Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/15/1995 12:00:00 AM

TIEMPOS VIOLENTOS

La investigación de la masacre de Aguachica toma un nuevo giro al ser vinculado un oficial del Ejército con paramiIitares de la zona.

EN LA MADRUGADA DEL 15 de enero pasado 40 hombres fuertemente armados irrumpieron en el caserío de Puerto Patiño, corregimiento de Aguachica, sur del Cesar. Llegaron hasta las cantinas La Guapachosa y El Charco y obligaron a tenderse en el piso a los hombres y mujeres que a esa hora se divertían escuchando música vallenata. Con lista en mano, como si fueran profesores de un colegio, llamaron a Jesús Ropero, John Beltrán, Libardo Montalvo, Miguel Angel Cáceres, Fernando López, Giovanni Guzmán, Lorenzo Padilla, José Trinidad Galván y Luis Alberto Reyes, a quienes separaron del resto del grupo. A todos ellos los subieron a unas camionetas que habían dejado estacionadas en la entrada de los bares y luego huyeron hacia la montaña.
"Los tipos tenían armas de corto y largo alcance y estaban vestidos unos de civil y otros con vestimenta militar. Varios de ellos tenían cubierta la cara con pasamontañas y llegaron al pueblo en camionetas, algunas de las cuales dejaron a la entrada del pueblo", declaró un testigo ante las autoridades judiciales.
En las primeras horas de la mañana del sábado aparecieron los cadáveres de Giovanni Guzmán y Lorenzo Padilla en predios de la finca Viuda Blanca; horas más tarde fueron rescatados los cuerpos de otras personas secuestradas en las cantinas, menos el de José Trinidad Galván, quien aún sigue desaparecido. Luis Alberto Reyes fue el único de los secuestrados que apareció con vida.
Desde un comienzo los habitantes de Puerto Patiño se refirieron a los autores de la matanza como miembros de los llamados grupos de justicia privada o paramilitares por la forma como actuaron esa noche y la manera como indagaron y asesinaron a las personas que se llevaron. Pero, de acuerdo con las autoridades, la razón más poderosa para pensar que la matanza fue realizada por paramilitares, en complicidad con altos mandos militares que operaban en la zona, es el hecho de que las víctimas, en su mayoría, eran personas vinculadas con grupos subversivos y que, inclusive, había entre ellos "miembros activos de algunas células o eran simplemente colaboradores en calidad de pescadores, que prestaban sus lanchas o daban comida y hospedaje provisional a los guerrilleros", dijo a SEMANA una de las personas vinculadas a la investigación.
Con base en informes presentados por los organismos de seguridad del Estado, así como testimonios de los habitantes de Puerto Patiño, de familiares de las víctimas y de funcionarios del gobierno departamental y municipal, la Fiscalía Regional con sede en Barranquilla dictó medida de aseguramiento y ordenó la detención preventiva del mayor del Ejército Jorge Alberto Lázaro Vergel, comandante de la base militar de Aguasclaras, responsable de la seguridad y el orden público en la jurisdicción de Aguachica. De acuerdo con la Fiscalía Regional, "se aportaron indicios sobre su participación en los hechos investigados en calidad de patrocinador del grupo paramilitar que presuntamente llevó a cabo la masacre". El oficial, quien se encuentra detenido en las instalaciones de la V Brigada del Ejército, ha negado los cargos efectuados por la Fiscalía y desmentido su presunta participación en la matanza.
No obstante, la matanza de Puerto Patiño y la vinculación de un alto oficial del Ejército con grupos paramilitares sólo viene a reflejar la compleja situación de violencia que ha alcanzado el sur del Cesar, una de las zonas más productivas del departamento. "La violencia del sur del Cesar es similar a su riqueza. Así como hay guerrilla hay paramilitares. Y hay, sobre todo, corrupción. La muerte del director del Hospital de Aguachica, cirujano José David Padilla, y la amenaza a sus colegas tiene más que ver con el coraje que tuvo para denunciar a los corruptos que con la intimidación por parte de frentes guerrilleros", dijo a SEMANA un funcionario de la administracion municipal.
Pero, quizás, quien mejor define la situación de la zona es el general Manuel José Bonett, comandante de la II División del Ejército: "El problema del sur del Cesar no es militar, sino social. Es el problema de una desocupación galopante, de falta de incentivos para cultivar la tierra, de escuelas para los estudiantes y de necesidades básicas insatisfechas. Ese es el verdadero problema".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.