Jueves, 23 de octubre de 2014

| 2013/08/26 00:00

“Trabajaría como escolta de Timochenko”

El exalcalde Antanas Mockus reaparece y habla sobre el paro agrario, el proceso de paz, el gobierno de Santos y Petro.

Entrevista de Claudia Morales a Antanas Mockus. Foto: SEMANA.

Antanas Mockus tiene una de esas voces que jóvenes, políticos y medios reclaman con frecuencia. Y como hace largo tiempo no lo oímos, lo buscamos. Mockus tiene una vida activa como fundador de Corpovisionarios, organización que trabaja incansablemente en los temas de cultura ciudadana. El exalcalde no deja de opinar sobre temas nacionales, y su nombre vuelve a estar en la agenda política del país. Mockus, sin pelos en la lengua, habla de las negociaciones en La Habana, el Partido Verde, la revocatoria de Petro y la gestión de Santos. Asegura que volvería a la política cuando las FARC y el Gobierno firmen la paz, y va más allá: sostiene que trabajaría más de mil horas por las FARC y que sería “el escolta de Timochenko”. No está convencido de volver con el Partido Verde y, frente a la revocatoria, le aconseja a Petro hacerle contrapeso a la revocatoria sacando un afiche que diga “Revóquenme por soberbio”.
 
Semana.com: ¿Qué opina sobre la propuesta de referendo del Gobierno para que los colombianos refrenden lo que se negocie en La Habana?

ANTANAS MOCKUS: Lo lógico es que una vez firmada la paz e incorporadas como fuerza política, las FARC podrían proponer un referendo o una constituyente y sería la democracia la que definiría si se acoge la propuesta o no. Pero en este caso, lo que pienso es que las FARC sintieron que el Gobierno había mordido el anzuelo al ofrecer el referendo, en un afán de neutralizar la presión de algunos sectores especialmente críticos con el proceso de paz.

Semana.com: ¿Le gusta el referendo?

A.M.: Puede ser que las FARC no lo descarten, pero salir a hablar ahora del referendo es perturbador. Las FARC todavía se sienten muy débiles como para resistir ese mecanismo. Pero, por encima de eso, lo que pienso es que las FARC deben firmar muy pronto la paz.

Semana.com: ¿Por qué proponer un referendo si no hay qué refrendar?

A.M.: Porque el Gobierno está seguro de que puede ganar ese referendo.

Semana.com: Creo que es un mecanismo de presión para que las FARC no dilaten el proceso. Y a las FARC no les gusta que el Gobierno maneje los tiempos…

A.M.: Es como si usted y yo tuviéramos un noviazgo de conveniencia y estuviéramos pensando en casarnos. Entonces decidimos que manejaremos eso sólo entre los dos y que nadie más podrá meterse. Pero resulta que un día yo decido por mi cuenta consultarle a toda la familia si le parece o no lo del matrimonio. Es lo mismo con las FARC. El Gobierno salió a preguntarle al país si le parece bien el matrimonio con las FARC.

Semana.com: Ahora que recuerdo, en campaña usted dijo que no se sentaría a hablar con las FARC. Hoy, tres años después, dice que las FARC deben firmar rápido…

A.M.: Sí, claramente yo habría mantenido por un tiempo mucho más largo la presión militar y sobre todo la presión política social. Yo señalé oportunamente cómo Santos había tenido reuniones en Centroamérica con las FARC. Y el conocido periodista Jaime Bayly sacó en su programa las correspondientes imágenes de archivo. Santos se muere de las ganas de hacer la paz. Creo que muchos sentiríamos el mismo deseo. El peligro estaba en precipitarse. Cuando vi el acuerdo de las seis páginas y la facilitación de Noruega y de Venezuela, pues evalué y me dije: “A esto hay que meterle el hombro”.
 
Semana.com: Hablemos ahora de los paros en distintas zonas del país, con una situación especialmente grave en Boyacá. ¿Cuál es su visión del problema?

A.M.: No conozco ninguna sociedad que tenga tan incrustado el aprovechamiento implacable de los antecedentes y al mismo tiempo le tenga tanto temor a ese aprovechamiento. Si yo atiendo una huelga una sola vez con concesiones, viene la famosa expresión 'le midieron el aceite'. En este caso los cafeteros y los camioneros hace rato le midieron el aceite al Gobierno. Ahora, una vez entrados en gastos y con un buen comienzo, me parecería irresponsable no ayudar.

Semana.com: ¿Cómo evalúa la gestión del presidente Santos?

A.M.: Creo que yo pienso mejor de él que él de mí. Veo que hay un trabajo calculado y profesional en su equipo. Frente a lo demás, le pongo un ejemplo, a Pepe Mujica (presidente de Uruguay) se le ve el alma, se le ve lo que piensa. A Santos no.

Semana.com: Se aproximan las elecciones y es bueno saber si usted volverá a la política y, si lo hiciera, ¿estaría con los Verdes?

A.M.: Tener la oportunidad de trabajar con Corpovisionarios ayuda a que yo esté vigente y el balance es bueno. Estamos asesorando distintos gobiernos nacionales y extranjeros en proyectos de cultura ciudadana, que es lo que mejor sé hacer. Yo diría que sólo regresaría a la política si se concreta un proceso de paz.

Semana.com. ¿Le serviría la plataforma del Partido Verde para hacerlo?

A.M.: La agenda verde tiene un futuro inmenso en el mundo, pero en Colombia el Partido Verde no responde mucho a esta agenda y además enfrenta la amenaza del umbral. No creo que uno deba unirse a una colectividad para superar un umbral, que siento que es la razón por las que algunas voces piden que vuelva.

Semana.com: Hablemos hipotéticamente: El Gobierno sale en un par de meses asegurando que firmaron la paz en La Habana. Ahí estaría el escenario que usted me dice para regresar a la política. Entonces, ¿con quién lo haría?

A.M.: Yo pongo mi conocimiento a las órdenes de las FARC y del Gobierno en un eventual proceso de posconflicto. De hecho, las 1.000 horas que les ofrecí a las FARC ahora me parecen demasiado pocas. Lo que busco con mi ofrecimiento, en el fondo, es que ningún colombiano mate a algún miembro de las FARC, pues hay que pensar la paz desde el perdón y esa es una tarea que no hemos hecho. Tenemos que encontrar ejemplos grandes de generosidad los que aun cuando una de las partes dé papaya, la otra no la parta.

Semana.com: No lo veo convencido de los verdes…

A.M.: La campaña presidencial del 2010 es de las cosas más bellas de mi vida y tengo la memoria llena de recuerdos preciosos. Pero luego vino el funcionamiento de la dirección nacional del Partido y las reuniones semanales, y eso fue como haber tomado aceite de bacalao. Estaba en el lugar equivocado.

Semana.com: Se vería mejor trabajando por las FARC desde alguna organización ciudadana independiente y más distanciado de estructuras políticas?

A.M.: Quizá, aunque racionalmente sé que lo que se va a crear como estructura heredera de las FARC puede terminar siendo bacalao y medio.

Semana.com: Indudable. ¿Se ve entonces ayudando esa estructura?

A.M.: Sí, como escolta de Timochenko.

Semana.com: ¿Qué quiere decir eso?

A.M.: Es una especie de chantaje emocional. Necesitamos proteger las vidas de quienes se van a desmovilizar, entonces si usted se siente querido por una parte de la sociedad, puede usar el cariño que le tienen para proteger las vidas de quienes quieren volver ser parte de la sociedad desde la legalidad.

Semana.com: ¿Usted quiere apoyar a las FARC sin que eso signifique vincularse a un eventual partido político?

A.M.: Es una decisión demasiado grande para tomarla ya y para tomarla solo. Lo que estoy haciendo es explorar un camino más colectivo, quisiera demostrar que la política puede ser más que enemistad. Pero eso también significa que estaríamos en un ambiente de mucha sospecha.

Semana.com: ¿Sospecha por qué? Nadie puede tildarlo a usted de comunista, si es que eso es lo que le preocupa…

A.M.: Sobre esas antipáticas clasificaciones podrían decir que soy más de derecha, aunque si me preguntan a mí, respondería que soy educador. Desde la cultura ciudadana se pueden hacer muchos aportes a la construcción de la paz, construcción que apenas empieza con la firma de un acuerdo. Espero que las FARC no entren a hacer política de la más tradicional.

Semana.com: Hablemos de la revocatoria del mandato de Petro. Muchos bogotanos creen que esa es la solución de los males de la ciudad…

A.M.: Eso toca un punto que es la calidad de gestión y discurso político. La mayoría de los candidatos quieren poner una fuerza política al mando y pareciera que su obsesión se agota en llegar al poder. Ahí está el error y es el mismo que comete Petro. Yo creo que si uno gana unas elecciones nacionales o locales, debe usar ese poder para ponerse al mando de lo mejor que tiene la sociedad para resolver problemas.

Semana.com: Con ese error detectado, ¿se justifica la revocatoria?

A.M.: Petro es relativamente bueno reclamando persecución, se victimiza y en ese sentido el intento de revocatoria se puede volver un búmerang. Pero el remedio puede no llegar a donde se pretende que llegue. Mire, lo que pasa es que quiero demasiado a Petro para ser neutral, pues de alguna manera mi inicio en la política se da por una invitación de él. Lo que Bogotá necesita es que al alcalde le vaya mejor y hay que exigirle que termine bien su mandato.

Semana.com: ¿Exigirle cómo?

A.M.: Petro me parece honrado, pero se equivoca viendo como político temas que hay que ver con ojos de los técnicos. Frente a la revocatoria, lo que él debería es tener un gesto improbable y generoso, que es invitar a su propia revocatoria luego de hacer un balance de sus errores.

Semana.com: Estoy de acuerdo con una cosa, en que ese es un gesto improbable, entre otras cosas, porque percibo en el alcalde a una persona soberbia.

A.M.: Imagínese un afiche lindísimo que diga: “Revóquenme por soberbio” (risas).

Semana.com: Usted está pensando con el deseo.

A.M.: Pero hay que pensar así. ¿Qué podría pasar con ese afiche? Pues que no lo revocamos y saldría en hombros. Lo que más necesita la sociedad colombiana es autocrítica.

Semana.com: Profesor, Petro no se autocritica.

A.M.: El día que haga el milagro de autocriticarse, ganará. Esto tiene mucho que ver con la paz. Por ejemplo, si las FARC dijeran sí al referendo, las simpatías se moverían hacia ellas.

Semana.com: No entiendo la relación.

A.M.: Acabo de ver que lo de Petro es mucho más importante de lo que yo creía y lo veo ahora a partir de esta conversación con usted. Si las FARC llegan a la política, no pueden ignorar lo técnico, pues la esencia de la administración pública tiene una jerga que a veces es imposible de entender. Le digo que a mí, que estuve adentro, lo que me salvó fueron mis equipos. Por eso los guerrilleros tienen que prepararse para gobernar con los tecnócratas que tiene Colombia, y ellos con las FARC. Lo de Petro demuestra que se han excluido esos dos mundos. Es un tema sociológico.

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