Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/11/11 00:00

Trinidad tuvo la palabra

Por primera vez en la historia un guerrillero, 'Simón Trinidad', habló ante un jurado de Estados Unidos para defenderse de los cargos de secuestro y terrorismo. Sin embargo, con su testimonio pudo haber firmado su propia condena.

Cuando ‘Simón Trinidad’ fue capturado en Ecuador dijo que su misión en ese país era encontrarse con James Lemoyne, ex asesor especial de la ONU para el proceso de paz colombiano a quien había conocido en el Caguán

Es probable que 'Simón Trinidad' se hubiera preparado para ese momento desde el día de su extradición. Su serenidad, frente a un equipo de fiscales que han trabajado por más de tres años para garantizar una condena ejemplar, así lo demostró. No obstante, después de más de 20 testigos y 50 pruebas auditivas y visuales que lo vinculan a un grupo reconocido internacionalmente como cartel narcoterrorista, escapar por la tangente a las preguntas acusatorias del fiscal no resultó del todo fácil. Las opiniones sobre quién salió vencedor están divididas.

El pulso dialéctico entre el fiscal y el subversivo duró dos días completos. Desde el inicio de la semana el 'mano a mano' entre dos hombres de reconocida audacia generó todo tipo de expectativas entre el jurado y el público, que ha seguido el juicio por cuatro semanas consecutivas.

El pasado miércoles, por primera vez, los 12 civiles norteamericanos escogidos como jurados se mantuvieron todos despiertos. Durante las cuatro semanas, algunos caían intermitentemente dormidos frente a los detalles, historias y testimonios de los testigos invitados a dar un 'contexto' de los hechos. Sin embargo, son estos civiles, muchos de ellos con un desconocimiento total de Colombia, quienes decidirán si Ricardo Palmera es responsable del secuestro de Heith Donald Stansell, Marc D. Goncalves y Thomas R. Howes, ocurrido en Caquetá el 13 de febrero de 2003.

El día previo, Robert Tucker, el abogado defensor, convenció parcialmente al juez Tomas Hogan para que le permitiera hacerle a su defendido preguntas que dieran espacio para que relatara sus motivaciones para entrar a las Farc. Según las palabras del abogado defensor, "es indispensable que el señor Palmera demuestre que no entró a la guerrilla motivado por el narcotráfico, el secuestro extorsivo o las bombas, sino porque estaba convencido de que podía aportar a una reconciliación nacional". Detrás, coincidieron las sonrisas irónicas del equipo acusador que organizaba cajas de documentos, una artillería total de pruebas de conspiración con las que garantizarían su victoria.   

Después de jurar decir "la verdad y nada mas que la verdad", Palmera le pidió a su abogado que lo llamara Simón Trinidad. Aseguró que entró a las Farc para "salvar la vida" y contó entonces su contexto familiar. El jurado conoció entonces que el acusado era hijo de un prominente ex senador liberal de la República "que junto con mi mama forjó mi concepción política del país y del mundo", Trinidad evocó su formación en un colegio de orientación suiza, "es decir de clara tendencia socialdemócrata" y sus estudios profesionales en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Recordó que en 1980, siendo profesor universitario, y después de que el M-19 robó más de 5.000 armas al Ejército Nacional, fue detenido por los militares en una ofensiva contra los grupos de izquierda. Atestiguó que militó en la UP y recordó a sus compañeros que fueron torturados y asesinados.

Palmera lloró públicamente por primera vez desde cuando llegó a Washington, al evocar el asesinato del líder de la UP, Jaime Pardo Leal, con quien tenía programado verse un día después del crimen. También se le resquebrajó la voz en el momento que, según su versión, presionado por las amenazas y el asesinato sistemático de sus compañeros de militancia, contactó a Alan Izquierdo y  a través de él a Jacobo Arenas y Alfonso Cano para ingresar a las Farc. "Yo no podía salir del país como un perro, el destierro es el peor castigo. Los zares rusos amedrentaban así, para mí, irme quería decir el abandono de mis ideas, de la posibilidad de proveer aportes para mi país".

Según contó a SEMANA su hermano mayor, "en enero de ese año fue la última vez que lo vimos, él se apoyó en mí, para que sacara a los hijos del país y los llevara con Margarita, su mamá, que también por amenazas se había exiliado".

Según declaró Palmera, se sensibilizó más con el problema de la tenencia de tierras cuando ejerció como gerente del Banco Agrícola de Valledupar. Fue entonces en 1987 cuando se convirtió en 'Simón Trinidad', para ejercer tareas "exclusivamente políticas", según sostuvo. Si bien los investigadores federales no lograron ninguna prueba física que lo vincule directamente al secuestro de los estadounidenses, las  evidencias visuales de los fiscales lo mostraron de forma contundente como miembro armado de un grupo señalado por Washington de secuestrar, extorsionar y traficar drogas a Estados Unidos. 

"Buenos días, señor Trinidad", inició Ken Kohl. "Buenas tardes, señor fiscal", respondió 'Trinidad'. Las preguntas dirigidas al guerrillero presentado por la defensa como un revolucionario inofensivo, sobre su posición frente a los asuntos sensibles en juego, no tardaron en llegar. "¿Está usted diciendo, señor Trinidad, que está de acuerdo con que se asesinen o secuestren los pilotos estadounidenses?".

El fiscal mostró de nuevo las fotos que evidencian, según sus palabras, "las crueles condiciones en que las Farc mantienen a los secuestrados encerrados en jaulas". Prosiguió, "¿esa arma que usted tiene en esta foto no dispara corchos, no es así

, ¿y qué tiene que ver el secuestro de los estadounidenses con toda su historia de repartición de tierras, distribución de la riqueza etc.

, y si usted lo que buscaba en Ecuador era impulsar el intercambio para que los prisioneros de guerra recobren la libertad, ¿no era más fácil abrirles la puerta de esta jaula y dejarlos ir?"

El guerrillero admitió entonces estar de acuerdo con el derribamiento de aviones de inteligencia norteamericana, "pues después de esos sobrevuelos llegan los bombardeos del fuego enemigo de los que yo he pasado noches enteras protegiéndome". Dijo que el Plan Colombia era una fachada y reconoció además estar de acuerdo con el cumplimiento de la ley 002 de las Farc, es decir, con el cobro de un impuesto extorsivo a capitales superiores a un millón de dólares, "es que las Farc somos un pequeño estado en formación y todos los estados recolectan impuestos". Hasta allí, el fiscal la tenía ganada.

Sin embargo, desconcertó a los fiscales cuando a pesar de reconocer que "en todas las guerras hay prisioneros de combate", se manifestó en desacuerdo con la práctica del secuestro "por el alto costo político que tiene para las Farc". Añadió que al no ser miembro del Secretariado de las Farc, cumple las órdenes como se hace en todas las estructuras político-militares.  

Desde la tribuna lo miraban en silencio fiscales, periodistas, curiosos y familiares que se hicieron presentes discreta y eventualmente "para demostrarle que el cariño de la familia no lo había abandonado".

Sin embargo, para expertos presentes y a pesar de haber asegurado "jamás haber visto personalmente a los tres estadounidenses", con su testimonio, 'Trinidad' firmó su condena como lo hizo en 2003 con su propia extradición. Ese día en Ecuador declaró estar haciendo gestiones para darle un empuje al acuerdo humanitario. Esta semana en el corazón de Washington, expresó convenir con delitos que ofenden los intereses estadounidenses.

Quién haya ganado la batalla 'verbal', se sabrá el día del veredicto. Lo cierto es que el triunfo de la justicia, que para muchos es la condena de 'Simón Trinidad', puede ser la estocada final a muchos intentos hechos en Colombia para que los tres norteamericanos secuestrados y muchos de sus compañeros de cautiverio recobren la libertad. Las Farc lo expresaron esta semana en un comunicado: "Los tres estadounidenses son los únicos prisioneros de guerra norteamericanos vivos en el mundo," y pidieron el acuerdo humanitario que integre a alias 'Sonia' y a 'Trinidad'. El miércoles o el jueves defensores y los fiscales deberán presentar sus argumentos finales. La última palabra de este simbólico juicio está cada vez más cercana.

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