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| 4/29/1985 12:00:00 AM

TODOS LOS FUEGOS DEL CAUCA

En el fuego cruzado del ejército, las FARC y el Ricardo Franco, los indígenas han resuelto disparar también ellos.

Para el resto de los colombianos lo que sucede con los indígenas del Cauca es objeto de la más absoluta indiferencia. Les quitan la tierra, asesinan a sus dirigentes: y a nadie parece importarle, porque eso ha sucedido siempre, y nunca ha pasado nada. Es llover sobre mojado. Y cuando llueve, no es raro que caígan rayos, como el que, por lo visto, mató al padre Ulcué Chocué sin que tampoco esta vez pasara nada. En el mejor de los casos la actitud frente al problema indígena es "pasiva y compasiva", como dice el dirigente guambiano Alvaro Tombé. Pero por debajo de la costra de indiferencia hay un volcán: "las contradicciones se antagonizan", y -como advertía hace dos semanas en la revista Consigna el periodista y abogado especializado en asuntos indígenas Carlos César Perafán Simmonds- en cualquier momento "una guerra inter-racial puede comenzar, como en la época colonial".
¿Una guerra inter-racial? No parece tan descabellada la profecía, cuando se va al norte del Cauca y se mira lo que allá está sucediendo. Y uno de sus detonantes es precisamente la ceguera, cultivada por siglos de seguridad, que caracteriza a amplios sectores de la clase dirigente de la región. Para ellos, el problema no son los siglos de despojo y de exclusión que han reducido a los indígenas a la desesperación, sino, más simplemente la actividad de unos cuantos agitadores profesionales. "Esas tribus estaban tranquilas hasta que llegaron los subversivos a instigarlas para que nos invadieran las tierras", asegura descuidadamente, ante el periodista de SEMANA, un terrateniente local. Y una señora de importante apellido payanés añade cón desprecio: "es que esos indios ahora se volvieron chusmeros, y ya hasta se le enfrentan al ejército". Entre tanto, los dueños de las haciendas empiezan a armarse y a organizar bandas de pájaros que, con las cuadrillas paramilitares del MAS y de la llamada Falange (grupo de pistoleros aparecido a raíz del terremoto de Popayán), hostigan a los indígenas y asesinan a sus dirigentes. En toda la región se discute abiertamente sobre cómo "limpiar la zona" eliminando a los líderes indígenas y a los promotores de invasiones de tierras de los antiguos resguardos. "Los que se creen blancos nos tratan como si nosotros no pensaramos y fueramos sólo un estorbo", dicen los indígenas. Alvaro Tombé precisa: "eso no es lo grave.
A nosotros no nos importaría que nos despreciaran, si no nos mataran. Lo grave es que nos estan matando".
Y ya no estan dispuestos a seguir dejándose matar. Por eso ha hecho su aparición el grupo armado Quintin Lame de autodefensa, como se llaman ellos mismos, cuyo objetivo explícito es el de "responder a las acciones de los pájaros contratados por los terratenientes". Los miembros del Quintin Lame que la semana pasada en Popayán secuestraron a algunos periodistas para anunciarles su lanzamiento oficial, les declararon: "si ellos son agresivos, nosotros seremos duros, porque para eso estamos". De modo que si los terratenientes se arman, también los indígenas se arman y se organizan, y la chispa incendiaria de esta guerra que se le viene encima al Cauca parece haber sido el asesinato del padre Ulcué. En Santander de Quilichao se respira la tensión. La gente está indignada porque, dicen, "soltaron a los asesinos del padre" (los dos agentes del F-2 en un primer momento acusados del crimen por la Procuraduría). "Ahora llenaron el pueblo de pájaros -dicen los vecinos de Santander- que se han puesto a investigar quienes son las personas que hacen averiguaciones sobre el asesinato, y han montado un seguimiento de los testigos". Incluso en Popayán, los dirigentes del CRIC (Comité Regional Indigena del Cauca) se sienten amenazados y denuncian a los terratenientes y a los organismos secretos del Estado de ser los responsables de esta situación.

GUERRA DE GUERRILLAS
Pero eso no es todo. Los indígenas del Cauca no sólo son víctimas de los pájaros, de la Falange y del MAS, si no que también tienen que sufrir la actividad de los "farolos", como llaman a los integrantes de las FARC que tienen varios frentes en la zona. Asi, el CRIC acaba de denunciar en un comunicado de prensa que "en la mañana del domingo 24 de marzo un grupo del Sexto Frente de las FARC que opera en Tierradentro asesinó al compañero Julio Pencué Volveras, dirigente de la comunidad del Resguardo de San Andrés de Pisimbalá". Y unos cuántos días antes habían asesinado también a Secundino Pancho, ex gobernador del Cabildo. Según averiguó SEMANA, Pencué Volveras había sido nombrado hace dos meses tesorero del Resguardo, y se había dedicado a poner las cosas en orden, lo cual no fue visto con buenos ojos por las FARC, que procedieron a amenazarlo. Cuarenta y cinco cabildos indígenas del CRIC convocaron entonces -el 24 de febrero- una reunión con representantes de las FARC para plantear su protesta, y los guerrilleros se comprometieron en ella a respetar las decisiones internas de los Cabildos y no inmiscuirse en sus asuntos. Pencué penso que estaban "hechas las paces"; pero las FARC, por lo visto, no lo entendieron así.
No es la primera vez. Hace ya por lo menos cuatro años que las FARC decidieron tomar cartas en el asunto indígena por el método sumario de los "ajusticiamientos". El 3 de febrero del 81, en la Vereda de Los Tigres del municipio de Santander, el grupo guerrillero inició actividades asesinando a siete indígenas del resguardo de La Aurora, entre ellos José Mari Ulcué, dirigente del CRIC. Y el Sexto Frente explicó la masacre diciendo que "no permitiremos a aquellas personas que parapetadas en ciertas organizaciones que se dicen llamar revolucionarias, o así no pertenezcan a ninguna organización, se dedican al robo, al chantaje, a la violación de campesinas, etc. Tal es el caso de lo ocurrido en la vereda de Los Tigres, donde murieron siete de estos personajes". Por su parte, los dirigentes del CRIC reivindicaron a sus compañeros muertos y afirmaron que "ellos el único pecado que habían cometido era tener una política independiente frente a las FARC, eran compañeros importantes en las recuperaciones de tierras".
Los enfrentamientos han seguido desde entonces. En la noche del 8 de octubre de 1982, por ejemplo, fue asesinado Ramón Julicué, dirigente indígena del resguardo de San Francisco, en compañía de su hijo Benito, de quince años. El Sexto Frente de las FARC volvió a explicar: "Otra banda similar a la de Los Tigres encabezada por Lisandro Julicué, quien contaba con serios antecedentes por robo y era también integrante del M-19. Desgraciadamente su hermano Ramón Julicué, persona esta inocente de los delitos de su hermano y por demás honorable y honrado, accidentalmente recibió el castigo que merecía su hermano". Los dirigentes del CRIC aseguran que "la verdad es que las balas iban para Ramón, que era quien se oponía a la intromisión de las FARC en los asuntos de los cabildos. Entre otras cosas porque conocían muy bien a Lisandro y pocos días antes lo habían herido también".
Pero en esa ocasión los indígenas no se contentaron con protestar, sino que respondieron. Algunos días más tarde un comando indígena -de cuyo núcleo saldría posteriormente el Quintin Lame- dio muerte a cuatro de los guerrilleros de las FARC que habían participado en los asesinatos. El CRIC los había denunciado con nombre propio, y en su periódico Unidad Indígena de octubre de 1982 había dado inclusive el nombe del Comandante Richard, quien mandaba el Sexto Frente de las FARC. Y es que, como explican en San Andrés de Pisimbalá, la prepotencia de las FARC frente a las comunidades indígenas ha venido creciendo. "Se pasean por los resguardos como Pedro por su casa y se meten a las reuniones de los cabildos con el fusil al hombro, intimidándonos y presionándonos, para que "les caminemos a ellos" cuenta a SEMANA un indígena. "Nos prohiben tener relación con otros grupos guerrilleros", señala otro, asistente a uno de los cursillos del CRIC, y agrega: "es que ellos son hegemónicos. Dicen que sólo ellos son la verdadera izquierda y que los demás lo que son es una partida de cuatreros".
El problema va más lejos. Hasta el punto de que, según afirman los dirigentes del CRIC, "existe una extraña alianza entre los terratenientes y las FARC". Sucede que los guerrilleros, a cambio de la "vacuna" que cobran a los hacendados, se comprometen a defenderlos de cuatreros y abigeos, pero esa defensa incluye también en muchos casos un seguro contra invasiones y recuperaciones de tierras por parte de los indígenas. Estos, por su lado, se niegan a tener en cuenta el grado de "colaboración" con las FARC que tengan los terratenientes para decidir si los invaden o no: lo hacen cuando la tierra está dentro de sus resguardos. Y cuando los guerrilleros pretenden aconsejarles a quienes deben invadir y a quienes no, replican que eso es asunto interno de sus cabildos. De ahí, explica el CRIC, vienen los asesinatos.
Pero la discrepancia no se limita tampoco al tema de las invasiones, sino que es más profunda. El CRIC afirma que las FARC, siguiendo instrucciones del Partido Comunista, están empeñadas en impedir que avance y se consolide la organización indígena. "Los guerrilleros nos dicen que no les creamos a los gobernadores de cabildo porque son "elementos atrasados de las masas", sino a ellos, que como son revolucionarios si saben cómo son las cosas", dice un indígena a SEMANA. "Dicen que los cabildos desaparecen con la revolución porque son una forma de organización primitiva", cuenta otro. "Dicen que cuando ellos hagan la revolución se resolverá el problema de la tierra", interviene otro. Y una mujer remata: "Lo que pasa es que esos comunistas también son racistas".
El enfrentamiento entre las FARC y los indígenas del Cauca es, pues, más antiguo y de mayor magnitud de lo que podría creerse. Lo que pasa es que los mismos indígenas han preferido mantenerlo más o menos oculto por temor a salir aún más perjudicados. Alvaro Tombé, del Comité Ejecutivo del CRIC, lo explica así: "preferimos aguantarnos a las FARC con su régimen de terror sin hacer mucho aspaviento, porque si no, se nos viene el ejército y eso es mucho peor". Pero si el CRIC guardaba esa actitud de cautela, la posición del Quintín Lame es mucho mas agresiva: se originó en la práctica como autodefensa frente a, los atropellos de las FARC, y no esta dispuesto a seguir dejándolos pasar por alto. Y sin embargo, también ahi los indígenas corren el riesgo de volver a ser el trompo de quines de las peleas entre "blancos". Porque el Quintin Lame se ha aliado con el Frente Ricardo Franco, la disidencia de las FARC. Y "francos" y "farolos" han prometido echarse bala en cuanto se vean. De modo que en esa verdadera guerra entre guerrillas pueden acabar, una vez más, los indígenas en sánduche.
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