27 agosto 2013

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‘Tin-Tin’, el niño que impone el terror en Quibdó

NACIÓN Un menor de escasos 15 años encarna el deterioro de la seguridad en la capital chocoana.

‘Tin-Tin’, el niño que impone el terror en Quibdó. El menor está asociado al mayor número de extorsiones y a un buen número de homicidios, dice una fuente que investiga la seguridad en esta ciudad.

El menor está asociado al mayor número de extorsiones y a un buen número de homicidios, dice una fuente que investiga la seguridad en esta ciudad.

Foto: SEMANA.

Le dicen ‘Tin-Tin’. Por su edad, 15 años, podría inspirar ternura o al menos consideración, aunque en realidad lo que provoca es temor. Usa sendos aretes como le gustan al cantante Justin Bieber, pero no es un capricho de adolescente, sino la marca de su banda.

Tez negra, cejas gruesas, ojos negros y boca amplia. Con estos rasgos se podría confundir entre cualquiera de los muchachos de Quibdó, pero la cicatriz que le atraviesa la frente lo delata: ¿Una cuchillada? ¿Una herida con un vidrio? Las respuestas varían según quien suministre el testimonio. En lo que sí hay coincidencia es en que ese niño es el mismo “diablo”.

Nadie sabe por qué tanta maldad. Algunos dicen que tiene más muertos encima que las mismas cuentas del rosario de su abuela. Con semejante prontuario, no hay duda de que ‘Tin-Tin’ simboliza el deterioro de la seguridad en el departamento de Chocó, que hasta hace muy poco tiempo era un oasis en las estadísticas de criminalidad del resto del país.

El menor está asociado al mayor número de extorsiones y a un buen número de homicidios, dice una fuente que investiga la seguridad en esta ciudad. Por eso, en Quibdó muchos le temen y entre la población, especialmente entre la juventud, se ha convertido en el terror.

El jueves anterior, un día antes de la llegada del presidente Juan Manuel Santos para dar inicio al encuentro de negritudes, las autoridades lo capturaron. La noticia se regó como pólvora. ¿Qué hizo ahora?, se preguntaban unos. ¿Cómo lo cogieron?, apuntaban los otros. Su detención se produjo por un hecho probado: extorsionaba a un ciudadano. Todos respiraron aliviados, pues aunque se le veía diariamente en esas actividades, nadie se atrevía a denunciarlo.

El domingo anterior, después de su captura, ‘Tin-Tin’ prácticamente secuestró a los guardias del centro de reclusión donde espera ser trasladado a algún lugar del país. Según se supo, pidió que le autorizaran una visita conyugal y al no obtener respuesta, alteró el orden en ese lugar.

El fenómeno delincuencial

En efecto, los problemas del orden público, en especial en la capital chocoana y en sus alrededores, tienen alarmados a propios y extraños. El más reciente caso es el repudiable secuestro del exalcalde y exgobernador Patrocinio Sánchez Montes de Oca, cuando el domingo anterior regresaba de una finca a media hora de Quibdó en el corregimiento de Samurindó.

Hasta ahora no se sabe quiénes son los responsables. El hecho ha tenido un eco enorme no sólo por tratarse de quién es, sino porque se produjo en el momento en que en la ciudad se realizaba un gran encuentro nacional de negritudes.

Sánchez es miembro de una de las familias que por años han ostentado el poder político regional. Su hermano Odín fue congresista y terminó condenado por la parapolítica, su hermana Astrid Sánchez es actual senadora de La U.

Indicadores empeoran


Pero este hecho es un eslabón más en una cadena interminable. Los homicidios con arma blanca y arma de fuego superan 76 este año, según estadísticas de Medicina Legal, una cifra similar a la del año pasado y muy superior a la del 2011.

A los homicidios se suman el hurto callejero, las lesiones personales y las extorsiones. En el 2012, entre enero y agosto se presentaron 633, mientras que este año la cifra va en 502, según cifras de la Policía. Si bien los números tienden a la baja, deben mirarse con reserva porque la mayoría de los casos no son denunciados, según explican las autoridades gubernamentales.

En las calles de la ciudad, como nunca se había visto, roban a plena luz del día celulares y carteras sin que nadie pueda hacer algo. “Aquí uno ya tiene cuidado de salir en la noche. Y en el día te roban el celular si te descuidas o te muestran una puñaleta para que entregues tu cartera. La Policía no hace nada”, dijeron a Semana.com varios ciudadanos que pidieron mantener sus nombres en reserva.

Semana.com quiso conocer la opinión del comandante de la Policía en ese departamento, coronel Jesús Edison Paredes, pero no respondió a las decenas de llamadas que se le hicieron.

Estos fenómenos delincuenciales, dicen los analistas, corresponden al crecimiento de las bandas en algunos barrios de Quibdó como La Aurora, Las Margaritas y El Bosque, entre otros, donde literalmente mandan los combos, un tema que era exclusivo de las grandes ciudades. “Aquí hasta existen las denominadas zonas invisibles donde un combo no puede pasar a otro sector”, dice la alcaldesa Zulia Mena.

Se llaman Los Carritos, y otras asociadas a las temibles organizaciones como los ‘Rastrojos’ y los ‘Urabeños’ y, lo más insólito: la banda de ‘Tin-Tin’, el quinceañero.

Entretanto, la batalla contra la inseguridad continúa. Las autoridades, a las que muchas veces culpan de hacer poco por lo que en Quibdó sucede, tienen un punto menos a su favor: las 30 cámaras de seguridad con las que podrían obtener imágenes para judicializar a los delincuentes que, aseguran, no sirven para nada.

La administración municipal hizo esfuerzos ante el gobierno nacional y hoy esas cámaras y otras 30 entrarían en funcionamiento. Nadie sabe cuándo, pero la alcaldesa Zulia Mena, en diálogo con Semana.com, advirtió que muy pronto estarán listas.

La alcaldesa asegura que de los 114.000 habitantes que hay en Quibdó, cerca de 14.000 son víctimas de la violencia y que el desempleo, que su administración se ha empeñado en atacar, ha hecho que aparezcan jóvenes en el mundo criminal. Dice además que el microtráfico de droga es otro elemento que hace que este fenómeno delincuencial persista.

Zulia asegura que su administración no descansará en poner en marcha planes de convivencia e inversiones en obras y en el sector educativo que podrían impactar en fenómenos como el desempleo y la falta de educación. “No sólo se debe aplicar la ley, sino también hacer obras de prevención para fortalecer a las familias. Además de la dotación de cámaras, ya tenemos los planes para la construcción de estaciones de policía en varios sitios de Quibdó. Además le hemos pedido a las autoridades que refuercen su inteligencia porque aquí muchos no quieren denunciar”.

A todo esto se suma la tragedia institucional de la Justicia. En Quibdó existen una sola Fiscalía de Vida y una Fiscalía especializada. En esta última se llevan casos de connotación como secuestros, desplazamientos, terrorismo y masacres, entre otros. La unidad de Vida, por ejemplo, lleva cerca de 700 procesos judiciales de los municipios Quibdó, Yuto, Lloró, Bagadó, Bojayá, Nuquí y Carmen de Atrato.

Esos despachos, aunque han adelantado imputaciones que han terminado en condenas, lo cierto es que se requiere más personal. Pero además sólo hay tres juzgados que terminan por conocer los procesos y no dan abasto.

Así transcurre por estos días Quibdó, una ciudad donde la gente se moría de viejo y que ahora ve cómo el tema de orden público se suma a la pobreza y a la corrupción que, históricamente, han agobiado a la región. Entretanto, un menor de edad, de cicatriz en la frente, de aretes, espera ansioso su traslado a una cárcel de menores. En donde está momentáneamente recluido todos le temen. Su nombre: ‘Tin-Tin’.
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