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| 10/9/1989 12:00:00 AM

THE ECONOMIST

El último editorial de la prestigiosa revista británica analiza el fracaso de la guerra contra las drogas y plantea la necesidad de explorar otros caminos. Por considerarlo de interes para sus lectores, SEMANA reproduce el editorial mencionado.

THE ECONOMIST THE ECONOMIST
Con dos siglos de prosperidad y una democracia estable por detrás, el gobierno de Estados Unidos no ha podido dominar la maldición de las drogas y del crimen organizado. Colombia, una pobre aprendiz de democracia con una horrenda historia de violencia, tiene mejores excusas para su más abyecto fracaso. Ahora ambas, por distintas vias, están fallando por la misma razón: lo que están tratando de hacer no es posible que tenga éxito. La represión, aunque vigorosa, no puede ganar la guerra contra las drogas. Es hora de intentar un mejor camino.
Nadie puede acusar al gobierno colombiano de cobardia. En el último mes los narcotraficantes asesinaron a mas de sus archienemigos, los jueces honestos del pais policias y politicos que abrian esperanzas. El presidente Virgilio Barco desplegó los poderes que le da el Estado de emergencia y bajo el cual ha vivido el pais durante 30 años, para ordenar el arresto arbitrario de 11.000 personas, el decomiso de millonarias propiedades y la extradición sumaria de personas con procesos abiertos por narcotrafico en Estados Unidos. Pero los grandes pájaros, alertados por los informadores corruptos de los servicios de inteligencia del gobierno, se volaron.
La mayoria de los capturados tendrán que ser liberados y gran parte de las propiedades decomisadas tendrán que ser devueltas por falta de pruebas. De las 89 personas cuya extradición Estados Unidos busca más apremiantemente, sólo un simple contador espera el vuelo hacia el norte. Los grandes capos ordenaron a sus secuaces poner bombas en algunos bancos y edificios oficiales, para luego huir por las fronteras hacia bien adecuados refugios y hacia las filiales de los bancos en Panamá donde su dinero reposa seguro. Los traficantes de cocaina son los hombres de negocios más ricos del mundo. Aparte de las ganancias libres de impuestos que se gastan, superan en numero de hombres y de armas a las fuerzas que luchan contra las drogas en los Estados pobres, y también hacen mella a la paz civil y a la dignidad de la nación más rica del planeta.
El presidente Bush ha respondido con prontitud a la declaratoria de guerra del presidente Barco. Se recurrira a las reservas del Pentágono, para mandar helicópteros, armas pequeñas y otro tipo de armamento. Este apoyo fue inusualmente rápido y bien calculado; y fue seguido por promesas de más generosa ayuda económica. Atacar a los expendedores extranjeros de droga encaja bien con la nueva politica doméstica que el presidente y su zar de las drogas, William Bennett, anunciaron. Los norteamericanos desean una respuesta a los combates entre las bandas de drogas en las ciudades y al envenenamiento de su juventud, de sus mujeres y de sus niños aun sin nacer. La nueva ofensiva promete ser más completa y con mayores recursos que los dispersos intentos del pasado. Pero tiene menos posibilidades de éxito de las que afanosamente espera el presidente Barco con su campaña. Para entender por que, los norteamericanos sólo necesitan mirar un poco hacia el pasado en el marco de una historia no muy distante.
Entre 1920 y 1933, los ciudadanos norteamericanos tenian prohibido comprar o vender su droga favorita, el alcohol. Los camiones de cerveza y las destiladoras de whisky continuaban surgiendo, y creando lo que en aquel entonces eran las organizaciones criminales más rentables del mundo. Ahora el genero humano ha desarrollado un apetito aun más poderoso por las drogas que ha intentado dominar con una prohibición más amplia, pero igualmente infructuosa.
Las drogas son malas para la gente. Pero la demanda crea el abastecimiento, a pesar de la panoplia de convenciones internacionales y de leyes nacionales cuyo principal efecto es el de crear aun mayores ganancias para quienes trafican con drogas. Los exportadores de droga de Latinoamérica -y del Libano, Pakistán, del "triángulo de oro" Burma-Tailandia y el resto -sobornan o aterrorizan a los gobiernos y desafian los regimenes aun no corruptos, al igual que hacen las mafias de Norteamérica con las directrices de Washington.

LA PROHIBICION NO FUNCIONA
Mientras la gente gaste dinero en la droga, por arriesgada aventura que esto significa, la prohibición no podrá funcionar. Convierte un asunto de eleccion personal y de salud en una crisis de criminalidad. Los gobiernos protegen a los bebedores mediante controles de calidad, impuestos y licencias, que tienden a alejar la demanda de los bebedores por las más destructivas formas de embriagarse. Para los fumadores, los gobiernos insisten en las advertencias de que es nocivo para la salud. Para proteger a la gente contra el daño que pueden causar lo malos alimentos o las drogas terapéuticas, ellos prueban y miden los efectos de estos productos. Las drogas ilegales solamente las prohiben, y mientras fracasan en el intento de aplicar esa prohibición, no ejercen el poder para regular el comercio.
La prohibición, y su inevitable fracaso, hacen mas criminal un mal negocio, más rentable y más peligroso para sus clientes de lo necesario. Eliminar la prohibición, y remplazarla por una regulación especifica, puede ciertamente exponer a más gente para que se arriesgue a experimentar con las drogas. Ese peligro es real -aun si la experiencia demuestra que relativamente poca gente es lo suficientemente estupida para ir más alla de esos experimentos.
Pero el fracaso de la prohibición es aun más peligroso tanto para los consumidores de droga como para las sociedades corrompidas, subvertidas y aterrorizadas por las bandas de narcotraficantes. El tráfico esta prohibido por las leyes nacionales y las convenciones internacionales.
Revocarlas, remplazarlas por control, impuestos y desestimulo. Hasta que esto no se haga, la carniceria en Estados Unidos y la destrucción de Colombia continuaran. El siguiente turno es para Europa.

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