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| 1/5/1998 12:00:00 AM

TRAPITOS AL SOL

De cómo Liliana Cáceres subió a los cielos y bajó a los infiernos por cuenta de un embarazo ficticio.

Todo comenzó con un simple rumor. De esos típicos de la Costa Caribe colombiana. Un día cualquiera de finales de noviembre el periodista Manuel Pérez llegó a la redacción del periódico La Libertad de Barranquilla, donde trabaja como redactor judicial, y contó que en una de sus rondas matinales por los hospitales de la ciudad se había encontrado a la mujer embarazada con la barriga más grande del mundo. "La barriga es tan grande que parece de mentira", dijo Pérez a sus compañeros de redacción. Al día siguiente uno de los reporteros del diario, impresionado por la narración que había hecho Pérez, decidió buscar a la mujer por toda la ciudad. La encontró en el barrio Nueva Colombia, un populoso sector de la ciudad de calles destapadas, niños descamisados y familias numerosas y hambrientas. Cuando la vio quedó mudo. La barriga de Liliana Cáceres, una jovencita de escasos 16 años, era verdaderamente impresionante. Sentada no cabía en la silla de mimbre que le ha-bían acondicionado en la sala de la casa de su suegra, Georgina Altahona, parada escasamente podía pasar por la puerta principal de la casa y acostada su figura voluminosa ocupaba la cama doble donde dormía. "Para mí las noches son interminables. Siento que me ahogo. A veces me despierto a las dos o tres de la madrugaba y le digo a mi marido que me acomode la almohada porque no soporto el peso de tantos muchachitos dentro", dijo Liliana a los periodistas cuando la noticia sobre su embarazo le había dado la vuelta al mundo y su caso estaba siendo comparado con el de la familia de Bobbi y Kenny McCaughey's, los esposos que recientemente fueron padres de siete niños en Estados Unidos.La narración de la joven era coherente y, si se quiere, creíble. "Durante el día es el mismo fastidio. Quisiera tener siempre un abanico en las manos para echarme fresco y espantar tanta sofocación. Hay días que me baño hasta tres veces. Aunque sólo tengo seis meses de embarazo siento que no puedo soportar más. El médico que me ha atendido todos estos días me dijo que un caso como el mío se da una vez cada 100 años. Estoy pesando 104 kilos. El doctor dice que son tres niños y tres niñas".Los antojos Pero si para Liliana su situación se estaba volviendo insoportable, para la familia de su esposo, el joven Alejandro Ferrans, era poco menos que dramática. Sus antojos amenazaban con acabar la poca comida que había en la casa. Desayunaba, almorzaba y comía hasta dos y tres veces al día.Los antojos de Liliana no se parecían en nada a los de Sandra, su cuñada, que también se encontraba embarazada y quien siempre se mostró menos caprichosa. Cuando el desayuno eran huevos revueltos, Liliana se ponía de mal genio porque, según ella, el olor le daba mareos. "Hasta se paraba de la mesa y salía a vomitar. Tocaba prepararle carne o pollo", dijo a SEMANA la suegra de Liliana.Andrés Ferrans, suegro de Liliana, también estaba feliz con la posibilidad de ser abuelo de seis muchachitos. Inclusive era quien más se esmeraba para que a su nuera no le faltara nada. "Mija, a Liliana hay que mantenerla muy bien porque si se nos muere durante el parto van a decir que nosotros somos los culpables por no darle comida suficiente", le decía a su esposa.Con la ropa pasó algo muy parecido. Al comienzo le compraron una bata grande para que se sintiera cómoda. Al poco tiempo la bata le quedó pequeña y debieron comprar un nueva que, como era natural, a medida que le crecía la barriga le fue quedando estrecha. "Mira mi amor. Yo no sé qué vamos a hacer pero si a ti te sigue creciendo la barriga de esa manera tan desproporcionada yo no voy a tener plata para comprarte una bata más", le decía la suegra entre resignada y preocupada. Cuando la señora Georgina se enteró por boca de la propia Liliana que sus nietos iban a ser seis, gastó sus últimos ahorros y le compró ropa nueva a los niños. Tres azulitos, para los varones, y tres rosaditos, para las niñas. Al final del embarazo, cuando su abdomen adquirió dimensiones descomunales, los hombres más fuertes del barrio se turnaban para cargarla y pasearla en la mecedora que le habían acondicionado."Parecía la Mamá Grande de García Márquez", dijo a SEMANA Jacinto Benavides, profesor de primaria del barrio Nueva Colombia.A Alejandro Ferrans, quien había empezado a despertar la admiración de los jóvenes y la envidia de los ancianos por su evidente capacidad amatoria y quien ya era conocido en toda la ciudad con el remoquete de 'Macho Man', le llegó una época de abstinencia sexual. Después del tercer mes de embarazo Liliana no le permitió que se le acercara porque, según ella, "tanto movimiento le puede hacer daño a los pelaos". Ante sus amigos, sin embargo, alardeaba de que ni siquiera el embarazo de Liliana había logrado frenar sus ímpetus sexuales porque para él semejante barriga no era impedimento para que cumpliera con sus deberes.


La farsaLo que nadie en Barranquilla llegó a imaginarse era que toda la historia no era más que una farsa, producto de la prolífica imaginación de la joven. Ni siquiera los médicos más reconocidos dejaron de morder el anzuelo. El doctor Miguel Patiño Diazgranados, gerente del hospital universitario de la ciudad, a donde había sido trasladada la inquieta Liliana cuando se daba por hecho su alumbramiento, tampoco aguantó las ganas de anunciarle al mundo la proximidad del parto. En un informe que leyó a los medios de comunicación, luego de que la paciente ingresara al centro asistencial el 28 de noviembre pasado, el doctor Patiño Declaró que Liliana tenía una "impresión diagnóstica de embarazo múltiple de más o menos 30 semanas de gestación". Además agregó que "no se ha determinado todavía cuántos bebés tiene. Se trata de un embarazo de alto riesgo. Un equipo interdisciplinario de nuestra institución se está haciendo cargo del caso y tenemos en estos momentos toda la dotación para que si se llega a presentar en las próximas horas el parto de la señora podamos atenderla como se lo merece. La paciente está estable. El grupo de científicos que la está atendiendo tiene la situación controlada". El sábado 29 de noviembre, poco después del medio día, cuando los médicos decidieron practicarle una ecografía aun en contra de su voluntad, descubrieron todo el pastel. No había ningún embarazo. Lo que Liliana Cáceres, la mujer que había despertado la solidaridad de medio país, tenía en su estómago eran sólo trapos. Ropa usada. Ante el estupor de los médicos y de la suegra comenzaron a aparecer pantalones, pantalonetas, medias, toallas, camisetas y hasta un pin de bolos que hacía las veces de ombligo de la embarazada. Todos estaban perfectamente acomodados en la barriga de la joven, quien los había colocado dentro de una licra bastante resistente.Liliana Cáceres jamás se había practicado un examen de embarazo. Siempre habló de una supuesta ecografía en la cual aparecían los seis niños pero nadie la vio, las fórmulas médicas que mostró como prueba de su estado de gravidez eran todas falsas. Ningún médico la había examinado. Nadie había palpado su abdomen. Es más, aparte de su escandalosa barriga, no mostró nunca ningún síntoma de embarazo, ni siquiera los pies se le inflamaron. A pesar de esto todos creyeron su versión de forma incondicional. Desde los medios de comunicación hasta el propio gobernador del departamento, quien le ofreció un puesto al futuro padre para que pudiera "mantener a esas criaturitas".
Hoy en día la historia de Liliana Cáceres y su embarazo múltiple hace parte de la comidilla de la ciudad. Ella, en un comunicado público, ofreció disculpas a la ciudadanía por su comportamiento y pidió perdón a sus familiares. Según Liliana, todo lo hizo por amor a su marido. Alejandro Ferrans, el tristemente célebre 'Macho Man', tiene que soportar la burla de sus paisanos y sin duda el suyo será uno de los disfraces más populares del próximo carnaval de Barranquilla. Los médicos no saben cómo explicar el 'globoso abdomen' que mostraba Liliana y está seriamente cuestionada su capacidad profesional. La moraleja que deja toda esta historia es bien sencilla. Manuel Pérez tenía razón: la barriga de Liliana era tan grande que parecía de mentira.
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