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| 2/26/2006 12:00:00 AM

TRES DÍAS CON TIROFIJO

Explosivas revelaciones de los contactos de Álvaro Leyva con los paras y las Farc. Queda claro que Tirofijo está mandando más que nunca, que no habrá intercambio y que en el segundo gobierno de Uribe habrá mucha bala.

Después de tres días de viaje donde tuvo que tomar avión, carro, lancha y caminar interminables horas, Álvaro Leyva se vio cara a cara con Tirofijo. No sólo no estaba muerto o agonizante, como vaticinaban muchos rumores, sino que se veía en perfecto estado de salud. A pesar de sus 77 años, el máximo comandante de las Farc se veía bien cuidado y activo. Tanto, que cuando Leyva lo divisó en medio del follaje de la selva, estaba escribiendo ágilmente en su computador portátil. Era jueves 22 de diciembre del año pasado.

Hacía más de ocho años que Leyva y Tirofijo no se estrechaban la mano. Una de las últimas veces que se vieron fue cuando el ex ministro Leyva acompañó a Víctor G. Ricardo y le tomó a éste una foto en compañía del jefe guerrillero, durante la época de la campaña presidencial de Andrés Pastrana. Antes de esa ocasión fueron incontables las veces en que Tirofijo y Leyva se habían reunido, ya que se conocen desde 1983.

Esta vez la reunión cobraba mucha más relevancia, pues se trataba de buscar fórmulas de paz en medio de una guerra frontal. Desde las tristemente célebres épocas del Caguán, a finales de los 90, el legendario líder guerrillero no se refería de manera tan concreta a temas como las elecciones, el intercambio humanitario, la confrontación militar, los paramilitares y demás flagelos que mantienen en vilo al país.

Después de tres días de discusiones con Leyva sobre la problemática nacional, Tirofijo fue tan franco y abierto como duro en sus posiciones: no va a haber intercambio humanitario y menos en época electoral. Los gringos hacen parte del conflicto y cualquier salida tiene que pasar por ellos. Y mientras Uribe esté en el poder, ve muy difícil una salida negociada al conflicto.

La visita de Leyva, quien aspira a la Presidencia, tenía un objetivo: convencer a Tirofijo de meterse en una propuesta de paz donde estén todos los sectores -gobierno, Iglesia, militares y paras, entre otros- para tratar de ponerle punto final a la guerra. Proyecto que Leyva denominó 'El Arca de Noé'.

La visión de Marulanda

Tirofijo no sólo está vivito y coleando, sino que sigue teniendo la sartén por el mango en las Farc. Se levanta a las 4:30 de la mañana y se acuesta cerca de las 8 de la noche. Todos los días, varios de sus lugartenientes más cercanos le informan sobre los 'partes de guerra' del día anterior con las novedades de cada uno de los frentes. Está totalmente actualizado sobre lo que ocurre en Colombia y el mundo a través de la prensa. Recibe revistas y periódicos que llegan con algunos días de retraso a uno de los sitios más recónditos de Colombia. Escucha permanentemente radio y trata de estar pendiente de los noticieros.

Lo más sorprendente es quizá ver al guerrillero más viejo del mundo, que lleva más de 40 años en la selva y que cuando empuñó por primera vez el fusil acababa de llegar la televisión a Colombia, utilizar Internet para ejercer su mando y tirarle línea a la tropa. Todo esto lo constató Leyva durante las 72 horas que compartió con el hombre más buscado y temido del país.

Pero ¿de qué hablaron durante todo ese tiempo?

En primer lugar, discutieron largamente sobre los secuestrados que esperan un intercambio humanitario. Esta es quizá la tragedia más desgarradora que está viviendo la sociedad colombiana, y el jueves de la semana pasada fue recordada a través del símbolo de Íngrid Betancourt, cuyo secuestro ya cumplió cuatro años. Tirofijo no ve posibilidad de un intercambio mientras esté el presidente Álvaro Uribe y menos durante el proceso electoral. "¿Cómo puede haber intercambio si el Presidente ni siquiera reconoce que en Colombia hay un conflicto?", le preguntó Tirofijo a Leyva. Para el guerrillero, no se puede desconocer que las causas del conflicto colombiano son muy anteriores a los ataques terroristas del 11 de septiembre y, por lo tanto, para él, es equivocado enfocar la guerra en Colombia simplemente como una amenaza terrorista.

Una de las cosas que más sorprendieron a Leyva fue que Tirofijo dijo que las Farc nunca habían recibido la publicitada propuesta de los tres países amigos (Francia, España y Suiza) en donde actuarían como facilitadores para el intercambio humanitario. Cañazo o no, el jefe de las Farc tomó la decisión de no recibir a delegados de estos países, entre otras razones, porque mientras para los países amigos las gestiones para el intercambio tienen que ser públicas, para la guerrilla deben ser privadas.

El segundo punto que se habló fue acerca de una propuesta de paz integral. Leyva llegó a la reunión convencido de que la única manera de lograr la paz en el país es involucrando a todo el mundo en el proceso de reconciliación. Para el ex ministro conservador, un verdadero proceso de paz debe partir de un reconocimiento por parte del Estado de su imposibilidad de resolver el conflicto interno. Para él, esa inacción no sólo ha agudizado la guerra, sino que ha alimentado fenómenos como el paramilitarismo.

Tirofijo y Leyva estuvieron de acuerdo en que una fórmula de paz viable tiene que tener varios ingredientes. Primero, que las Fuerzas Militares, por medio de oficiales activos, participen en el proceso. Segundo, un reconocimiento del conflicto interno. Tercero, que Estados Unidos tiene que participar. Cuarto, que se tiene que convocar a una asamblea nacional constituyente. Tirofijo insiste en que el gobierno tiene que resolver el tema del paramilitarismo si se quiere llegar a un acuerdo de paz con las Farc.

Al segundo día de reunión, y después de un almuerzo casero con carne de res, arroz, plátano y ensalada, Tirofijo le cuenta a Leyva que le gustaría oír los comentarios de los miembros del Secretariado sobre las fórmulas de paz que habían estado hablando los dos. Le dice que se quede un día más si quiere conocer la respuesta. En menos de 24 horas, y en una sorprendente muestra de eficiencia de las comunicaciones guerrilleras, dado el entorno selvático y las dificultades geográficas, todos los integrantes de Secretariado -máximo órgano de las Farc- expresaron por escrito sus comentarios. En términos generales, vieron con buenos ojos la propuesta de paz de Leyva, pero algunos quisieron hacer énfasis en ciertos temas. Alfonso Cano, el ideólogo de las Farc y Timochenko, por ejemplo, se fueron lanza en ristre contra el TLC, las patentes y los productos subsidiados del sector agropecuario, y advirtieron sobre las devastadoras consecuencias que podía tener en el campo colombiano.

Leyva regresó a Bogotá y hace tres semanas recibió una carta de nueve páginas, fechada el 20 de enero de 2006, donde Tirofijo hace una serie de reflexiones políticas sobre la paz de Pastrana y la guerra de Uribe. El documento del jefe máximo de las Farc es un discurso político que no deja 'títere con cabeza'. Ratifica algunos de los puntos conversados con Leyva en el monte y deja plasmada su visión sobre cómo cree que se puede lograr la paz. Al ex presidente Andrés Pastrana le 'da palo' y lo responsabiliza del fracaso del proceso de paz del Caguán. A Uribe lo trata de 'facho' y dice que su Plan Patriota es un fracaso. Y al Congreso lo califica de "sobornable, antidemocrático y camaleónico" (ver recuadro).

Esa carta era la confirmación para Leyva de que las Farc no tienen todas las puertas cerradas para empezar un diálogo y que su 'Arca de Noé', con la cual busca montar a todo el país en un gran acuerdo de paz, estaba empezando a dar sus primeros frutos.

La construcción del Arca

La reunión con Tirofijo fue el epílogo de un proceso que había comenzado seis meses antes, cuando varios de los familiares de los secuestrados le pidieron a Leyva que interviniera ante el gobierno y las Farc para que ayudara a empujar un tema que nadie había podido mover: el intercambio humanitario.

Leyva comenzó a explorar el tema y participó en reuniones con ex presidentes, la Iglesia, gremios, etc. Fue durante ese proceso cuando recibió una llamada que lo ayudaría a construir su propuesta del 'Arca de Noé'.

Esto ocurrió en los primeros días de agosto de 2005, cuando a su teléfono celular entró una llamada que jamás imaginó que iba a recibir. "Doctor, cómo está, le habla Salvatore Mancuso. Queremos hablar con usted". Era la primera vez que el ex ministro conversaba con un comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Sin mayores detalles, Mancuso, quien ya está desmovilizado, le contó a Leyva que iba a viajar a Bogotá en compañía del otro hombre fuerte de los paramilitares, Vicente Castaño, también desmovilizado.

Los dos habían sido citados por la Corte Suprema de Justicia a raíz de las declaraciones de Vicente Castaño a SEMANA según las cuales las AUC tenían el control sobre el 35 por ciento del Congreso. La cita entre los ex jefes paras y Leyva quedó pactada a las 3 de la tarde del 8 de agosto.

El lugar fue el hotel en donde estaban alojados los ex comandantes de las AUC, cerca del Parque de la 93, en el norte de la capital. El encuentro, que se desarrolló en una de las habitaciones del hotel, fue tenso en su comienzo. Los tres hombres estaban sentados alrededor de una mesa y, más allá del saludo, ninguno se atrevía a iniciar la conversación.

Vicente Castaño tomó la iniciativa. Comenzó por contarle que en las filas paramilitares y de los desmovilizados hay una gran preocupación por la inseguridad jurídica -léase extradición y Corte Penal Internacional- y que ven que la negociación ha terminado convertida simplemente en un proceso de sometimiento. En un tono calmado, Castaño le contó a Leyva que el proceso, tanto por parte de las AUC como del gobierno, comenzó con una gran dosis de improvisación, y le confesó que ni los paramilitares ni el Estado saben cómo va a terminar. Mancuso secundó los argumentos de Castaño.

En un momento de la conversación le preguntaron a Leyva cuál era su opinión del proceso con las AUC. El ex ministro hizo un análisis constitucional y político que terminó coincidiendo con los temores de Mancuso y Castaño. "No hay seguridad jurídica en cómo se está planteado el proceso. El contexto jurídico de la ley de sometimiento no es aplicable ni claro en varios aspectos como la extradición y el testaferrato. Lo que ha ocurrido con ustedes es una situación de hecho, pero no en derecho", les dijo Leyva. Los ex jefes paras escucharon y el ex ministro estuvo de acuerdo en que entre las AUC y el gobierno hay un pulso de fuerza y realmente ninguna de las dos partes tiene claro qué va a pasar o cómo va a terminar el proceso. La reunión finaliza después de tres horas, cerca de las 6 de la tarde, con la promesa de los paras de volver a reunirse con Leyva para ahondar sobre otros temas.

Dos meses después de esa reunión, a comienzos de octubre, Leyva es contactado nuevamente por los paramilitares y acude a una cita en una finca en el sur del Valle del Aburrá, Antioquia. Esta vez es recibido por Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, y Vicente Castaño, los dos desmovilizados. El ex jefe político de las AUC le plantea a Leyva las mismas inquietudes que meses atrás habían manifestado Mancuso y Castaño. "¿Qué piensan las Farc de todo esto? ¿Creen que la ley, como está planteada, le sirve a la guerrilla para iniciar un proceso?", pregunta el ex comandante paramilitar. Leyva responde con el mismo análisis que había hecho a Castaño y Mancuso. Sin dudar también le dice a Báez que, por su experiencia y conocimiento, era claro que la ley como está diseñada no era aplicable para las Farc y esa guerrilla jamás aceptaría una 'ley de sometimiento' como la que está diseñada para las autodefensas.

Báez le dijo al ex ministro que otro de los grandes temores que tienen las AUC es que el Estado no está en capacidad de garantizar la seguridad en las zonas en que los paramilitares se han desmovilizado y que algunas de éstas ya están siendo copadas por las Farc. Le dijo también que por lo que ha analizado junto con otros miembros de las AUC, una de las formas de garantizar que la guerrilla no ocupe sus antiguos territorios y, de paso, se consiga que el proceso de desmovilización pueda ser exitoso, es iniciando un proceso de paz con las Farc. Finalmente, le dijo a Leyva que puede ser el hombre que ayude a encontrar una solución al nudo gordiano de la paz en Colombia. Báez y Leyva quedaron en programar una nueva reunión para seguir conversando sobre el tema.

Pocas semanas después de ese encuentro, un amigo cercano a Leyva, el congresista Jaime Lozada, lo invitó a un desayuno con el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo. El objetivo, entre otros, era limar un poco la tensa relación entre Leyva y Restrepo y hablar sobre el intercambio humanitario.

El desayuno se realizó el 2 de noviembre en el mismo hotel en el que había estado Leyva con Castaño y Mancuso. El encuentro fue bastante tenso y estuvo enmarcado por diferencias políticas y conceptuales sobre el conflicto y el posconflicto entre el Comisionado y el ex ministro. Un mes después de ese encuentro, Lozada fue asesinado, aparentemente por las Farc, en Neiva, Huila. En medio de la conmoción nacional por el crimen, el presidente Uribe, acompañado por Carlos Holguín y el Ministro de Interior, dice a uno de los hijos del senador Lozada que Leyva estaba autorizado para proceder a ayudar en el intercambio humanitario.

Fue entonces cuando Leyva decidió buscar una cita con Raúl Reyes, uno de los miembros del Secretariado de las Farc, para abordar el tema del intercambio humanitario. A finales de noviembre, Leyva viajó hasta las selvas del Putumayo y se entrevistó con el guerrillero. En forma categórica, le dijo a Leyva que "no habrá intercambio mientras Álvaro Uribe sea Presidente de la República". Leyva le comentó a Reyes que había tenido unas reuniones con los ex jefes paramilitares Mancuso, Castaño y Báez y que existía una disposición de varios sectores de las AUC de buscar una salida integral al conflicto.

El ex ministro Leyva le contó al jefe guerrillero los pormenores de su proyecto de 'El Arca de Noé' y le pidió entonces que le ayudara a conseguir una cita con el líder máximo de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo, para discutir con él su iniciativa. Veinte días más tarde, el 22 de diciembre, Leyva se reunió con Tirofijo.

Hace muy pocas semanas Leyva volvió a reunirse con Ernesto Báez en Medellín. Le contó sobre la reunión con Tirofijo y sobre el interés que había mostrado Marulanda sobre construir un 'Arca de Noé' para hacer la paz. El ex comandante paramilitar le dijo que ellos estaban interesados en seguir adelante y que iba a efectuar nuevas consultas.

Los últimos seis meses han sido bastante agitados para Álvaro Leyva. No sólo pensando la manera de buscarles una salida a sectores armados que parecen irreconciliables, como las Farc y los paramilitares, sino adelantando su campaña presidencial. Para muchos, el hecho de que está en campaña electoral le puede reducir el margen de maniobra y de autoridad al alcance de su propuesta. Pero nadie cuestiona el peso, el conocimiento y la confianza que Leyva se ha ganado en Colombia a lo largo de los años entre los bandos en conflicto para buscar la paz.

Por lo pronto, se pueden sacar dos conclusiones. La primera es que a pesar de que es el lema de su campaña, Leyva -ni nadie- puede parar la guerra en Colombia en seis meses. Y lo segundo, que para lograr la paz se necesita hacer un gran acuerdo nacional. Y ahí Leyva está muy bien encaminado.
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