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| 11/18/2014 12:00:00 AM

¿Tienen las FARC un control absoluto sobre sus frentes?

En apariencia, los más sorprendidos con el secuestro del general Alzate ha sido la propia cúpula de las FARC en La Habana. Análisis de Semana.com.

El secuestro del general Rubén Darío Alzate, que produjo la suspensión del proceso de paz que se desarrolla en La Habana, puso en evidencia una inquietante pregunta: ¿Tienen las FARC un control absoluto sobre sus frentes? El interrogante, que de paso sirve para vislumbrar lo que sería el posconflicto tras la firma de un acuerdo, surgió a raíz de las dubitativas respuestas de los comandantes de esta guerrilla en la isla.

A las 9:00 a. m. de este martes hizo su aparición 'Pastor Alape', jefe del bloque del Magdalena Medio y miembro del Secretariado de las FARC: “Aún no tenemos información en concreto sobre ese tema, que ha sido el factor para que el presidente haya tomado la decisión unilateral de suspender los diálogos”. 'Alape', cuyo nombre real es Félix Antonio Muñoz Lascarro, confesó que esta decisión del Gobierno los “tomó por sorpresa”. Entonces se limitó a pedir comprensión a los periodistas para obtener más datos de lo que había ocurrido. Dijo que en dos horas volverían a hablar.

Antes de que se cumpliera este tiempo, el bloque 'Iván Ríos' divulgó un comunicado en el que aceptaba el plagio del oficial. A las 11:00 a. m., de nuevo en el hall del Hotel Palco, en donde habitualmente se realizan las ruedas de prensa, tomó la vocería 'Pablo Catatumbo', uno de los pesos pesados en esta organización insurrecta, para también decir que “este era un hecho extraordinario” que había que “solucionar” para que las conversaciones siguieran su curso. “Está delegación de paz tiene la disposición a contribuir a una pronta y sensata solución a este problema”.

El tono y las palabras de 'Catatumbo', Jorge Torres Victoria, reflejaban casi un desconocimiento de lo que están haciendo los hombres bajo su mando en Chocó. Era evidente que el equipo negociador de las FARC en La Habana, que flanqueaba en su totalidad a Catatumbo, estaba más listo este martes para el inicio de un nuevo ciclo de conversaciones con sus pares del Gobierno que para responder por la integridad física de un general en su poder.

¿Por qué lo secuestraron? Es la pregunta que se hace Miguel Ángel Bastenier en las páginas editoriales de El País de España. El autor responde: Santos sabe perfectamente que las FARC estaban en su “derecho” de ir secuestrando por ahí, puesto que no hay tregua y en todo momento se ha hecho constar en Bogotá y donde quiera que la guerrilla more que las hostilidades proseguían y que hasta que todo estuviera firmado nada estaría acordado. Pero no es menos cierto que el secuestro no sirve a mayor propósito que el de hinchar las velas del uribismo, el sentimiento de que se guarnece el expresidente Álvaro Uribe, ferozmente contrario a la paz por la vía de La Habana.

¿Han enloquecido las FARC? ¿Se percatan de que hechos como el presente sólo favorecen a su máximo enemigo, el formidable y anterior mandatario?

De ahí -añade en su análisis Bastenier- se sucede una serie de hipótesis, a cual más verosímil, es decir, que todas pueden ser verdad al mismo tiempo. La primera es que no hay una verdadera voluntad de paz entre los insurrectos, que negocian porque eso les da, o así pueden creerlo, un plus de legitimidad ante la comunidad internacional; o, lo que es casi lo mismo, que sólo quieren una paz a su imagen y semejanza, por ello totalmente inviable, que pasaría por una negociación especialmente prolongada para probar a la opinión que Colombia es lo único importante.

La segunda sería que los frentes tienen en la práctica una indisciplinada autonomía, incontrolable desde La Habana, y que los primeros y desagradablemente sorprendidos por el secuestro han sido los líderes guerrilleros en la capital cubana. La presidencia ha dicho repetidamente que las FARC se manejan con arreglo a algún tipo de centralismo democrático y si así fuera, los mismos cimientos de la negociación sufrirían hoy un fuerte seísmo porque el estado mayor guerrillero no dominaría la situación sobre el terreno. Y, por último, una combinación de todo lo anterior: unos jefes son partidarios de una paz así o asá, mientras que otros no la quieren y todos los matices del error se reproducen sobre el terreno.

La cúpula de las FARC en La Habana podría alegar que ellos sí tienen el control de toda la tropa. En este escenario también quedan en una situación difícil de resolver: ¿Por qué, por ejemplo, no haber aprovechado la rueda de prensa para ordenar que el frente Iván Ríos suelte de inmediato al general, la civil y el soldado, como un gesto de paz exigido no sólo por Santos sino por el país al unísono para que el proceso siga su curso? ¿Por qué no recordarle a la guerrillerada que nunca jamás deben volver a secuestrar personas desarmadas, así se trate de un general, porque se viola el Derecho Internacional Humanitario)? O una exigencia más sencilla: ordenarles a todos sus combatientes no volver a sembrar con minas quiebrapatas los patios de recreo de las humildes escuelas, como ocurrió hace unos días en Cauca.

La situación es de enorme trascendencia porque es posible que en pocos días amaine esta fuerte tormenta, pero si se quiere una paz duradera, los mandos de las FARC deben dejar constancia desde ya que su línea de pensamiento y las decisiones que toman en la isla se deben acatar al pie de la letra a lo largo y ancho de Colombia.
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