Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2009/04/18 00:00

Todas las formas de lucha

Con las movidas que hizo el gobierno con el referendo, la reforma política y el acto legislativo, a la locomotora de la reelección no la para nadie.

El ministro Fabio Valencia ha sabido mover los hilos en el Congreso para aprovechar a aliados como Armando Benedetti, Jorge Visbal y Hernán Andrade (primero, tercero y cuarto de izquierda a derecha) o para neutralizar a quienes como Germán Varón y Karime Motta tratan de enredar sus iniciativas

Hace un año el Congreso de Colombia había llegado al punto más bajo de desprestigio por el escándalo de la para-política. El presidente Álvaro Uribe quien parecía haber perdido la fe, nombró una comisión de notables a la que le encargó la tarea de hacer la famosa reforma de la 'silla vacía', que debía castigar a los partidos que se aliaron con paramilitares.

Hoy, y después de lo ocurrido la semana pasada en el Congreso, ya quedó claro que el presidente Uribe, con la ayuda de su ministro Fabio Valencia, supo capitalizar la crisis a su favor y convirtió al Congreso en la herramienta perfecta para armar todo el andamiaje de su reelección.

Mientras en otros parlamentos del mundo en este momento se discute cómo hacer cambios estratégicos para sortear la crisis económica, en el de Colombia se utiliza hasta el último minuto en ver cómo se cambian piezas de la estructura del Estado para que el Presidente pueda seguir en el poder y mantener sus mayorías en el Congreso.

Lo ocurrido la semana pasada fue un buen ejemplo de ello: en un abrir y cerrar de ojos se aprobó el referendo en su penúltimo debate, la presidenta de la comisión primera por fin atendió a los ruegos del Ministro y encendió motores para aprobar la reforma política, y un grupo de congresistas uribistas propuso un nuevo acto legislativo para la reelección.

¿En qué se parecen estas tres iniciativas? ¿Por qué aprobaron con tanta velocidad el referendo? ¿Qué afán tiene el gobierno con la reforma política? ¿Qué papel juega en todo este engranaje el nuevo acto legislativo de la reelección?

En el caso del referendo, cogió a todos por sorpresa la rapidez con que se aprobó. "Queríamos mandar un mensaje de lo bien parado que estaba el referendo", le dijo a SEMANA el senador Armando Benedetti, quien se encargó de impulsarlo en la comisión primera. Y, sin duda, el mensaje fue demoledor. En siete horas aniquilaron a la oposición y dejaron claro que en el Congreso no hay nada que se le pueda atravesar al referendo. "No hay quien detenga un tren a 400 kilómetros por hora. Los demás son muñecos de icopor", agregó Benedetti.

El único obstáculo protuberante para el referendo en el Congreso es -o mejor, era- el presidente de la Cámara, Germán Varón. Hasta hoy se pensaba que si él no daba su bendición, no había referendo. Pues como el Senado cambió el texto de la pregunta, para que no quede ninguna duda de que Uribe pueda ser reelegido en 2010, el proyecto de referendo tiene que ir a conciliación entre Cámara y Senado. Varón puede integrar la comisión, con tres recios contradictores de la reelección de Uribe, de tal manera que nunca llegue a un acuerdo con la comisión del Senado.

Pero, según pudo establecer SEMANA, ese tampoco es ahora problema. El gobierno ya encontró la fórmula para bloquear a Varón, en caso de que este trate de hundir la reelección inmediata del presidente Uribe. El propio Varón les entregó a los uribistas los argumentos en bandeja de plata al decir en una entrevista con esta revista que si en el Senado cambiaban la pregunta, el referendo no pasaría en la conciliación con la Cámara. Esas palabras son suficientes para que sus compañeros recusen a Varón. Algo similar a lo que ocurrió hace dos años con el entonces presidente de la Cámara de Representantes, Alfredo Cuello. Él se había pronunciado en contra de la ley que les reconocía los derechos económicos y patrimoniales a las parejas del mismo sexo, fue recusado y no pudo ejercer como presidente en el debate final de ese proyecto.

Así pues, si a alguien le quedaba cualquier duda de que el gobierno iba a lograr un rotundo triunfo con el referendo en el Congreso, ya está definitivamente descartada.

El segundo gran bastión de la estrategia es el de la reforma política. Y en este caso, el gobierno también se anotó un triunfo la semana pasada, pues logró desactivar la operación tortuga que la presidenta de la comisión primera de la Cámara, la uribista Karime Motta, le había aplicado al trámite de este proyecto. Luego de un mes de sesiones, no había logrado moverla un solo milímetro y ese estancamiento podía ser mortal porque, a diferencia del referendo, al que le falta ya un solo debate, a la reforma política le quedan cuatro y sólo tiene ocho semanas para surtirlos.

El ministro Fabio Valencia había acudido a tácticas desesperadas como tratar de sacar del camino los otros dos referendos -el del derecho al agua potable y el de la cadena perpetua para violadores- que tenían taponado el trámite de la reforma política. Incluso, con cierto cinismo, llegó a pedir que los hundieran cuando ha defendido a capa y espada el referendo para la reelección con el argumento de que hay que respetar la voz del pueblo.

Sin mayor explicación, la congresista ya dio un primer paso. Acaba de nombrar 18 ponentes para la reforma política y

desatascó así su trámite. "Ella negocia muy duro en materia burocrática. La intención de congelar era muy evidente. Pero ya nombró los ponentes y seguramente la va a sacar la semana entrante", explicó un representante de la comisión primera.

¿Por qué tanto interés del gobierno en la reforma? No es cierto, como muchos han dicho, que la reforma política sea un plan B en caso de que el referendo naufrague. Según esta tesis, a última hora le podrían incluir un 'articulito' que diga que se puede reelegir el Presidente. Sin embargo, en este caso no es posible, porque esa proposición ya se debatió en la primera vuelta y fue negada en la plenaria de la Cámara.

Tampoco es del todo cierto, como escribió el ministro Fabio Valencia en una columna el domingo en el diario El Tiempo, que la reforma política garantiza

"elecciones transparentes, libres de injerencias criminales y provistas de mecanismos que blinden el proceso electoral". Los cambios que propone la reforma en materia de anticipos para financiar las campañas al Congreso y las sanciones estilo 'silla vacía' no se podrán aplicar para las elecciones de 2010, pues necesitan una ley que las reglamente.

En realidad, los artículos más útiles para el gobierno en esta coyuntura son dos. El primero es el que les permite a los congresistas cambiarse de partido en los seis meses siguientes a la entrada en vigencia de la reforma política. Hoy, ese cambio de camiseta se castiga como doble militancia y el congresista pierde su curul. Con esa especie de amnistía, el presidente Uribe puede fortalecer sus mayorías, pues a ningún congresista le gusta quedarse cuatro años por fuera del ponqué burocrático.

Además de este, hay también en la reforma política un artículo clave para garantizar la aprobación del referendo. Y tiene que ver con las funciones del Registrador nacional, a las que se les añade la siguiente condición: "En toda actuación del Registrador deberá primar (...) la prevalencia del interés general". Esta frase que suena como un lugar común tiene un alcance enorme. Como es al Registrador a quien le corresponde darle el aval a las controvertidas cuentas del referendo, de llegar a aprobarse este artículo podría interpretarse que no importa si los promotores del referendo se volaron los topes de financiación en la recolección de las firmas, ya que este sería un episodio con menor jerarquía que la voz del pueblo.

Así entonces, la reforma política, que comenzó hace un año con la intención de castigar a los partidos que se dejaron infiltrar por los paramilitares, terminó siendo la mejor herramienta para facilitar que Uribe repita con mayorías en el Congreso.

Y, para terminar, la semana pasada se le sumó lo que parecía ser un tercer elemento a la estrategia. Se trata del acto legislativo que presentó el senador Jorge Visbal que da vía libre a la reelección de Uribe en 2010. Si bien ni los mismos uribistas le tienen fe a esta propuesta, porque consideran que no hay tiempo para aprobarla ni es necesaria, no deja de ser una tabla de salvación en caso de que algo falle con el referendo.

El jueves, en la Casa de Nariño, vieron al presidente Álvaro Uribe con una cara de felicidad que se había vuelto escasa en los últimos dos años. Sus razones tendrá.

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