Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1999/09/27 00:00

TUPAMAROS AL ATAQUE

El surgimiento de un grupo subversivo y anticolombianista en Venezuela perturba aún más <BR>las relaciones de los dos países.

TUPAMAROS AL ATAQUE

El estruendo se oyó hasta en Colombia. A las 3:30 de la madrugada del 23 de
agosto una bomba de escaso poder hizo explosión en la entrada del consulado del país en Caracas.
Otra, colocada en la embajada, fue desactivada por las autoridades. Aunque los daños fueron
menores el impacto resonó fuertemente porcuanto reveló a este lado de la frontera la existencia de un
grupo subversivo venezolano de extrema izquierda que estaría tratando de posicionarse, con una
retórica anticolombianista, como un factor de poder en el vecino país en un momento muy delicado
de las relaciones entre las dos naciones.
La revelación que significó el atentado fue tanto más impresionante en la medida en que desde los años
60, en la época del comandante Douglas Bravo, se pensaba que la subversión era cosa del pasado
en Venezuela. Se trata del 'Movimiento Revolucionario Tupamaro', que se atribuyó los hechos y
amenazó con nuevas acciones terroristas si no son liberados los cuatro venezolanos detenidos desde
el 26 de mayo en la cárcel de La Picota, en Bogotá.
Un día después cuatro cabecillas, que se hacen llamar 'comandantes' Colina, Fénix, Rafael y
Tipanky, convocaron a la prensa. Se presentaron armados con metralletas automáticas, pistolas y
radios de onda corta y vestidos con uniformes de combate.


El motivo
Los hombres dijeron estar dispuestos a continuar su escalada terrorista hasta lograr la repatriación de
Carlos Pino, Pedro Guzmán, Carlos Zambrano y Miguel Salazar, capturados por el Ejército
colombiano cuando se encontraban con el comandante Esteban, de las Farc, en un enfrentamiento
en la Garcita, Puerto Carreño, el 26 de mayo. También exigen aclarar las muertes de William
Villamizar, ecologista y supervisor del metro de Caracas, y de Heriberto Egurrola, cuyos cuerpos
fueron encontrados cerca del venezolano Puerto Ayacucho, lejos del choque en donde también
desaparecieron Manuel Ortiz y Javier Arias, dirigente cultural de la parroquia 23 de Enero y
coordinador del programa chavista Bolívar 2000. Aunque Colina sostuvo que los capturados no
pertenecen "oficialmente" a su organización, los llamó "luchadores sociales" y dijo que se
encontraban en el sitio de su captura "en una jornada de reflexión sobre la paz organizada por la
guerrilla colombiana".
Lo cierto es que ninguno de los capturados, que portaban carnés del chavista Movimiento V
República, ha podido explicar satisfactoriamente su presencia allí ni han logrado contrarrestar las
evidencias de que estarían involucrados en una operación de venta de fusiles que, destinados a las
Farc, fueron incautados por el Ejército colombiano. Y es difícil entender que los Tupamaros hayan
anunciado una escalada terrorista indefinida por su liberación si los afectados no forman parte de su
grupo. Lo que es peor, en Bogotá no causó buena impresión el afán de la cancillería venezolana y del
embajador Fernando Gerbasi por conseguir la liberación de unos individuos implicados en hechos
delictivos y, por lo demás, con antecedentes penales en Venezuela. Gerbasi llegó incluso a visitar a un
alto oficial de Ejército para pedirle que intercediera por ellos ante la Fiscalía y a amenazarle con armar
un escándalo internacional de derechos humanos si los detenidos no eran devueltos
inmediatamente. Los familiares de los detenidos y los muertos en el enfrentamiento de la Garcita han
presionado a la cancillería venezolana para la devolución de los cuatro detenidos. Los Tupamaros,
por su parte, dicen que "estamos convencidos que un sector de la oligarquía colombiana está
interesado en romper relaciones con Venezuela, convenio que el gobierno colombiano estableció
con Estados Unidos para obstaculizar el proceso revolucionario de nuestro país", según señalan
en su comunicado enviado a la prensa venezolana.

Los orígenes

El origen de los Tupamaros se remonta a la década del 80 cuando los habitantes de la populosa
parroquia del 23 de Enero, al oeste de Caracas, organizaron la 'Coordinadora Simón Bolívar', inspirada
también en la filosofía del inca peruano Túpac Amaru que se levantó contra los españoles en el siglo
XVIII.
Pero cuando en años recientes empezaron a perpetrarse actos terroristas y aparecieron
encapuchados que se identificaban como 'Tupamaros', los habitantes del 23 de Enero se desligaron
de la responsabilidad de los explosivos. Los líderes vecinales de la Coordinadora Simón Bolívar
aseguraron que no eran "encapuchados ni rebeldes" y que los Tupamaros no formaban parte de
la organización sino que eran un grupo diferente de la misma parroquia. El hecho es que el movimiento
original se dividió con el surgimiento de los enmascarados armados a partir de 1992, año en que se
produjeron dos intentonas golpistas en Venezuela, una de ellas liderada por el hoy presidente Chávez.
De tendencia ultraizquierda y formación urbana, el grupo tiene una historia política irregular. Aparece
ocasionalmente con acciones terroristas cuando hay efervescencias populares, y entre sus objetivos
está la limpieza social contra la delincuencia. Por ahora no parece poseer una logística como para
acometer un golpe de magnitud. Su financiación proviene, según dicen las autoridades, de los aportes
individuales de sus seguidores.

Los vínculos
A fines del año pasado, cuando el coronel Hugo Chávez triunfó en las elecciones, los Tupamaros le
enviaron un mensaje de acercamiento y el mandatario electo les respondió oficialmente que
abandonaran la violencia. Una fuente venezolana que pidió mantener su nombre en reserva aseguró a
SEMANA que, por lo menos desde entonces, Chávez tiene un puente de comunicación permanente
con los Tupamaros. Las autoridades de inteligencia del Ejército colombiano han detectado, por
interceptación de comunicaciones, a un personaje llamado 'Orlando', que sería el contacto entre Chávez
y Pino, el cabecilla del grupo capturado en Colombia.
Aunque los Tupamaros son todavía en parte un misterio, sobre todo en cuanto a su capacidad
operativa, una cosa por lo menos es clara: sus vínculos con las Farc son muy estrechos. Eso, y la
evidente simpatía del presidente Chávez por los subversivos colombianos, conduce a una serie de
hipótesis inquietantes. La primera es que los Tupamaros estén cumpliendo el papel de instrumento de
Chávez para presionar a Colombia sin mancharse las manos. Hay quienes exageran y sostienen
que los Tupamaros serían en realidad una creación del propio Chávez destinada a hacer el trabajo
sucio. Y la segunda hipótesis se basa en que el grupo sea, desde su orilla ideológica de
extrema izquierda, un aliado circunstancial del presidente, por lo cual el atentado contra el
consulado estaría destinado no contra Colombia sino a advertirle al propio Chávez lo que son capaces
de hacer si se desvía de su proyecto revolucionario. Lo cual se apoya en las propias palabras de
Colina cuando dijo que "no le merece confianza el entorno del presidente Chávez".
En cualquier caso el surgimiento de un grupo armado anticolombianista al margen de la ley en
Venezuela es una novedad preocupante. Y sus equívocas relaciones con el gobierno de Caracas lo son
aún más.

Disturbios constitucionales
Hugo Chávez logró lo que no se había visto en 40 años de historia política venezolana: unir a
Acción Democrática y Copei El viernes diputados de esos partidos y los del Proyecto Venezuela
intentaron ingresar al Capitolio, junto con sus partidarios, para iniciar sesiones ex-traordinarias. Pero se
encontraron con la policía antimotines, que los rechazó en nombre de la 'soberanísima' Asamblea
Constituyente.
Esas bancadas, que suman una fuerza del 65 por ciento, decidieron 'ponerse los pantalones', aunque
tardíamente, y adelantar el retorno de sus vacaciones que estaba previsto para octubre. Esa mañana
midieron sus fuerzas con los miembros de la Asamblea en una batalla campal que desataron sus
simpatizantes.
Los congresistas decidieron convocar las extraordinarias en reacción contra un decreto de la
Asamblea que decidió intervenir, reglamentar y prohibir las sesiones ordinarias y extraordinarias del
Poder Legislativo, incluidas las asambleas y concejos municipales de los 23 estados. Según
parece, actuaron inspirados por la presidenta de la Corte Suprema, Cecilia Sosa, quien ante el
recorte de funciones al máximo tribunal decidió renunciar no sin antes denunciar que la Corte "se
autodisuelve y se suicida para no ser asesinada".
Pese a la tensión, Mireya Rodríguez, jefe de la fracción parlamentaria de Proyecto Venezuela, que
resultó herida el viernes, dijo a SEMANA en medio de los disturbios que es "ilegal a los ojos de la
Constitución vigente y de los tratados internacionales" la medida de la Asamblea. "Es un golpe de
Estado", dijo, al señalar que "hoy nos arriesgamos a venir al Congreso, a dar la pelea, a defender el
espacio de la disidencia que debe regir todo sistema democrático, hoy roto por los constituyentes de
Chávez".

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