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| 10/15/2011 12:00:00 AM

A tres bandas

La posición de Colombia sobre Palestina busca un equilibrio casi imposible entre varios objetivos, todos deseables pero a veces contradictorios.

Mahmud Abbas visitó al presidente Juan Manuel Santos el martes pasado y, según El Mercurio de Chile, "la visita tuvo poco eco". No es exagerado decir que el encuentro Santos-Abbas generó más atención por fuera del país que en Colombia.

Tampoco es raro. El viaje no produjo noticia: como era previsible, Abbas reiteró la solicitud del apoyo de Colombia a sus esfuerzos por que Palestina sea admitida como miembro pleno en la ONU, y Santos repitió -en lenguaje diplomático- que no votará a favor de esa causa en el Consejo de Seguridad, porque considera que ese objetivo debe lograrse mediante una negociación directa entre palestinos e israelíes y no como resultado de una resolución. El gobierno colombiano ha dicho que de nada sirve un reconocimiento formal del Estado palestino que no conduzca a la paz, y ha hecho un paralelo entre el momento actual y la situación que se produjo en 1947, cuando la ONU aprobó la partición del territorio en dos Estados. La historia demuestra que esa decisión -en la que Colombia también se abstuvo­- aclimató una convivencia pacífica entre israelíes y palestinos.

Sin embargo, aunque en un país que se interesa poco por los asuntos globales -el célebre Tíbet sudamericano- la actual coyuntura no genera interés, la comunidad internacional está pendiente de Oriente Medio y tiene puesto el ojo sobre Colombia porque su voto en el Consejo de Seguridad podría ser decisivo. Se calcula que Palestina tiene asegurados ocho de los nueve que necesita para alcanzar la mayoría requerida en favor de su petición -y que obligaría al anunciado veto de Estados Unidos-. El de Colombia sería el noveno y el consiguiente veto estadounidense impediría la aprobación de la resolución, pero sería un triunfo político e histórico para los palestinos.

La posición colombiana es minoritaria. En América del Sur, todos los demás reconocen el Estado palestino, incluido Brasil, que es el otro país de la región con asiento en el Consejo de Seguridad. Y en el contexto global, la posición colombiana tiene todavía menos apoyo. Se estima que si Palestina logra en el Consejo de Seguridad su ingreso a la ONU, la Autoridad Palestina le solicitará a la Asamblea General que le eleve su categoría y se la equipare a la del Vaticano. Allí Colombia tendría que votar de nuevo. "En ese contexto, el país debería apoyar la solicitud palestina", le dijo a SEMANA el excanciller Guillermo Fernández de Soto. Según Fernández, la actual petición de los palestinos "no tiene las mismas características históricas de 1947".

El dilema que enfrenta el gobierno de Juan Manuel Santos tiene varias aristas. Se parece al del mago de circo que tiene que cuidar al mismo tiempo varios platos girando sobre una mesa. Por una parte, para Colombia es crucial su relación con Israel, que se ha estrechado en los últimos años con una intensa cooperación en el tema de seguridad. Colombia ha importado armas y aviones KFir de combate israelíes, ha negociado fusiles y tiene programas de capacitación en inteligencia. Buena parte de estos vínculos fueron construidos por Santos cuando era ministro de Defensa del gobierno de Álvaro Uribe. No menos estratégico para Colombia es acompañar a Estados Unidos, con el cual ahora tiene un TLC y una sólida alianza de una década.

Pero la diplomacia colombiana también ha hecho esfuerzos por acercarse a América Latina y cerrar el aislamiento que llegó a tener hace algunos años, y no le conviene dar un paso atrás en esta dirección. También le conviene mantener lazos en el campo global, porque Santos quiere crecer el perfil diplomático del país. Matricularse con el bloque minoritario en el gran tema del momento puede tener costos.

Son muchos los platos que tiene que mantener de pie. La pregunta es si logrará la magia con el discurso de apoyar la negociación directa entre las partes, el forzado paralelo con 1947, la abstención en el Consejo de Seguridad y el voto pro Palestina en la Asamblea General. Mantener todos los platos enteros sería una verdadera proeza diplomática.
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