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| 2/19/2001 12:00:00 AM

¿Ultima palabra?

Hasta dónde puede ceder el gobierno a la nueva condición de las Farc de persistir en los diálogos sólo si hay intercambio humanitario.

Los guerrilleros de las Farc y los representantes del gobierno en el proceso de paz actuaron la semana pasada como aquellos ejecutivos que dejan a un lado el estrés de su oficina para relajarse un poco y así producir una lluvia de ideas. Durante varias horas, al calor de unas cervezas, una buena carne asada y los acordes musicales con motivo de la despedida de Fabio Valencia Cossio, quien partirá como embajador de Colombia en Roma, intercambiaron opiniones que podrán revitalizar el golpeado proceso de paz, que ha estado congelado desde el 14 de noviembre de 2000 cuando las Farc decidieron unilateralmente suspender los diálogos aduciendo la falta de voluntad del gobierno para luchar contra los paramilitares.

Entre los puntos tratados el de mayor significado fue la lectura de una carta de Manuel Marulanda en la que expone 11 puntos, entre los que se destacan la prórroga de la zona de distensión hasta el final de este gobierno, la liberación de uniformados retenidos y guerrilleros presos, la presencia más activa de la comunidad internacional en el proceso y la disposición de iniciar de inmediato la discusión del cese al fuego.

El Alto Comisionado para la Paz recibió el documento y le pidió a sus acompañantes guardar silencio hasta tanto no lo analizara con el presidente Andrés Pastrana. El jefe del Estado recibió a Gómez en su despacho durante tres horas de la mañana del viernes, antes de partir hacia Europa. El gobierno decidió hacer una contrapropuesta de ocho puntos en la que básicamente se le pide a las Farc comprometerse en dar pasos sólidos para avanzar y amarrar el proceso para que no se rompa de nuevo con cualquier tropiezo. Entre los temas que se piensan dejar en claro está la creación de un mecanismo para resolver de manera interna los problemas que terminan afectando el curso de las negociaciones, una nueva metodología para las audiencias públicas y la posible participación de la comunidad internacional, entre otros.

La papa caliente del cruce de cartas es el canje, que para unos es un simple intercambio de enfermos y para otros es un acto que tiene profundas implicaciones jurídicas, políticas y militares en favor de las Farc. La iniciativa aparentemente pintaba bien cuando Marulanda propuso liberar a uniformados y guerrilleros enfermos antes del 30 de enero como condición previa para después soltar unilateralmente a un grupo de 50 o más soldados y policías. Sin embargo aquí dejó caer una dosis de presión: “Si no hay canje, no hay diálogo”.

Y el asunto del intercambio humanitario, a pesar del cruce de buenos oficios de los últimos días, es el más difícil de resolver. La prueba de la trascendencia del tema está en que éste produjo el primer distanciamiento entre los militares y Camilo Gómez, quien desde su posición había mantenido una estrecha y cordial relación con los altos mandos. En este caso varios generales han expresado su inconformidad con realizar un canje porque, según ellos, esto caería como un baldado de agua fría en la moral de la tropa y podría activar una guerra sucia entre los actores armados, en la cual los prisioneros pueden ser asesinados para evitar ser posteriormente canjeados.

Según la tesis castrense, entre los guerrilleros que recobrarían la libertad puede haber cuadros importantes para la insurgencia en el terreno de la táctica militar más que “delicados de salud”.

Por eso los militares insisten en que ellos deben revisar la lista de los canjeables, nombre por nombre, hecho que hasta ahora no ha ocurrido por la negativa de Gómez. Eso, naturalmente, los ha molestado aún más. Algunos analistas respaldan la opinión de los militares: “No es un gesto humanitario y unilateral sino un negocio. Las Farc exigen la liberación de sus guerrilleros enfermos a cambio de unos soldados enfermos y enciman otros soldados y policías. Todo es la cuota inicial de la declaratoria de beligerancia”, dice uno de ellos.

Para otros, en cambio, este es por fin un gesto de paz de Marulanda que tanto le exige el país. “Es importante resaltar que hay interés de buscar unas salidas al estado actual del proceso”, añade Gómez. Esto hace prever que, más allá del tono del encuentro de este domingo 21 de enero en la zona de distensión entre el Alto Comisionado y el jefe de las Farc, lo cierto es que el país puede esperar en los próximos días el descongelamiento del proceso con su natural prórroga del despeje. Pero, al mismo tiempo, un recrudecimiento de la guerra donde van a medir fuerzas que se van a reflejar en el pulso de la mesa de negociación. Hasta el cierre de esta edición el anuncio no había sido hecho. Seguramente el Presidente aprovechará su viaje a Estocolmo, donde se entrega el Premio Nobel de la Paz, para darle la esperada noticia a los colombianos.
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