Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/02/26 00:00

“Todavía no estoy muerto”

En el momento más crítico de su carrera política, Horacio Serpa le pone los puntos sobre las íes a Alvaro Uribe Vélez. Entrevista con Alejandro Santos.

“Todavía no estoy muerto”

SEMANA: ¿Que siente usted al ver que el tema del momento es la posibilidad de que Alvaro Uribe gane la Presidencia en la primera vuelta?

Horacio Serpa: La verdad estoy un poco sorprendido. Durante dos años Noemí Sanín barrió en las encuestas con cifras superiores al 40 por ciento y nadie dijo que ella era presidenta. Durante 10 meses yo estuve de primero en las encuestas con el 43 por ciento de intención de voto, cifra superior a la que tiene hoy el doctor Alvaro Uribe, y ni ustedes me sacaron en carátula vestido de Superman, ni El Tiempo me hizo entrevista de tres páginas graduándome de presidente electo en la primera vuelta. ¿Por qué, si Noemí y yo hemos tenido cifras en las encuestas más altas que las de Alvaro Uribe, ahora les dio porque la encuesta de la semana pasada es el equivalente a las elecciones?

SEMANA: Por dos razones: por la fecha y por las circunstancias de orden público. Estamos a 10 semanas de las elecciones y es poco lo que pueda cambiar sustancialmente en este lapso.

H.S.: Están equivocados. Hoy es el 6 de febrero y la elección es el 26 de mayo. Eso en política es una eternidad.

SEMANA: ¿Pero no cree usted que la situación de orden público favorece a Uribe?

H.S.: No necesariamente. Yo lo que creo es que el grado de violencia que vive el país va a incidir mucho en las elecciones. Pero ese es un factor que no lo controlamos ninguno de los candidatos. Ahora favorece a Uribe pero vaya usted a saber si dentro de dos meses la gente está hastiada de tanta violencia y quiere algo diferente, o si el proceso de paz ha llegado a algo concreto y se abre una esperanza real. De todo puede pasar en este país. De lo que estoy seguro es de que lo que sucede hoy no es la última palabra.

SEMANA: Dicen que usted se está aproximando a las posiciones de Alvaro Uribe.

H.S.: Si usted se refiere a que yo soy una persona con carácter eso sería verdad. Al fin y al cabo soy santandereano. Nadie me ha identificado como mano floja y el país sabe que tengo capacidad de decisión. No se olvide que soy el único colombiano que se le ha levantado a la guerrilla de la mesa de negociación cuando era negociador en Tlaxcala.

Pero que yo tenga carácter no significa que esté cerca ideológicamente al doctor Alvaro Uribe. Yo soy amigo suyo y lo respeto sinceramente, pero no estamos en el mismo paseo.

SEMANA: ¿Cuáles son las diferencias?

H.S.: Yo creo que los dos sabemos que la autoridad es la única forma de llegar a una negociación concreta pero también creo que tenemos una percepción diametralmente diferente sobre cuál sería el costo del rompimiento del proceso de paz y de una guerra total.

SEMANA: La mayoría de los colombianos creen que ya estamos viviendo una guerra total ¿Cuál sería la diferencia para usted?

H.S.: La guerra total que proponen los ultraderechistas de siempre y un buen porcentaje de la burguesía despistada de Colombia sería infinitamente peor de lo que estamos viviendo. Armar, como dice Uribe Vélez, a un millón de civiles es involucrar a la sociedad civil en el conflicto en una dimensión insospechada. Las experiencias con las Convivir y los paramilitares han demostrado que tarde o temprano esos grupos de ‘autodefensa’ llegan a la conclusión de que la mejor defensa es un ataque. Y eso invariablemente conduce a atrocidades. Armar a un millón de colombianos es armar una Convivir de un millón de personas.

SEMANA: Parece usted partir de la base de que la guerra contra la guerrilla no es ganable.

H.S.: Por el contrario. Yo creo que por primera vez en muchos años el Estado está en condiciones de derrotar a la guerrilla. Esta ya está derrotada políticamente y no tiene ninguna clase de apoyo popular. El Ejército nunca había estado más fortalecido que hoy. Concentrando los esfuerzos en mejorar la inteligencia es posible una victoria militar. Como presidente me prepararía sin la menor duda para ese escenario. Pero creo que estaría engañando a mis seguidores si no los alerto en el sentido de que el costo sería atroz.

SEMANA: ¿En que sentido?

H.S.: A veces me da la impresión de que muchos seguidores del doctor Uribe creen que esta es una guerra que se puede ganar en un par de años con el apoyo militar del Plan Colombia, con la presencia de cascos azules de las Naciones Unidas y en condiciones similares de violencia a las que vivimos hoy. Creo que esa percepción es muy ingenua.

SEMANA: ¿Y cuál es la suya?

H.S.: Yo también creo que se puede ganar. Pero los dos años pueden acabar siendo el doble o el triple de eso. El número de muertos que hay hoy en Colombia, que es de 30.000 al año, seguramente pasaría de los 100.000. ¿Usted se imagina este país con 150.000 o más muertos en un solo año? Y qué pasaría si los dos millones de desplazados que hay hoy se convirtieran en cinco millones. Y si el desempleo les parece aterrador en el 20 por ciento actual, no quiero imaginarme lo que sería un 40 o un 50 por ciento. Y eso para no mencionar que si el país está quebrado con una economía que crece alrededor de un 2 por ciento al año, cómo serían dos o tres años consecutivos de crecimiento negativo del 3 ó 4 por ciento. Ese sí sería el verdadero golpe de gracia para las clases populares colombianas.

SEMANA: Curiosamente no menciona usted un aumento en el terrorismo.

H.S.: Es indudable que lo habría pues la guerra se desplazaría a las ciudades. Pero yo me he dado cuenta que el terrorismo es una obsesión más que todo de los ricos, a quienes les preocupa que las bombas estallen cerca de sus casas. Los problemas de los pobres no son sólo el terrorismo sino la miseria, los desplazamientos y la verdadera guerra. Esa es la realidad en los campos colombianos. Los ricos se pueden ir a Miami a ver la guerra por CNN, pero los muertos los acaba poniendo el pueblo. Eso no significa que a los ricos les vaya a salir gratis. Hay empresarios jugándole a la guerra con una torpeza enorme pues al fin y al cabo las guerras son muy caras y las tendrán que pagar ellos porque son los que tienen el capital.

SEMANA: Pero usted acaba de decir que esa guerra tendría un final.

H.S.: A la larga lo institucional acaba venciendo a lo subversivo. Lo que no se puede es equivocarse uno sobre el costo. Los aliados acabaron derrotando a Hitler en la Segunda Guerra Mundial pero el costo fue la destrucción de media Europa. Yo creo que algo parecido puede suceder en Colombia. Como decía Napoleón, las guerras comienzan con soldados pero terminan con muertos.

SEMANA: ¿A qué le atribuye usted el éxito actual del doctor Uribe?

H.S.: Yo creo que él está montado en las ilusiones del pueblo colombiano y no en las realidades del campo de guerra. La falta de resultados del actual proceso de paz ha radicalizado al electorado. Y él encarna esa frustración.

SEMANA: ¿Y no cree que es por habérsela jugado usted por el proceso de paz de Pastrana que el electorado se la está cobrando?

H.S.: Sí, yo me la jugué por ese proceso de paz. Lo hice como una actitud de solidaridad con mi patria, consciente de los costos políticos que eso entrañaba. Pero a mí no me pueden cobrar las burradas que se han cometido y aprovecho esta entrevista para decir que soy el primero en reconocer ese fracaso. Y créanme que eso no me deja feliz.

SEMANA: ¿Entonces si cree que fracasó el proceso por qué va a ir al Caguán?

H.S.: Para decirles a los jefes de las Farc en su propia cara que el esquema de negociación en medio de la guerra fracasó. Que los colombianos estamos mamados. Pero el hecho de que haya fracasado el proceso de paz de Andrés Pastrana no significa automáticamente la imposibilidad de que exista un solución negociada al conflicto.

SEMANA: ¿Cuáles son sus críticas concretas a la política de Alvaro Uribe?

H.S.: El hace un diagnóstico simple de la violencia en Colombia. Es irreal circunscribir la coyuntura violenta al fenómeno de la subversión pues deja a un lado otros fenómenos como el paramilitarismo, el narcotráfico y la delincuencia común. Y, obviamente, estoy en total desacuerdo con la llegada de tropas extranjeras a Colombia.

SEMANA: Pero Uribe no ha hablado de tropas sino de asesoría y de fortalecimiento técnico.

H.S.: El se contradice en ese punto. A veces dice tropas, a veces dice asesores, a veces dice cascos azules, a veces dice Plan Colombia. Y cascos azules o de cualquier color son cascos extranjeros. En mi gobierno no habrá de eso.

SEMANA: ¿Qué opina de la posibilidad de que Estados Unidos levante las restricciones de la ayuda militar del Plan Colombia?

H.S.: Sí estoy de acuerdo porque es ingenuo pensar que uno puede tener un helicóptero artillado que distinga entre narcotraficantes y guerrilleros. Según las reglas de hoy, antes de disparar hay que cerciorarse preguntándole al delincuente armado qué sombrero tiene puesto. Eso era un absurdo.

SEMANA: ¿Cómo ve la última exigencia de la guerrilla de que hay que eliminar la extradición, las privatizaciones y el neoliberalismo?

H.S.: Yo en principio me opongo a cualquier chantaje. No me gusta la forma ni la oportunidad como se han presentado esas exigencias, tienen cierto sabor de chantaje. Pero hay que ser realistas en que si en Colombia se quiere la paz el Establecimiento va a tener que ceder en algunos puntos que pueden ser secundarios al lado de las ventajas de acabar la guerra. Por ejemplo, si asumiéramos que las privatizaciones son buenas, yo creo que muchos colombianos prefieren vivir sin privatizaciones pero sin guerrilla. Estoy de acuerdo en que hay que evitar la monopolización de los medios de comunicación, especialmente los televisivos. Estoy de acuerdo en que no hay que glorificar tanto la ortodoxia económica. De lo que el país debe tener conciencia es que algunas concesiones, por grandes que parezcan, son mínimas frente a lo que significa acabar con 40 años de conflicto armado

SEMANA: ¿Qué quiere usted decir con que no hay que glorificar la ortodoxia económica?

H.S.: Si para invertir en obras de infraestructura, que son tan necesarias para los empresarios y los trabajadores, hay que sacrificar 2 puntos de la inflación y agrandar el déficit, me parece que vale la pena. Yo creo que los colombianos prefieren tener comida en la mesa a que los bancos internacionales nos aplaudan por tener cero inflación y cero déficit.

SEMANA: Pero volvamos un poco a la política. ¿Cómo ve usted los deslizamientos que se han presentado en su campaña después de que salió la encuesta?

H.S.: Son menos de los que dice Julito Sánchez Cristo en La FM y no son tan traumáticos como lo desea la extrema derecha. Y modestia aparte, yo no me considero el candidato de la maquinaria. Tengo amigos parlamentarios pero creo que tengo un liderazgo y un respaldo popular propio ganado en 30 años de lucha política. No se les olvide que la vez pasada entre la primera y la segunda vuelta puse dos millones de votos nuevos.

SEMANA: ¿Usted cree que esos deslizamientos son actos de oportunismo o dudas sobre el futuro de su campaña o de su gobierno?

H.S.: El hecho de que se hubieran presentado precisamente la semana después de la encuesta le contesta su pregunta.

SEMANA: Algunos de los que se han ido afirman que han encontrado las puertas cerradas porque el samperismo se adueñó de su campaña.

H.S.: Eso no es cierto. A mí todo el mundo me busca dueños. En la campaña pasada me presentaban como el candidato de la guerrilla e inclusive hasta del narcotráfico. Ahora me inventan que soy el candidato de Ernesto Samper y hasta de Augusto López. Yo no me dejo adueñar de nadie pero no me pongo a crear peleas ficticias para aparentar distanciamientos.

SEMANA: Y si se da una alianza entre Uribe y Noemí, ¿cómo la ve?

H.S.: Yo no creo que en Colombia los votos son endosables. Los colombianos son menos rebaño de lo que creen algunos. Las alianzas en la cúpula no se reflejan automáticamente en la base. Y si lo fueran, me gustaría saber qué pensaría el doctor Alvaro Uribe del endoso de los votos de Fabio Valencia, su principal rival en la región. Y qué opina Fabio de que le endosen su caudal electoral al hombre que más lo ha combatido.

SEMANA: D’Artagnan dice que usted tiene que llamar a Juan Manuel Santos como jefe de debate y conseguir la adhesión de Peñalosa para salvar su campaña.

H.S.: Ese verbo ‘salvar’ no me gusta. Yo no estoy muerto todavía. Las encuestas de mi campaña me dejan ligeramente por debajo del doctor Alvaro Uribe y van a pasar muchas cosas de aquí a las elecciones. En cuanto a su pregunta sobre Santos y Peñalosa, con Juan Manuel he hablado mucho más de lo que el público sabe. Pero ni él ni yo tomamos nuestras decisiones con base en columnas de prensa. Y en cuanto a Peñalosa, lo admiro mucho y todos los candidatos queremos que esté de nuestro lado.

SEMANA: Mucha gente se pregunta con quién va a gobernar usted. Ha sacado grandes comités de 30 personas que parecen simplemente nombres de adorno. ¿Cuál va a ser la realidad?

H.S.: De adorno no son, pero reconozco que sí le dan una gran prestancia a mi campaña y a mi candidatura, sin que eso signifique que ahí está mi gabinete. Si su pregunta es sobre gabinete o vicepresidente, obviamente no he tomado ninguna decisión. Recuerdo la anécdota del doctor López Pumarejo, quien cambió dos ministros en la caminada que hizo de su casa al Capitolio para posesionarse.

SEMANA: Doctor Serpa ¿qué haría si pierde las elecciones?

H.S.: En política nadie tiene nada seguro. Yo puedo ganar y puedo perder. Si pierdo y la persona que me derrota arregla a Colombia, quedo tranquilo. Si pierdo y Colombia también pierde sería una tragedia.

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