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| 1/27/2007 12:00:00 AM

Todo por una firma

El senador Juan Manuel López Cabrales, crítico de los paramilitares, es uno de los firmantes del pacto con el diablo. ¿Un inocente en el lugar equivocado?

La firma del senador cordobés Juan Manuel López Cabrales en el documento que selló un pacto entre políticos y paramilitares en 2001 sobresale sobre las demás. Ninguno de los otros firmantes ha recibido tanta atención de los medios. López Cabrales ha sido un duro crítico de los paras, cuestionó los aspectos más blandos de la Ley de Justicia y Paz y ha tenido agrios enfrentamientos con Salvatore Mancuso. Su nombre, en esa lista, parecía estar en el lugar equivocado y por eso desencadenó varios debates.

Hubo confrontación dentro de su propio partido, el Liberal. Mientras el jefe único, César Gaviria, y el ex candidato Horacio Serpa lo defendieron con vehemencia, Piedad Córdoba demandó una posición más severa y el ex candidato Rodrigo Rivera pidió su retiro de la colectividad. En medio de las tensiones, López Cabrales se marginó en forma temporal, con un argumento pactado que subraya el hecho de que la decisión fue suya, y no impuesta.

El lío en que cayó el mayor elector del departamento de Córdoba -alcanzó 140.000 votos en la elección para el Senado del año pasado- fue recibido con beneplácito en el uribismo. Uno de los pesos pesados del liberalismo en una lista compartida con paramilitares es un alivio para la creciente presión que significa el hecho de que, hasta el momento, todos los congresistas llamados por la Corte Suprema en el escándalo de la parapolítica salieron elegidos con votos de partidos uribistas el año pasado. Y es un ingrediente esencial para cocinar el argumento de que la contaminación 'para' no se limita al uribismo.

¿Qué hacía el senador Juan Manuel López en esa reunión? ¿Por qué cometió semejante error, que les da un coletazo a su carrera y a su partido? El traspiés les servirá a los rivales del senador para tratar de cambiar su percepción de 'duro contra los paras' por el de miembro del pacto con el diablo. Y lo unirán a otras piezas de la hoja de vida de López Cabrales que ayudan a construir una imagen semejante a las de los demás acusados. Por ejemplo, haber triunfado en la política cordobesa precisamente en la época en que el departamento se concolidó la presencia paramilitar. ¿Se podía construir un fortín electoral en el corazón del territorio de las AUC, sin su venia?

El senador tiene argumentos para mostrar que esa imagen no corresponde a la realidad y que es un inocente con cara de culpable. Fue a la famosa reunión del 23 de julio de 2001 para tratar de convencer a Mancuso de que le retirara una orden de muerte. El conflicto se había creado a raíz de que el jefe paramilitar culpó al senador de un allanamiento que le hizo la Fiscalía a mediados de ese año a la sede de Fonpazcor, centro de operaciones de Mancuso. La operación, producto de una larga investigación del CTI, fue hecha por el Ejército con personal enviado por el general Fernando Tapias, en ese entonces comandante de las Fuerzas Armadas, desde Bogotá. En el operativo murió el tutor de los hijos de Mancuso, uno de sus más cercanos colaboradores. Posteriormente, el gobernador Jesús María López -tío del senador- se enteró de que Mancuso le echaba la culpa del operativo a su sobrino. "Dígale que se esconda", le aconsejaron.

López decidió pedirle una cita a Mancuso para preguntarle por qué lo consideraba artífice de una operación que no estaba en sus manos. El encuentro se llevó a cabo el 23 de julio a las 9:15 de la mañana en la finca La 06, en Córdoba. El jefe paramilitar le presentó a López, como prueba de su responsabilidad, un fax que le habían enviado desde la Procuraduría en Bogotá, que demostraba que en los días anteriores se había reunido con Edgardo Maya. Según Mancuso, allí, y también a través de Horacio Serpa -amigo común de Juan Manuel López y del fiscal del momento, Alfonso Gómez Méndez-, había hecho la solicitud del allanamiento.

La argumentación del senador para desatar los improbables cabos presentados por Mancuso no convenció a este último. Después de una reunión de 10 minutos con 'Jorge-40', 'Diego Vecino' y 'Don Berna', así se lo comunicaron al senador y le dijeron que querían seguir tratando el asunto en otro lugar, Santa Fe Ralito, a siete u ocho kilómetros. Ante el deseo de finiquitar la gestión en contra de la amenaza de muerte, López y su tío, el gobernador, se desplazaron allí y encontraron que estaba en marcha la famosa reunión entre paras y políticos. Dos profesores argentinos explicaron la idea de lanzar un proceso de paz entre los paramilitares y el gobierno a partir de la construcción de un proyecto político antisubversivo. Al final, cuando los asistentes ya se habían levantado de sus sillas y se dirigían a sus vehículos, a López Cabrales le llevaron una hoja, que no estaba ligada a ningún documento, para que firmara su asistencia. Con reticencia y después de cuatro insistencias, estampó su polémica rúbrica.

Esta es la versión que el senador Juan Manuel López ha publicado en varias entrevistas. Sus amigos han hecho un notable esfuerzo por difundirla, y sus enemigos, por descalificarla y por rodearla de escepticismo. El resultado final, en términos del impacto que le pueda causar a su imagen, dependerá de dos elementos: una verdad evidente -la pelea con Mancuso- y sus discursos políticos contra los paras, y una versión que paradójicamente es a la vez muy difícil de explicar: que la firma se hizo bajo presión y que no tenía alcances distintos a registrar la asistencia.

No cabe duda alguna de que Mancuso había ordenado la muerte del senador López Cabrales. El allanamiento lo había enfurecido. Y la enemistad entre los dos era antigua, no solamente por el discurso antiparamilitar del senador, sino porque se habían enfrentado en el campo político. El dominio creciente de Mancuso en el departamento, sobre todo en algunos municipios, era una amenaza para el andamiaje que había construido durante años la familia López. Ese conflicto se había concretado en varias batallas, como la de la Universidad de Córdoba, uno de los fortines burocráticos más preciados, y la competencia por imponer alcaldes de cada uno.

López, cuyo electorado se concentra en Montería, convirtió el discurso antiparamilitar en una estrategia para captar el voto de opinión de quienes están hastiados del humillante mando paramilitar. En la campaña del año pasado mantuvo sus críticas, incluso en municipios de influencia de las AUC, como Tierralta. En el Congreso ha votado en contra de las aspiraciones de los paras (Ver artículo siguiente). Su postura antipara ha sido consistente.

Por eso la firma en el pacto con el diablo ha despertado tanto desconcierto entre sus amigos y semejante deleite entre sus enemigos. Falta ver cuál de las dos tendencias que han surgido en la polémica terminará por imponerse. La que lo salpica como un parapolítico más, o la que lo afianza como el gran líder anti AUC de Córdoba. La primera pondría en tela de juicio su larga vida en el Congreso. La segunda lo dejaría en el primer puesto como alternativa costeña para altos destinos como la Vicepresidencia de la República.
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