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| 5/29/2014 12:00:00 AM

Los 10 días que estremecieron a Fundación

En 250 kilómetros entre Barranquilla y Fundación se formó una calle de honor para despedir a los niños.

El pasado 28 de mayo fue la dolorosa despedida de 28 de los 33 niños muertos en el fatídico paseo religioso en Fundación, Magdalena. El camino de regreso a casa fue una calle de honor de 250 kilómetros desde Barranquilla hasta el municipio donde murieron.

Los habitantes de Fundación no olvidarán el miércoles 28 de mayo del 2014. Ya tenían registrado para siempre en su calendario el 18 de mayo como el día fatídico, el día en el que un bus ardió en llamas con sus 57 niños adentro sin que nadie pudiera hacer nada. De ellos, murieron 33, 18 lograron salvarse y otros nueve, incluidos dos adultos, están luchando por sobrevivir. 

En los 10 días que han pasado desde el accidente, las vidas de 50 familias cambiaron para siempre. Viven sin sus hijos, vivirán tratando de entender por qué les ocurrió eso a ellos. El pasado miércoles fue una prueba de afecto. El municipio entero fue al cementerio a despedir a los niños y abrazar a sus adoloridas familias.

La larga e interminable calle destapada que lleva al cementerio nuevo era una marcha blanca de afectos y dolor. El tren -que transcurre paralelo- se detuvo, el agua se acabó y hasta el presidente y su familia los acompañaron para darles el sentido pésame.

A las 9:30 a. m., las familias comenzaron a bajar de las lomas del barrio Faustino a la calle ancha del barrio Altamira, donde 15 busetas los esperaban para llevarlos a encontrarse con la caravana que había partido de Medicina Legal en Barranquilla con los cuerpos de los niños cada uno en su ataúd, transportados en unos vehículos de criminalística. El encuentro sería en la curva de Aracataca.

Las dos caravanas debían encontrarse más o menos a las 11:00 a. m., como tarde a las 12:00 m. Los padres de los niños bajaron acompañados de los abuelos, de los hermanos, de primos, de otros familiares, de los vecinos. Todos vestían de blanco y cada familia llevaba un distintivo por delante: un pendón con las fotos de sus hijos y una leyenda.

Los padres pudieron estar muy pocos minutos con sus hijos antes de darles sepultura en Fundación, Magdalena. Fotografía: Gustavo Torres Arrieta.

La caravana salió de Barranquilla a las 8:00 en punto, después de un minuto de silencio, en medio de los aplausos y ojos llorosos de transeúntes que se agolparon en las afueras de medicina legal y lloraban a estos 33 niños sin haberlos conocido. Pero con lo que no contaban los funcionarios de Medicina Legal y los acompañantes que escoltaban la caravana era con que en los siguientes 250 kilómetros entre Barranquilla y Fundación se hubiera formado una calle de honor para despedir a estos niños, para decirles que siempre los recordarán, que lo que les ocurrió a ellos pudo haberles pasado a otros hijos de otros pueblos, de otros barrios pobres de nuestro país. La caravana iba muy despacio.

Entre Pueblo Viejo, Tasajera y Ciénaga casi no los dejan pasar, querían quedarse con ellos. Los niños de la escuela y sus maestras, los pescadores, los mototaxistas, hasta los políticos tuvieron corazón para marchar u ondear una banderita blanca o un pañuelo. 

En Ciénaga se quedó el ataúd de Belkis Johana Paut, que continuaba su peregrinación hasta Riohacha y de ahí a Paraguachón, pues sus padres viven en Venezuela y su sepelio lo harán allá. Otros dos cuerpos fueron trasladados a Santa Marta; una niña se quedó en Barranquilla y ya había sido sepultado José Antonio Pabón Mozo, un niñito de 7 años que tenía quemaduras en el 95 % de la superficie de su cuerpo y, después de luchar durante seis días, murió el pasado viernes y fue sepultado el sábado en Fundación. Los otros 28 cuerpos llegaron el pasado miércoles a Fundación para ser entregados a sus padres y sepultados en un lugar especial para ellos.

Luego, vino el paso por todos los corregimientos de Zona Bananera, La Gran Vía, Guamachito y Tucurinca, donde la gente estrechó la vía para expresar su dolor. El paraje final fue Aracataca, donde la caravana de los padres se encontró con la caravana de los hijos para seguir todos hacia Fundación.

A diferencia del pasado miércoles 20 de mayo, cuando regresaron de Medicina Legal en Barranquilla a donde habían ido a identificar a sus hijos o a entregar una muestra para el cotejo de ADN, este miércoles los padres asumieron con valor la pérdida de sus hijos. Tenían sus rostros dolidos pero endurecidos por la inevitable resignación. 

Los pendones que portaba ayer cada familia tenían mensajes, unos cortos, otros largos, palabras de dolor o de agradecimiento con sus hijos por haber tenido el privilegio de ser sus padres. Algunos padres seguían sorprendidos por la pérdida, otros esperanzaban un reencuentro y todos portaban mensajes diciéndoles a sus hijos que los aman, que los amarán, que serán parte de su historia, que no los olvidarán, que siempre estarán en sus corazones, que aunque físicamente no compartan con ellos, espiritualmente sí estarán y seguirán viviendo en sus familias.

Los padres recibieron los cuerpos en unos ataúdes blancos, sellados, con unas fotos en la parte superior de los féretros. Fotografía: Gustavo Torres Arrieta.

A Kendry y a Keilyn Bonnet, de sus padres: ‘Princesas, siempre estarán en nuestros corazones, será tan hermoso recordarlas. Que Dios y la Virgen de Guadalupe las colme de bendiciones’. A Selena Urbina: ‘Cómo olvidar todo lo que compartimos, tu risa, tu forma de ser, le damos gracias a Dios por permitirnos compartir contigo así haya sido muy corto el tiempo’. Son fragmentos de mensajes más extensos, a Charit Barrios: ‘Serás la brisa que besará nuestros rostros, un recuerdo dulce que acude a nuestras memorias, serás una página bonita en toda nuestra historia. Angelita del cielo, te llevamos en el alma’. 

A Lucas y a Breiner, hijos únicos: ‘El tiempo sigue pasando y siempre guardamos la esperanza de volver a verlos con nosotros como si todo hubiera sido un sueño, pero siguen ahí en el mismo lugar que dejaron al partir porque viven en nuestros pensamientos y en nuestros corazones’. A Luz Nais: ‘Hijita mía, con todo el dolor de mi alma te deseo que estés bien. Hijita linda, me dejas un dolor muy feo, jamás pensé que me dejarías sola, te pido que desde el cielo nos veas y que no estés triste, hija mía, te quiero mucho’.

Un día largo y caluroso. A las 10:00 a. m., cuando comenzaron a abordar los buses, la temperatura era de 33°C, había un sol radiante y el sopor por la humedad hacía más pesada la atmósfera, aunque para los habitantes de Fundación es normal esa temperatura. No es calor, es fogaje.

Finalmente, los padres recibirían los cuerpos de sus hijos, 10 días después de haberse calcinado en un inocente paseo de barrio al templo. Y recibieron los cuerpos en unos ataúdes blancos, sellados, con unas fotos en la parte superior de los féretros.

Durante estos 10 días, las familias han estado acompañadas de una docena de entidades municipales, departamentales y nacionales que les ayudan a entender qué fue lo que pasó. Sicólogos del Ejército, del ICBF, de la Unidad para las Víctimas, de la Unidad de Riesgo y Huellas, entre otras. Pero no ha sido fácil. Los niños que sobrevivieron no quieren salir de sus casas, no duermen y cuando los tienen que llevar a hacerles algún examen y suben a una buseta, entran en pánico.

A la 1:50 p. m. llegó la caravana con los cuerpos de los niños y las busetas con los padres. El río de gente que quería ingresar al cementerio estuvo a punto de derribar las puertas. Adentro la gente se desmayaba por el calor y la falta de agua, los de la Defensa Civil corrían de un lado a otro, varios reporteros que vinieron de Bogotá cayeron desmayados al no resistir la fuerte temperatura y la larga espera. Los padres comenzaron a ingresar bajo las carpas donde se realizaría la homilía. A un lado estaba la pequeña capilla donde ingresarían los 28 ataúdes. A las 2:00 p. m., con 35 °C y una humedad insoportable, la gente se derretía, pero permanecían de pie. Los padres y familiares lloraban inconsolables, en silencio.

Pasadas las 3:00 p. m., los helicópteros presidenciales comenzaron a sobrevolar sobre Fundación, pero ya la misa había empezado. Este sepelio comenzó hace 10 días y los padres querían recibir a sus hijos y darles sepultura. El presidente Santos, acompañado por su esposa, sus hijos, el ministro de Salud y el gobernador de Magdalena, entró al cementerio, en momentos en que los sacerdotes católicos y pastores de la iglesia cristiana a la que pertenecían los niños celebraban la misa. Uno de ellos expresó a los presentes el sentimiento del primer mandatario, quien se despidió terminada la homilía. Al final, las familias comenzaron a ingresar a la pequeña capilla a abrazar los féretros.

Pero el sepelio de esos niños no terminó este miércoles. Pasarán muchos años, de pronto décadas, para que esta historia, la amarga e insoportable muerte de estos niños, quede sepultada definitivamente en la memoria de nuestros pueblos calenturientos y después sólo sea el recuerdo de algún habitante de la población, quizás un amigo o un hermano de los niños, quien mantendrá viva la llama de la muerte de 33 inocentes que murieron el día menos pensado, precisamente el día que iban a hablar con Dios.
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