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| 2/26/2001 12:00:00 AM

Tres son compañía

El abogado que perdió el caso de TermoRío protagoniza ahora una película de contratos millonarios junto con el Superservicios y una ex empleada de esa entidad.

La primera vez que Marino Zuluaga Botero salió a la luz pública fue la semana pasada cuando su nombre apareció como el de uno de los protagonistas principales del espinoso tema de TermoRío. Zuluaga fue el abogado designado para defender a la Electrificadora del Atlántico de la demanda interpuesta por TermoRío en un tribunal de arbitramento de la Cámara de Comercio de Barranquilla. La electrificadora, y en consecuencia la Nación, perdieron el caso y deben pagar a TermoRío 60 millones de dólares como indemnización.

Sin embargo una investigación de la Contraloría General de la República permite deducir que el nombre de Zuluaga será cada vez más difícil de olvidar para los colombianos debido a su papel en contratos millonarios.

Durante una serie de investigaciones desarrolladas por el organismo de control en cinco de las ocho electrificadoras de la Costa se descubrió que en tan sólo siete meses los liquidadores le dieron a Zuluaga seis contratos que suman 3.291 millones de pesos (ver recuadro). Para los investigadores este hecho comenzó a despertar una serie de interrogantes que consignaron en un informe: “ ¿Cómo un abogado residente en Bogotá y poco conocido podía celebrar contratos para atender negocios en los departamentos de la Costa Atlántica? ¿Es tan escaso el número y la calidad de los profesionales costeños residentes en la región?” . Como resultado de esas indagaciones la Contraloría logró establecer un vínculo entre el actual superintendente de Servicios Públicos (SSP), Enrique Ramírez, el abogado Zuluaga y la ex intendente de Entidades Intervenidas y en Liquidación de la SSP, Marlén Valderrama Rodríguez.



‘Friends’

Según el informe de la Contraloría “ …se nota que lo primero que hace el Superintendente al posesionarse en su cargo (el 18 de agosto de 1998) es llevar a Zuluaga a la Superintendencia…” . En efecto, el 17 de septiembre, Zuluaga firmó un contrato de asesoría jurídica con la Superservicios.

El 28 de enero de 1999 Zuluaga expidió una certificación a Marlén Valderrama, en la que afirma que ella había trabajado ininterrumpidamente con él desde hace 14 años. Cuatro días después Ramírez nombró en el cargo de intendente de entidades intervenidas y en liquidación a Valderrama. Este puesto es importante ya que tiene a su cargo todo el proceso administrativo y control de las entidades intervenidas, entre ellas las electrificadoras de la Costa.

“Zuluaga y Valderrama eran uña y mugre” , dice una funcionaria de la Superservicios que trabajó allá cuando Valderrama fue nombrada. Y un funcionario de un juzgado de Bogotá dijo a esta revista que por muchos años Valderrama y Zuluaga llevaban pleitos de menor cuantía en esos despachos.

Según los investigadores, una semana después de que Valderrama ocupara su nuevo cargo, a su ex jefe Zuluaga le otorgaron el primer contrato en la Electrificadora del Magdalena por un valor de 237,8 millones de pesos. Y un mes después le dieron un contrato por la astronómica suma 2.596 millones para defender a la Electrificadora del Atlántico en la demanda de TermoRío.

El superintendente Ramírez dijo a SEMANA que la contratación de Zuluaga está lejos de cualquier sospecha porque “ lo importante es que la persona que se contrata en cualquier nivel sea exigente, tenga los requisitos necesarios para desempeñar el contrato y cumpla con su trabajo” , afirma el funcionario.

Ramírez admite que él es amigo de Zuluaga desde hace años pero no entra en detalles. Sin embargo un compañero de estudios de los dos sí recuerda que ambos cursaron derecho en la Javeriana y que eran “amigos de parranda”, según dijo a SEMANA.

Otra fuente sostiene que vio a Ramírez en reuniones familiares de los Zuluaga. En pocas palabras, Ramírez contrató a un gran amigo como su asesor en la Super y, a la vez, los liquidadores de las empresas bajo jurisdicción de la misma Super le dieron otros tantos contratos.

La Contraloría cuestiona además que Zuluaga trabajara como asesor de la Superservicios y al mismo tiempo se desempeñara como abogado de las electrificadoras que estaban intervenidas por la misma Superintendencia. Ramírez argumenta que “él podía tener contratos con cualquier otra entidad del Estado, podía tener 20, 30, 50 contratos, porque ahí no hay ningún tipo de incompatibilidad. Las electrificadoras son personas jurídicas distintas a la Superintendencia”, dijo Ramírez.

El resultado de atender tantos frentes de trabajo, incluido el complejísimo caso de TermoRío, quedó a la vista: Zuluaga perdió el caso en defensa de la Electrificadora del Atlántico.

Con los hechos que estableció la Contraloría concluyó que había “un complot bien estructurado para estafar al Estado en las cinco empresas en las que se habían terminado los informes de auditoría”. Por eso sus investigaciones terminaron en juicio con responsabilidad fiscal contra Marlén Valderrama y cinco gerentes de las electrificadoras en liquidación. Además está investigando a Zuluaga. Y envió copias del caso a la Fiscalía, la cual también está investigando.

Frente a este panorama no pocos se preguntan por qué el gobierno no intervino para evitar este carrusel de contratos millonarios y de favores mutuos. Especialmente considerando que el contralor, Carlos Ossa, advirtió a altos funcionarios del gobierno Pastrana sobre lo que encontró. Inclusive cuando varios ministros propusieron reestructurar la Superintendencia de Servicios y Ramírez, por supuesto, se opuso, fue éste último el que ganó el pulso.

Algunos afirman que esto se debió al gran poder que tiene la Superintendencia como fortín político y como fuente de numerosos empleos. Otros, no obstante, sostienen que el poder de Ramírez deriva de su militancia en el pastranismo del Norte de Santander, de donde es oriundo, y luego del hecho de que es amigo del propio presidente Pastrana. Como el mismo Ramírez relata, fue asesor en su última campaña, en la que también le escribió discursos.

Frente a estos nuevos hechos, y dada la estrecha amistad entre Ramírez y Zuluaga y entre éste y Valderrama, y los montos de los contratos en cuestión, es de esperar que el alto gobierno no se demore más en tomar cartas en el asunto.
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