el mapa en la mano, enrumbó hacia las montañas. Su cráneo, con dos agujeros de bala, fue encontrado seis meses más tarde. En 1959, tres hombres más fueron asesinados, aparentemente después de una riña en las cercanías de la Aguja del Tejedor.
Pero nada detiene a los exploradores. Con temperaturas de verano de 110°, lo mejor es escalar aquellas montañas entre los meses de octubre y mayo. Aunque siempre es recomendable tener ojo avisor sobre extraños que porten armas. Usted puede ser la próxima víctima de la leyenda de la Aguja del Tejedor.

EL TESORO MAS SEGURO
Cuando Tom Sawyer le dijo a Huck Finn que con frecuencia los tesoros estaban enterrados "en cofres podridos bajo la punta de la rama más larga de un árbol muerto exactamente en el lugar donde la sombra cae a la medianoche", muy bien habría podido estar describiendo el Pozo del Dinero. En octubre de 1875, tres jóvenes leñadores llegaron a una pequeña isla de Nueva Escocia. En ella, conocida como la Isla del Roble (la leyenda local sostenia que era "la guarida norteña del diablo"), divisaron un gigantesco roble con una rama aserrada. Bajo el muñón, la tierra estaba removida, como si algo hubiera sido enterrado en ese lugar. Los hombres comenzaron a cavar. Diez pies abajo tropezaron con una plataforma de roble. Veinte pies más abajo tropezaron con otra. Durante siete años cavaron, y cada diez pies encontraron alguna obstrucción. A los cien pies, el pozo súbitamente se inundó con agua de mar, que subió 60 pies.
Desde entonces, US$ 3 millones han sido gastados en 15 intentos de excavación, y seis personas han perdido la vida en el propósito de llegar al fondo del Pozo del Dinero. (La leyenda dice que deben perecer siete antes de que el pozo descubra su secreto). ¿Qué hay allá abajo? Las teorías incluyen tesoros como las joyas de María Antonieta, un banco pirata, el producido de un saqueo a los incas, e incluso escritos de Francis Bacon que probarían que fue el autor de todas las obras de Shakespeare.
En 1972, un equipo de exploradores logró descender por el Pozo del Dinero, y a 230 pies una cámara submarina fotografió lo que parecieron ser unos cofres y una mano humana. Tom Sawyer, desde luego, pudo haberlos alertado: "Cuando entierran un tesoro debajo de un árbol -le dijo a Huck- casi siempre ponen un muerto, para que cuide de el".
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