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| 6/20/2015 10:00:00 PM

Tratan de imponer orden en la Casa de Nariño

Las renuncias de Néstor Humberto Martínez y el general Óscar Naranjo confirman que la nueva cara de la Casa de Nariño aún no cuaja.

El martes pasado en Oslo, el presidente Juan Manuel Santos dijo en un discurso sobre paz: “Podemos decir que, en la práctica, el posconflicto ya comenzó en Colombia”. Casi simultáneamente, a más de 9.000 kilómetros cruzando el océano Atlántico en Bogotá, el recién creado Ministerio del Posconflicto se quedaba sin su primera cabeza tras solo nueve meses de instaurado. La renuncia del general retirado Óscar Naranjo se sumó a la del exministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, y ha puesto en entredicho la eficacia de la ‘nueva’ Casa de Nariño, lanzada en agosto pasado.

Una de las primeras reformas con las que arrancó el segundo mandato de Juan Manuel Santos tocó el corazón mismo del gobierno: la Presidencia de la República. Dos decretos, el 1647 y 1649 del pasado 2 de septiembre, diseñaron la nueva estructura con la que funcionaría la Casa de Nariño. El primero le otorga al vicepresidente Germán Vargas Lleras la “coordinación intersectorial e interinstitucional” de los proyectos de vivienda e infraestructura y de renovación urbana. El segundo decreto cambia el nombre de “secretario general” por el de “ministro de la Presidencia” y crea tres despachos de “ministros consejeros”.

Santos nombró a Néstor Humberto Martínez como primer “ministro de la Presidencia” y justificó la medida como una adaptación del modelo británico de Tony Blair. La idea original era que Martínez se desempeñaría como una especie de primus inter pares dentro del gabinete: un ministro como los demás pero con mayor cercanía, poder e interlocución con el primer mandatario. El recién estrenado chief of staff o jefe de gabinete de Santos duró ocho meses y, tras su salida, la Presidencia anunció que estaría revisando la continuidad de la figura.

El otro objetivo de reforma tocó el modelo de funcionamiento de la Casa de Nariño. En vez de muchas consejerías específicas, los temas se concentrarían en los tres nuevos ministros. María Lorena Gutiérrez quedó a cargo de la Consejería del Gobierno y Sector Privado mientras que Pilar Calderón fue designada ministra de Comunicaciones. Al general Naranjo, que alcanzó a acariciar la candidatura vicepresidencial en enero del año pasado, lo nombraron como el nuevo ministro consejero para el Posconflicto, Derechos Humanos y Seguridad. Martínez, Gutiérrez, Calderón y el general Naranjo conformarían ese cuarteto más cercano al presidente Santos.

No obstante, las salidas de Martínez y de Naranjo cortaron dos de esas cuatro patas de la mesa. En cuestión de nueve meses, dos de las principales caras de la nueva Presidencia renunciaron y el modelo entero está en cuestión. El viernes pasado, el presidente reafirmó su compromiso con el Ministerio de la Presidencia y la nueva estructura al nombrar a María Lorena Gutiérrez, su competente mano derecha desde el primer mandato. Sin embargo, cabe preguntarse para qué someter a la Casa de Nariño a una ambiciosa reestructuración para en nueve meses devolverle las riendas a Gutiérrez. Queda en el aire la impresión de que la reforma a la Presidencia se diseñó más para acomodar el perfil político de Néstor Humberto Martínez que por razones más institucionales.

En segundo lugar, la vacancia en el Ministerio para el Posconflicto también es problemática. Si bien el general Naranjo continúa vinculado a la Mesa de negociaciones de La Habana, el mensaje que envía su renuncia al cargo en la Presidencia es de confusión. Si al posconflicto se le da tanta importancia como para nombrar a Naranjo, ¿por qué el gobierno lo deja irse después de solo nueve meses? El dilema presidencial continúa: el sustituto de Naranjo debe ser de un alto perfil similar o acabar con el Ministerio para el Posconflicto. Decida lo que decida el presidente Santos, es momento de poner la Casa en orden.
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