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| 7/9/2012 12:00:00 AM

Toribío: cuatro días bajo fuego

Crónica de un testigo que vivió en Toribío el ataque de las FARC que sufrió este municipio de Cauca, que dejó 14 personas heridas, 40 casas afectadas y aproximadamente 800 desplazados.

Ráfagas de fusil y lanzamientos de bombas artesanales denominadas 'tatucos' impactaron primero en la estación de Policía y después en las viviendas de la población. Era jueves 5 de julio y el inicio de los ataques que sufrió la cabecera municipal de Toribío, municipio ubicado al norte del Cauca.
 
Ese día, el frente sexto de las FARC dio inicio a los fuertes hostigamientos que no terminarían sino cuatro días después.
 
Desde sus trincheras, la fuerza pública empezó a combatir el ataque, pero el posicionamiento de la guerrilla en los sitios más estratégicos alrededor del pueblo no les permitió sino tomar acciones para su propia defensa y de esta forma la guerrilla logró ingresar a tan solo dos cuadras del parque principal.
 
Al día siguiente, aproximadamente a las 12 del mediodía, ese frente de la guerrilla tomó control del eje vial que comunica el corregimiento del Palo (Caloto) con la cabecera de Toribío, y estableció retenes ilegales de registro y control de todo aquel que se movilizara por la zona, especialmente en el sitio conocido como el Pedregal. El retén ilegal se mantuvo de manera permanente por más de 24 horas.

El sábado Toribio conmemoró bajo fuego el aniversario de la chiva bomba que un año atrás dejó tres personas muertas, 103 heridas y más de 460 casas destruidas, las mismas que volvieron a verse afectadas en esta nueva toma. 
 
El reporte que este sábado hacían las autoridades era de 85 casas afectadas, tal y como lo reportó el personero municipal.
 
Los ataques de las FARC contra la cabecera municipal se prolongaron hasta el domingo 8 de julio del 2012, cuando las gentes, desesperadas por los efectos devastadores de la confrontación contra la población civil, resolvió a través de sus autoridades indígenas y la guardia indígena ir directivamente a los sitios donde se encontraba apostada la guerrilla en las montañas y cerros perimetrales con el fin de exigirles la suspensión de la agresión, y procedieron además a confiscarles material de guerra como los 'tatucos' por considerarlos los de peor efecto sobre la población civil.
 
El lunes y ya sin el ruido de las ráfagas, desde la 1:00 p.m. un grupo de 300 personas empezó a desarmar las trincheras que rodean la estación de Policía, y tiraron al río la arena de los sacos que sirven de barricadas, mientras otra comisión subió a la montaña para dialogar con la guerrilla de las FARC.
 
Los habitantes buscan desmontar las trincheras, ubicadas en el corazón de la cabecera, para que los ciudadanos no sigan siendo el blanco de los enfrentamientos.
 
Según el líder indígena Edilfredo Rivera, la acción de la población civil va dirigida a desmantelar la guerra porque "la gente está cansada de tanta guerra, de no poder trabajar, de que nuestros niños no puedan ir al colegio".
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