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| 2/15/1999 12:00:00 AM

TIROFIJO SE DESTAPA

Por primera vez el jefe de las Farc habla sobre el canje y el proceso de paz.

La periodista Mariela Guerrero, directora de investigaciones de la revista Alternativa,
realizó para SEMANA una entrevista exclusiva con Manuel Marulanda Vélez, 'Tirofijo', el máximo jefe
de las Farc y uno de los hombres más asediados por la prensa nacional e internacional en los últimos
días.
SEMANA: Esta semana se realiza una reunión, dirigida por usted, para hablar del canje. ¿Ese es el
tema esencial para las Farc?
Manuel Marulanda Velez: Del canje de prisioneros podemos dar una breve explicación. Aquí hay
una confrontación interna y no de ahora sino de muchos años. En toda acción, en la toma de un
caserío, de una inspección, de lo que sea, se han producido capturas de soldados. Nosotros tenemos
cómo demostrar que desde hace muchos años hemos venido capturando policías, soldados y siempre
que los capturábamos, conversábamos con ellos y posteriormente les decíamos, váyanse y se
presentan a la policía. Pero nosotros hemos llegado a tal grado que estamos en condiciones de tener
a los capturados y tenerlos en buenas condiciones.
SEMANA: ¿Qué es lo que ustedes plantean al respecto?
M.M.V.: Como en este país no hay una ley que hable del canje, porque se trata de una lucha interna,
decimos que el Parlamento haga un estudio, un análisis para que apruebe una ley que se llamará de
canje, con dos fines: que si no logramos una solución política a través de los diálogos, entonces nos
quede el camino abierto porque la confrontación continuará. Y al continuar van a seguir dándose
capturas de soldados, es apenas natural. Entonces tiene que abrirse un camino para ambas partes:
para los que ellos capturan y para los que nosotros capturamos. Porque no pueden estar los unos
30 años prisioneros allá y los otros 30 años prisioneros acá. Tiene que definirse esa situación entre
ambos bandos a través de una ley de la República.
SEMANA: ¿Por qué la salida tiene que ser una ley?
M.M.V.: A nosotros nos han dicho: si quieren hacemos un intercambio. Pero nosotros queremos
una ley. Nos conviene que sea una ley porque no sabemos... Hablan de la paz, pero quién nos
garantiza que con la instalación de la mesa y con cuatro o cinco conversaciones en tres meses ya se
vea la paz, para entonces entregar a los unos y entregar a los otros. No. Hagamos una ley
independiente de la mesa de conversaciones. Y en eso llevamos como cuatro o cinco reuniones.
SEMANA: ¿Qué va a pasar en la reunión de esta semana?
M.M.V.: Vamos a comenzar a ultimar detalles de si va a haber la ley o no la va a haber. Ya nos dijeron
que la ley la va a estudiar el Parlamento. Hay unos parlamentarios que la van a presentar al
Congreso para que se convierta en ley.
SEMANA: ¿Mientras tanto que va a pasar con los soldados?
M.M.V.: Estamos en condiciones de tenerlos el tiempo que sea, y ya tenemos bastanticos.
Tenemos como unos 300 y pico, que siempre es un buen número. Eso hace que nosotros
planteemos la ley. Puede ser que no sea ahora en enero o febrero. Tiene que ser cuando se reabran
de nuevo las sesiones del Parlamento, que es el que se tiene que ocupar de eso.
SEMANA: ¿Y si jurídicamente no se puede?
M.M.V.: Lo que queremos es que regulen la ley para poder abrir ese capítulo. Si no tienen
instrumentos, entonces háganlos. Mientras tanto nosotros seguimos con los soldados hasta que se dé
la ley.
SEMANA: ¿Y qué pasa si se demora el proceso?
M.M.V.: Ya les hemos dicho: miren, entre más nos demoremos para que la hagan y la conviertan en
algo importante, seguramente los detenidos van a ser más. Ellos cada rato se llevan ocho, 10 civiles y
dicen: "cogimos a 20 guerrilleros y entre esos a un comandante muy importante". Y en otra región se
llevan 15 ó 20. Vuelven y dicen: "hemos capturado 30 guerrilleros muy importantes, sindicados de todo
lo que ha pasado en este país". Y es la población civil la que se llevan. Guerrilleros tienen muy
poquitos.
SEMANA: ¿Cuántos?
M.M.V.: Guerrilleros nuestros no pasan de 100. Les pasamos lista desde oficiales, suboficiales
y de ahí para abajo. La idea es que llegado el momento el gobierno ponga de un lado los 100
guerrilleros que nos tiene y nosotros los soldados del otro.
SEMANA: Pero en la lista que ustedes pasaron hay como 500...
M.M.V.: Los demás están siendo juzgados como guerrilleros porque hay una ley que acabó con el
delito político y lo convirtió en delito común.
SEMANA: ¿Y por qué incluyeron a Caraballo en sus listas?
M.M.V.: Porque lo conocemos, y sabemos que es una persona honesta y tiene influencia de
masas, entonces amerita que se venga para acá.
SEMANA: Pasando al tema de los diálogos, ¿cuál fue la verdadera razón para no asistir a la reunión
con el presidente Pastrana?
M.M.V.: Unos agentes de los mandos militares fueron enviados a hacer un reconocimiento del
terreno y a buscar sitios adecuados para instalar francotiradores. Habían elegido algunas partes
altas, los lados de la iglesia, frente a la plaza. Estuvieron muy desafortunados porque alguien de
ellos nos informó: se está preparando esto. Nos mostraron en detalle, incluso con mapas, cómo
estaba diseñado el plan. Que si nos podían 'bajar' a Pastrana y a mí no habría ningún problema. Que
eso lo resolvían ellos.
SEMANA: ¿Cree usted que alguien lo habría podido matar en San Vicente, rodeado de miles de sus
hombres?
M.M.V.: Siempre es bueno cuidarse un poquito, porque uno no sabe. De pronto pueden organizar un
pistolero para que haga la acción a nombre de Carlos Castaño. Porque en medio de la población es
muy difícil detectar quién es el pistolero. Muy difícil saber quién está ganándose un sueldo y dispuesto
a morirse también. Entonces es mejor como prevenir.
SEMANA: ¿Estaba convencido de que lo iban a matar?
M.M.V.: Lo hicieron con Pizarro, con liberales, con Guadalupe Salcedo, con Oscar William Calvo,
Toledo Plata y otra gente. Entonces uno no lo pone mucho en duda.
SEMANA: ¿Y por qué no se cambió el sitio de la reunión?
M.M.V.: Nos dio así como un poco de maluquera hacerle la invitación a que viniera hasta este
lugar, sabiendo que él ya estaba programado para San Vicente. No sabemos si lo hubiera hecho o no,
porque esto no hace parte de su escenario, ni tenía su guardia.
SEMANA: ¿Cuándo empieza a hablarse sobre lo sustancial en las mesas de diálogo?
M.M.V.: En este momento lo que hay que tener claro es que se abrió un frente político para buscar
soluciones a la crisis social. Sobre esa base vamos a trabajar. Dialogamos, conversamos,
hablamos y vemos a ver qué sale en la mesa. Y si no sale nada, no nos ponemos de acuerdo,
seguramente ese capítulo se cerrará. En cuanto a los tres meses: consideramos que los tres meses
que pusimos era tiempo más que prudente para comprobar si en realidad se van a concertar algunas
cosas. Porque, después de reglamentar lo que se llama la agenda de trabajo (cómo va a ser, quiénes
van a participar, de qué manera va a ser esa participación) le entramos a los 10 puntos. Pero antes
es la elaboración de la agenda y la participación del pueblo.
SEMANA: ¿No se supone que la negociación es entre la insurgencia y el gobierno?
M.M.V.: Los gobiernos anteriores y este mismo han querido que se haga entre las dos partes:
insurgencia y gobierno. Y que nadie más sepa de qué estamos hablando. Nosotros queremos discutir
de cara al pueblo.
SEMANA: ¿Cómo?
M.M.V.: Que en la mesa estén representados los partidos, los poderes, la sociedad civil y todos
los interesados en encontrar una salida política al conflicto. Eso es lo que hemos dicho. Son los
obreros los que tienen que decir cuál es su problema y cómo creen que se pueda solucionar. Y como
ellos, otros. El campesinado y el problema de la tierra. Los estudiantes deben estar representados
porque ellos sí saben cómo es el problema que tienen y cómo hay que solucionarlo. Y así con todos
los temas para que sea de frente al país y no a sus espaldas.
SEMANA: ¿No le parece demasiado amplia la agenda de negociación?
M.M.V.: No. Esto es para arreglar todos los problemas. Por decir algo, en la mesa vamos a
plantear el problema de los prestamistas nacionales e internacionales, el control del dólar, que
es un tema supremamente complicado. Y eso va a armar un tamaño problema porque se trata del
poder económico del manejo del dólar. Nosotros no podemos seguir tolerando tampoco que en este
país los préstamos sean al 25, 30 y hasta al 40 por ciento para los trabajadores. No es posible que
se pueda vivir de esa manera. Un dólar que ya vale mil quinientos y pico de pesos no es tolerable en
este país.
SEMANA: ¿Ustedes creen que el establecimiento va a ceder en todos esos puntos?
M.M.V.: Bueno, sabemos que va a ser dura la confrontación por cosas como esas. Con los 10 puntos
están muy sonrisitas. Pero ampliando ya, teorizando sobre cada uno de los temas, son supremamente
amplios. Entonces vea con quiénes nos vamos a enfrentar: con el gran capital al que hay que ponerle
control. Porque no podemos permitir que la gente siga muriéndose de hambre, sin la casa, sin el carro,
sin el techo, sin la educación, sin la salud, mientras que otros tienen grandes edificios llenos de
dólares. No. Eso hay que cambiarlo. No va a ser muy fácil porque es la confrontación con un Estado
que no ha querido ni quiere dar nada.
SEMANA: ¿Y cómo entra el tema del paramilitarismo en esa agenda?
M.M.V.: Ese es uno de los temas que viene en el futuro en la mesa. Vamos a mirarlo allá, a ver qué
va a plantear el gobierno, porque como el paramilitarismo es de Estado, ¿cómo va hacer? A ellos les
gusta echarle la culpa a los demás. Ahí tienen visible a Carlos Castaño. Cada que la Policía o el
Ejército cometen un crimen o hacen una masacre se lo reivindican a Castaño. Ese es el fenómeno
complicado. Por decir algo, aquí está el Batallón Cazadores. Ellos salían a un lugar que se llama
Los Pozos y llegaban uniformados como ejército y se encampamentaban. Al día siguiente se
ponían de civil y se desplazaban para una vereda cerca y llegaban como paramilitares. Y así es en
todo el país.
SEMANA: No queda sino un mes para hacer todo lo que usted está planteando. El 7 de febrero está
encima. ¿Eso significa prolongar el despeje?
M.M.V.: Eso lo tiene que decidir el gobierno. Tiene que decir: bueno, como perdimos tantos meses,
agreguemos lo que nos quedó faltando. Ahí es donde se sienten perdidos. Entonces el gobierno es
el que dice, vamos a prorrogar por los dos meses que nos quedaron faltando, porque no tenemos sino
desde ahora, desde este 7 de enero hasta el otro 7.
SEMANA: ¿Por qué se demoró tanto la instalación de las mesas?
M.M.V.: Cuando Serpa y Pastrana estaban en campaña electoral nosotros hicimos conocer a la
opinión pública que estábamos interesados en un proceso para iniciar unos diálogos. Pusimos dos
condiciones: con el que resulte ganador de los dos estamos dispuestos a conversar sobre la base
de que despeje cinco municipios y desmonte el paramilitarismo. Porque nosotros no podemos aceptar
la condición de ellos de dialogar en medio de la guerra. Había que conseguir un compromiso de
despeje de los cinco municipios para poder conversar sin que los aviones nos pasaran por encima y
nos cayeran las bombas allí. La primera conclusión en el análisis nuestro fue el despeje con el
compromiso que dentro del área no habría confrontación armada.
SEMANA: El presidente Pastrana aceptó el despeje y lo hizo. Pero ustedes no quedaron
satisfechos. ¿Por qué?
M.M.V.: Despejaron La Uribe, Vista Hermosa, Mesetas y La Macarena, mas no San Vicente. Con
cualquier pretexto se quedaron ahí. Dijeron que iba a ser la residencia del Presidente de la
República, la sede de su gobierno para los diálogos. Que iban a dejar a unos bachilleres dizque
desarmados, que no tenían nada que ver con el Ejército. Inicialmente dijeron que eran 130 pero
nosotros nos dimos cuenta que había 200 y pico. Comenzaron los inconvenientes en el despeje.
SEMANA: ¿Cuáles inconvenientes?
M.M.V.: Primero apareció una declaración de Víctor G. Ricardo diciendo que no estaban dispuestos a
despejar San Vicente del Caguán. Luego dijo el comandante de la Quinta División que ahí se
mantendrían por dignidad y no sé qué más cosas. Posteriormente el comandante del Ejército, general
Tapias, lo mismo. Luego el Ministro de la Defensa, y por varias veces lo repitió el Presidente de la
República. Todos reiterativos, que no desocupaban. Y comenzó el tira y afloje.
SEMANA: ¿Cómo se resolvió el problema?
M.M.V.: En la reunión del 14 de diciembre con Víctor G. Ricardo le dije: bueno, queremos saber si el
Presidente va a cumplirle al pueblo la palabra o no. Y a eso le agregamos una carta en la que
prácticamente le decimos, vuélvase serio. Por las inconsecuencias del mismo Presidente de la
República.
SEMANA: ¿Y qué pasó?
M.M.V.: Hasta que finalmente salieron los tales bachilleres. Tan desarmados estaban que tuvieron
que mandarles helicóptero, camiones, un aparato para echar morteros y las municiones y un poco de
aparatos más. Se vio en los noticieros a los bachilleres 'desarmados'. Un soldado bachiller al lado de
otro que no lo es, ambos con fusiles, ¿son diferentes? La diferencia es que no hay diferencia. ¿No ve
que el bachiller también está entrenado para el combate y para manejar el arma?
SEMANA: ¿Por qué piensa que el gobierno había decidido dejar los soldados?
M.M.V.: Sintieron una presión supremamente grande y por no quedarle mal a los gremios, a los
monopolios y no sé a quién más, se vieron obligados a hacerlo. Pero también estaba la presión de un
pueblo. Porque Pastrana se comprometió con un electorado de seis millones de votos que le está
reclamando. Cuando hablamos de un despeje total no hablamos que se quedan unos bachilleres allí.
SEMANA: Hay muchos colombianos que piensan que ustedes no están interesados en hacer la paz...

M.M.V.: Nosotros somos los más interesados, como dijimos desde el mismo Marquetalia, antes
de comenzar la operación contra los 48 hombres: qué bueno que aquí pudiera venir el Banco
Internacional, viniera la Iglesia, viniera todo el mundo y vieran cómo estamos trabajando y qué es lo que
necesitamos. El gobierno desafortunadamente no atendió y hoy hay un conflicto supremamente grande.

SEMANA: ¿Estarían dispuestos a someterse a un proceso de reinserción?
M.M.V.: Nosotros no estamos luchando _por decir algo_ para que nos den una beca, o una casita o
porque nos den un carrito, no. No se trata de eso. Se trata de que se produzcan cambios en beneficio
de un pueblo que está siendo violentado desde hace muchos años. Y este pueblo así lo está
entendiendo. El mismo hecho del crecimiento de la guerrilla a nivel de todo el territorio nacional
así lo demuestra. Y esta vía es uno de los medios para que se den los cambios.
SEMANA: ¿Qué pasa si fracasa el proceso?
M.M.V.: Estamos abiertos. Si nos cierran ese capítulo, continuamos. Si se abre, ahí estamos. Eso es
lo que vamos a hacer, independientemente de lo que se logre en la mesa. Ahí estamos, al día.
SEMANA: ¿Y sigue la guerra?
M.M.V.: Es lo que deseo aclarar. Hay un tramo para conversar. Porque van a decir: bueno, están
conversando pero hay confrontación. Eso es lo que hay hasta ahora. Hemos dicho: si avanzamos
dentro de los 10 puntos, por decir algo, ocho puntos, entonces ameritaría ya pensar si hay un cese al
fuego. Pero mientras tanto no hay nada.
SEMANA: ¿Y sobre qué bases harían ese cese al fuego?
M.M.V.: No hemos logrado ningún punto de acuerdo que nos permita eso. Ese es el fenómeno.
SEMANA: ¿Las Farc aspiran a ser consideradas como fuerzas beligerantes?
M.M.V.: De hecho, nosotros somos la autoridad en una gran parte del territorio nacional. Usted lo
puede presenciar visualmente en todos los frentes nuestros. Usted va a una inspección de policía,
llegan dos guerrilleros y el inspector les dice: tengo un problema y necesito que me lo ayuden a
arreglar. La autoridad en estos territorios es la guerrilla. Los alcaldes no pueden trabajar mientras no
hablen con la guerrilla de cómo debe ser su gobierno. En la práctica nosotros somos otro gobierno
dentro del gobierno. Por eso estamos buscando el reconocimiento como fuerza beligerante.
SEMANA: ¿Qué significado tendría para las Farc el ser reconocidas como fuerza beligerante?
M.M.V.: Hasta tanto no la tengamos y podamos tener relaciones con un gobierno no podemos aceptar
ciertas intervenciones de organismos internacionales.
SEMANA: A propósito, el reciente encuentro entre Raúl Reyes y representantes del gobierno
estadounidense ha despertado muchas suspicacias. ¿Ha variado la posición de las Farc respecto a la
política norteamericana?
M.M.V.: Esto es muy reciente y apenas se va a evaluar. Las Farc han querido mostrarle al mundo,
y también a los norteamericanos, primero, que no trafica droga, que no la cultiva, que no vive del
negocio de las drogas. Y que está dispuesta a invitarlos a Colombia a que vean las razones por las
cuales los campesinos tienen esos cultivos. Que vean ellos mismos en el terreno los problemas y
puedan entender por qué la gente no tiene otra cosa que hacer. Y los hemos invitado no sólo para que
vengan a las áreas de despeje sino a toda Colombia. Que puedan ir al Magdalena Medio, la región
de los Castaño, a Córdoba, a todas las regiones donde hay cultivos, no sólo de coca sino de
amapola. La prensa sólo señala los cultivos del sur del país, pero hay otros territorios inmensos de
producción de materias primas para la droga.
SEMANA: Se ha dicho que ustedes pueden ayudar a solucionar el problema de la coca. ¿Cómo?
M.M.V.: Creemos que para que el gobierno pueda erradicar la droga tiene que elaborar un plan de
desarrollo para el campesinado. Es lo único que queremos, porque de la droga o de la coca viven
miles de campesinos que no tienen ninguna protección del Estado. Y de esos miles de campesinos se
beneficia el transporte, el comercio y mucho más los negociantes, los traficantes de ella. Por eso
venimos al gobierno y les decimos: señor presidente de la República, elabore planes que permitan
erradicar la coca sobre la base de cambiar ese cultivo por otros. Yo le dije aquí al camarada Raúl:
hombre, plantée por allá a los organismos internacionales que si quieren y confían en nosotros y
depositan un dinero, nosotros nos comprometemos a que se acabe el cultivo de coca en un municipio,
por decir algo.
SEMANA: ¿Cómo se pueden acabar esos cultivos?
M.M.V.: Sobre la base de conseguir un grupo de agrónomos muy buenos para que digan qué se
puede producir allí. Si arroz, cacao, maíz, algodón y sobre esa base, de acuerdo con lo que digan los
agrónomos, con ese dinero vamos a comenzar el desmonte de lo uno por lo otro para que cuando eso
comience a producir, lo otro también haya terminado. Pero no sobre la base de darle plomo a la
gente, echarle bombas, fumigarle sus sementeras, matarle las aves y dejar la tierra estéril. Eso es lo
que planteamos contra la coca. Que surja un nuevo cultivo para acabar el otro. Si no, vamos a seguir en
lo mismo. Ellos nos quieren convencer de que somos nosotros los que tenemos que erradicar los
cultivos. No. Es el gobierno el que se tiene que comprometer. Nosotros no somos gobierno todavía.
Cuando lo seamos lo hacemos.
SEMANA: ¿Y mientras tanto se benefician de los cultivos ilícitos?
M.M.V.: Ah, sí. De eso dicen que vivimos nosotros. Incluso la política oficial es que acabando con la
coca dizque va a acabar con nosotros. Como si esa fuera la fuente revolucionaria de nosotros. En todos
los documentos del gobierno se habla de eso, que acabando la coca se acaba el movimiento
guerrillero. Resulta que las raíces del movimiento guerrillero no son la coca sino los problemas
sociales, económicos y políticos de este país.
SEMANA: ¿Qué interés tiene Estados Unidos en el proceso?
M.M.V.: Hemos dicho que el fenómeno del narcotráfico no compete sólo a los países productores
como Colombia, sino principalmente a los consumidores, Estados Unidos entre los primeros. Y
también a los productores de las materias primas, de los precursores químicos. Pensamos que en la
medida en que Estados Unidos entienda eso, tendrá que decidir si continúa dando plata a los
militares, al Ejército y la Policía colombiana para una lucha que no se hace contra el narcotráfico,
que eso es, más bien, intervenir en los asuntos internos de Colombia. Eso es lo que
pretendemos. Porque queremos también evitar que se convierta Colombia en un nuevo Vietnam.
SEMANA: ¿Eso qué significa?
M.M.V.: Que Colombia pueda desarrollar su propio plan económico y social y que los organismos
internacionales nos dejen a los colombianos resolver nuestros propios problemas.
SEMANA: ¿Se van a volver a reunir con los representantes del gobierno de Estados Unidos?
M.M.V.: Está previsto otro encuentro cuando se considere necesario.
SEMANA: ¿Se ablandaron las Farc en ese tema?
M.M.V.: Esas son especulaciones de los medios de comunicación y la estrechez de alguna gente que
piensa: "se reunieron con los gringos, ¿será que ya no quieren el poder, será que renunciaron a su
compromiso de luchar por el socialismo"? Pero es normal que alguna gente piense así porque
muchas veces desconocen que el compromiso de las Farc es con el pueblo colombiano.
SEMANA: ¿Ustedes no creen que el socialismo fracasó? ¿Qué tipo de socialismo quieren ustedes
para Colombia?
M.M.V.: Primero, no sabemos en qué momento podemos tener un triunfo y tomarnos el poder y no
sabemos qué cambios se hayan producido en el mundo en ese momento. Pero sí hemos dicho que
queremos un socialismo para los colombianos que tiene que recoger todas las experiencias del campo
socialista. Del que desapareció con la Unión Soviética a la cabeza y el que existe hoy en la China
Comunista, el Vietnam, Cuba socialista. Y es como tomamos todas las experiencias buenas y
también las fallas, partiendo de que Colombia es un país muy distinto a todos esos países, con una
cultura y unas raíces de la lucha revolucionaria también muy propias. Y estando ya de frente al siglo
XXI, las Farc no pueden repetir errores que otros han cometido.
SEMANA: En el Congreso norteamericano hubo fuertes críticas a la reunión de los representantes de
Clinton y las Farc. ¿No cree usted que fue un encuentro bastante inusual?
M.M.V.: De cierta manera sí. Ellos mismos recalcaron que no es usual para su gobierno reunirse con
organizaciones insurgentes como la nuestra, máximo cuando todavía no habíamos empezado a hablar
con el gobierno. Ellos tendrán sus propias consideraciones para pensar eso y sabemos que no fue
fácil esa decisión, pero también nos lleva a pensar que al interior del Departamento de Estado también
hay un sector que considera necesario ver con más realidad lo que se mueve en Colombia y en el
mundo. Para nosotros tampoco era fácil tomar la decisión de hablar con los representantes del
imperio que ha mantenido todos nuestros pueblos sometidos y que sigue imponiendo políticas en ese
sentido. Pero lo hicimos, estamos satisfechos de haber hablado con ellos, queremos continuar
esas relaciones.
SEMANA: Ustedes han dicho que piensan crear un nuevo grupo político llamado Movimiento
Bolivariano. ¿Qué tipo de grupo será?
M.M.V.: La concepción del Movimiento Bolivariano parte de la experiencia de lo que pasó con la Unión
Patriótica. Nosotros formulamos una política con respecto a la UP mientras se creaban sus
mecanismos correspondientes a escala nacional, departamental, municipal. Creados esos
mecanismos, ella sería un nuevo movimiento político surgido de una organización armada y mediante
unos acuerdos. Seguramente no faltaron personas que no entendieron la proyección que le quisimos
dar, capaz de desarrollar un amplio movimiento político; una tercera fuerza distinta a los partidos
tradicionales para encarar la política de las oligarquías. Eso era lo que nosotros queríamos. A la Unión
Patriótica la barrieron a tiros. Después, en la Octava Conferencia acordamos crear en serio el
Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia.
SEMANA: ¿Qué características tendrá ese movimiento?
M.M.V.: Es un movimiento que se está creando en veredas, en ciudades, en caseríos, en todas
partes donde hay mucho pueblo, con nuestra plataforma. Cuando logremos en este país unos
acuerdos que realmente sean positivos, tenemos que aparecer con una fuerza de masas grande para
ir a la plaza pública.
SEMANA: ¿Participarán abiertamente en un proceso electoral?
M.M.V.: El Movimiento Bolivariano tendrá que ser clandestino, y seguirá siendo clandestino hasta que
se den las condiciones para actuar legalmente. Ya, tomando la experiencia de la UP, serán muchos
de los nuestros los que saldrán elegidos para que respalden el proceso y que no se vuelva a repetir lo
que pasó. La gente no entendió que había que dar un viraje. Nosotros no queremos volver a caer en
ese error.
SEMANA: ¿Queda algo de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar?
M.M.V.: Como Coordinadora no existe nada. En la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar estaban el
M-19, el EPL, los reinsertados, el Quintín Lame y el PRT. Ellos desaparecieron del panorama
político y de confrontación armada. Circunstancias _yo no sé cuáles serían_ los llevaron a
desmovilizarse y desaparecieron. Entonces no quedó sino el ELN y una fracción muy pequeña de
Caraballo, del EPL. El hecho de que se hayan desmovilizado acabó con la Coordinadora.
SEMANA: ¿Cómo están las relaciones de las Farc con el ELN?
M.M.V.: Con el ELN las relaciones son buenas aunque no muy estrechas. Más bien un poco frías.
Hace tiempo los llamamos y les dijimos que acabáramos con la Coordinadora porque los hechos de
uno y otro no podían cargarlos los unos como los otros. Sin embargo les hemos planteado lo que se
llama el principio solidario o de acción, que cuando a ellos los estén fregando nosotros los ayudamos,
o al revés. Estamos tratando de buscar puntos de convergencia con ellos. Por lo demás, ahí vamos.
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