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| 5/19/2012 12:00:00 AM

Tras bombazo en Bogotá, viene una onda política expansiva

Aunque no exista claridad todavía sobre la autoría intelectual del atentado contra el exministro Fernando Londoño, sus consecuencias en el mundo político se sintieron de inmediato y seguirán haciendo estragos.

A pocas horas del bombazo del pasado martes contra el exministro Fernando Londoño, las redes sociales se inundaron con los mensajes de miles de colombianos que repudiaron el acto terrorista. Una pequeña porción de estos, en especial la de los políticos cercanos al uribismo, rechazaba no solo el atentando sino también una iniciativa de ley que se discutiría esa misma noche en la Cámara de Representantes: el marco jurídico para la paz. Uno de estos tweets provino del propio expresidente Álvaro Uribe: "Bogotá en sangre y el gobierno clientelista presionando a la Cámara para aprobar la impunidad y elegibilidad de los delitos atroces".

Si bien los esfuerzos del bloque uribista para descarrilar la reforma constitucional fracasaron ante la contundente votación, el paso del polémico proyecto constituye el primero de una escalada de efectos en el corto y mediano plazo de ese día de terror en Bogotá.

Aunque en primera instancia la Casa de Nariño ganó el pulso legislativo del marco, a la larga el esfuerzo de sentar las bases para un eventual proceso de paz quedó herido. El pasado viernes el presidente Juan Manuel Santos señaló de manera inequívoca a las Farc como las responsables del carro bomba contra la Policía que se encontró en el centro de la capital, mientras que dejó la puerta abierta a otras hipótesis en el ataque contra Londoño. Esta declaración tanto enrarece el ambiente político para los siguientes debates del acto legislativo como fortalece la postura de los críticos a la estrategia de seguridad del gobierno.

No será fácil para los senadores abordar propuestas como la vocería política de los guerrilleros si estos demostraron que mantienen cierta capacidad de impactar el corazón bogotano. Primero el secuestro del periodista francés Romeo Langlois y ahora este fallido carro bomba cierran aún más la pequeña rendija hacia el diálogo que la administración Santos ha insistido en mantener abierta por año y medio.

La percepción pública frente a la seguridad sigue deteriorándose. La más reciente encuesta Colombia Opina registraba en 51 por ciento la proporción de colombianos que desaprueba la gestión del presidente en esta materia. Lo más probable es que la zozobra generada por los hechos de la semana pasada terminará por golpear aún más los índices de aceptación del Ejecutivo. Precisamente de esa molestia generalizada se alimenta la creciente oposición liderada por el expresidente Uribe.

De hecho, la tendencia uribista sale fortalecida y reivindicada. El atentado contra uno de sus representantes más reconocidos confirma que, sin importar el origen de las bombas, los enemigos del exmandatario quieren acallar su ideología. Así mismo, la violencia terrorista ratifica uno de los cargos más agresivos que Uribe endilga a Santos: el descuido del 'huevito' de la seguridad democrática.

La seguridad nacional se encuentra hoy en el corazón de las crecientes diferencias entre el santismo y el uribismo. Ese es uno de los pocos mano a mano en que el presidente Santos no tiene todas las de ganar. Los actos terroristas de la semana pasada lo empujaron a tragarse dos grandes sapos. El primero, con la incapacidad de proteger la integridad física de las cabezas más visibles de su oposición, y el segundo, al reconocer que las estructuras guerrilleras son todavía capaces de atentar en Bogotá con cierto grado de simultaneidad y sofisticación. Mientras los indicadores del conflicto no mejoren sustancialmente, el discurso de Uribe, sumado a su carisma y a su gran aceptación nacional, seguirán siendo la oposición más dura al gobierno.
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