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| 2/10/2015 3:26:00 PM

El misterio rodea los asesinatos de tres mujeres en Bogotá

En la penumbra permanecen los casos por los asesinatos de la porrista Luisa Fernanda Ovalle, la profesora Mónica Bravo y, ahora, la estudiante Ana Milena Torres.

El enigma de los asesinatos de tres mujeres que, en lugares y fechas distintas perdieron la vida, está aún sin resolverse. Pese a lo aislados, los casos comparten varias características similares, fuera de que las autoridades no han logrado mayores avances en las investigaciones.

El común denominador de estas muertes es que fueron cometidas con arma blanca. Otro hecho que llama la atención es que los videos, de las cámaras de vigilancia, en esta ocasión no han servido como prueba para encontrar a los asesinos. Además, los cuerpos fueron abandonados.

Este fin de semana se conoció la muerte violenta de Ana Milena Torres, una joven mujer de 20 años que apareció asesinada a un lado del caño Arzobispo, en la localidad de Teusaquillo, centro de Bogotá.

El cuerpo de la joven, que era estudiante de auxiliar de vuelo, fue hallado por un indigente que reportó el hecho a la Policía. El caso pasó a manos del CTI de la Fiscalía y los detalles del asesinato no se conocen, salvo que Ana Milena presentaba heridas con arma blanca en el cuello y la cara.

Aunque las autoridades ya iniciaron la investigación del caso, por ahora es un completo misterio quién y por qué asesinó a esta joven, para luego dejar su cuerpo abandonado en el caño.

Pero este no es el único caso en que los crímenes de mujeres parecen quedar en las tinieblas. A mediados de diciembre del 2014, las autoridades reportaron la muerte de la profesora Mónica Bravo. Su cuerpo fue arrojado desde un vehículo a un andén del barrio El Campín.

Aunque un video dio las primeras pistas de cómo se movilizaban los presuntos autores del crimen, hasta la fecha no se ha podido establecer quién y por qué asesinó a esta maestra de primaria.

En un principio dos hipótesis rondaron la investigación, la primera, que era un intento de robo, luego se dijo que se investigaría si este era un crimen pasional. Lo cierto es que, tras ser abandonado el cuerpo, la profesora de 30 años llevaba aún consigo la mayoría de sus pertenencias.

Mónica Bravo era oriunda de San Gil (Santander) y vivía con una amiga en un apartamento en Chapinero Alto, norte de la capital. El perfil de la educadora era el de una mujer trabajadora dedicada a sus alumnos.

En noviembre del 2013, la fiesta del fútbol se empañó por la muerte de una de las entusiastas porristas que con sus bailes y cantos engalanan los juegos de Millonarios.

Se trataba de Luisa Fernanda Ovalle, una joven de ojos coquetos y amante del fútbol, que fue asesinada con un arma blanca cuando en la noche del 30 de noviembre se dirigía a su residencia en el barrio Castilla, en el occidente de la ciudad.

Luisa Fernanda, que en el momento de su muerte tenía 18 años y estudiaba Ciencias Políticas en la Universidad San Buenaventura, murió a causa de varias heridas con arma blanca que le propinó un hombre que no se ha podido identificar a pesar de varias pruebas recogidas por la Policía.

La Policía Judicial ha hecho el énfasis en este caso sin resultados. A pesar de las pistas y de el ofrecimiento de recompensa, no se ha podido ni siquiera hacer un retrato del presunto agresor. De él se saben sólo generalidades: que es un sujeto de entre 1,70 y 1,80 de estatura, delgado y de tez blanca.  

Una de las razones para no poder establecer la identidad es que las imágenes de las cámaras de seguridad no son claras y ello ha impedido que los investigadores puedan diseñar un perfil. La oscuridad de la noche, a lo que se suma la escasa visibilidad por la lluvia, no permite tener una imagen nítida del autor del crimen.

Un año y tres meses después del asesinato, de nada ha servido la presión de la familia, que aún suplica por información para resolver el caso. 
 
¿Quedarán en la impunidad estos crímenes? Esa es la cuestión que plantean los familiares y amigos de las víctimas, que exigen respuestas y que la Justicia actúe.
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