Jueves, 30 de octubre de 2014

| 2010/08/11 00:00

Un ángel pereirano

Jorge Muñoz Zapata, el colombiano condecorado la semana pasada por el presidente Barack Obama con la máxima distinción que otorga EE.UU. a quienes hacen labores sociales, está de visita en nuestro país. SEMANA habló con él.

Desde 2004, Jorge Muñoz entrega comidas de forma gratuita a habitantes de calle y necesitados de Nueva York. Foto: AP

Es uno de los hombres más humildes. Su escasa estatura lo hace ver como un suspiro, pero su corazón es tan grande como sus sueños.

Por estos días anda a mil por hora, concede entrevistas por doquier y pese a ello siempre habla y se expresa como si fuera la primera vez. No se cansa de contar la historia de sus 140 ´hijos´ que levanta a punta de milagros y la bondad de algunos estadounidenses.

Su labor de alimentar diariamente y gratis a un grupo de inmigrantes que se juegan su destino en las calles de New York, a la espera de una oportunidad laboral, lo puso en la mira del mundo. Hoy todos lo conocen como El Ángel de Queens y ha sido tan valioso su trabajo altruista, que hace una semana fue condecorado por el presidente Barack Obama con la ´Medalla Ciudadanos 2010´, la segunda más importante en ese país.

Este pereirano de 46 años de edad y nacionalizado en Estados Unidos desde 1986, se convirtió en todo un orgullo patrio. Antes de ser merecedor de la condecoración que disputó con 6.000 nominados, ya había recibido otro premio: El de la cadena estadounidense CNN, a través de su programa Héroes, que busca resaltar a aquellas personas que realizan alguna acción social en beneficio de la comunidad. Tras clasificar entre los diez primeros de una convocatoria de diez mil personas, recibió un premio de 25.000 dólares.

La vida misma de Jorge es un milagro. Perdió a su padre desde muy niño cuando un absurdo accidente le quitó la vida (un camión pisó una piedra y ésta lo golpeó en la cabeza). Su mamá, doña Blanca Doris Zapata emigró hacia EE.UU en busca de un mejor futuro. Jorge y su hermana Luz, dos años menor que él, viajarían luego.

La caridad de Jorge quedó sellada cuando desde muy pequeño prefirió regalar su plato de comida a un hambriento, hoy regala 140 platos y aspira aumentar la cifra. Es un hombre sin ambiciones terrenales, sólo sueña en servir al prójimo y ni siquiera sus propias dolencias (padeció un cáncer testicular y ahora enfrenta una diabetes) han minado sus esperanzas. SEMANA habló con él.

SEMANA: Por estos días en Colombia ¿Lo han condecorado más que en los Estados Unidos?

Jorge Muñoz: “He recibido dos reconocimientos; uno de la alcaldía de Pereira y otro de la Asamblea de Risaralda”.

SEMANA: ¿Qué lo trajo de nuevo a su país?

J.M: “Llegué el pasado viernes 6 de agosto a Medellín porque fui invitado por la señora Nora Ángel, una empresaria de Banquetes en esa ciudad, quien me pidió que asistiera a un evento de Comfama, organizado por ella, y dedicara unas palabras. Ya que estaba acá me quedé para estar presente en el décimo aniversario del Mira”.

SEMANA: Eso quiere decir que su presencia en Colombia es gracias a la invitación que le extendieron desde Medellín...

J.M: “Si, y como la fecha del vuelo de regreso estaba abierta, entonces aproveché y me quedé unos días ya que desde hace tres años no venía”.

SEMANA: ¿Hace cuánto vive en los Estados Unidos?

J.M. :“Llegué a ese país en la década de los 80 como indocumentado y me legalicé en la amnistía del 86, durante el gobierno del Presidente Reagan”.

SEMANA: ¿Qué tan paradójico resulta para usted que por un lado lo condecoran y por el otro surgen leyes que castigan a los inmigrantes, como la polémica Ley Arizona?

J.M: “New York es considerado un santuario para los inmigrantes. El alcalde es judío y el gobernador afro americano. En ese sentido sería ilógico que nos atacaran cuando la ciudad está forjada por inmigrantes”.

SEMANA: Con esa coyuntura, no cree que detrás de la condecoración que le acaban de hacer en la Casa Blanca, ¿existe un cálculo político?

J.M.: “No creo porque no soy ni Demócrata ni Republicano y además en qué le puedo ayudar yo al Presidente o su Gobierno. Nunca me pidieron que hiciera o dijera algo en tal sentido. Lo que sí creo es que los homenajes a las trece personas de la cuales tres éramos hispanos, fue una proyección para decirle al pueblo que el Gobierno está con los inmigrantes”.

SEMANA: ¿Ha pensado en aprovechar este cuarto de hora para contrarrestar el sentimiento anti inmigrante que se está gestando en Estados Unidos?

J.M.: “Si, me gustaría dejarle saber a la opinión pública norteamericana que no llegamos a ese país con la intención de convertirnos en una carga. Un ejemplo de ello es que esos 140 inmigrantes que atendemos con alimento podrían estar recibiendo ayuda del Gobierno y no lo hacen”.

SEMANA: ¿Cómo se enteró todo Estados Unidos de que usted existía?

J.M.: “Fue gracias a un reportaje que mi hizo el New York Times en noviembre de 2007. Cuando el periodista que vivía en el área me visitó creí que se trataba de una cosa chiquita y vaya sorpresa la que me di cuando vi en el periódico semejante despliegue con dos páginas”.

SEMANA: Y esa publicación ¿le abrió las puertas?

J.M.: “Claro. Luego vino CNN y de ahí estoy seguro surgió lo de la condecoración de Obama; según me explicó el propio Presidente, este año la nominación la hizo el pueblo a través de Internet y de 6.000 postulados logré clasificar entre los trece homenajeados con la medalla ¨Ciudadanos 2010`”

SEMANA: ¿Por qué llegó a Estados Unidos y en especial a New York?

J.M.: “Mi mamá (Blanca Doris Zapata) había emigrado dos años antes y mandó por nosotros porque estábamos aquí en Colombia solos y a cargo de mis abuelos. Cuando llegamos empezamos a estudiar y nos graduamos”.

SEMANA: ¿A qué se dedicó durante todos esos años? 

J.M.: “El primer trabajo que tuve fue de mensajero y me ganaba 80 dólares a la semana; luego trabajé en mantenimiento de edificios, hoteles, como repartidor de periódicos, chofer de taxi. Hubo una época durante dos mese que llegué a tener tres trabajos".

SEMANA: Y ¿cuál fue el más difícil?

J.M.: “La época en la que era repartidor de periódico y taxista; primero porque me robaron y segundo porque no me quedaba tiempo para dormir. Terminaba la repartición a las 6 de la mañana y a las 9 debía salir a manejar el taxi”.

SEMANA: Por qué se exigió tanto, ¿había crisis económica en su hogar?

J.M.: "Teníamos la meta de ayudarle a mi hermana con la universidad para que saliera adelante y logramos que estudiara Sistemas y Procesamiento de Datos. Hoy trabaja en una oficina del Seguro Social de los Estados Unidos”.

SEMANA: Y, ¿qué planes académicos tenía para usted?

J.M.:
"Estudié una carrera intermedia llamada Aire Acondicionado y Mantenimiento. La escogí porque es un trabajo en la calle que tiene contacto con la gente. No me imaginaba encerrado y detrás de un escritorio”.

SEMANA: ¿Cómo fue su vida como inmigrante?

J.M.: “La verdad no tengo reparos. Gracias a Dios nos fue bien. No tuvimos problemas con las autoridades, logramos adaptarnos a vivir dignamente y sin lujos. Teníamos un sitio donde dormir, la nevera con comida y un carrito para movernos”.

SEMANA: Hábleme de su vida personal, ¿novia?

J.M.: "En un comienzo tuve algo para la verdad es difícil encontrar una mujer que esté dispuesta a aceptar 140 hijos a los que diariamente debes cocinarles 22 libras de arroz, 20 libras de papa y 60 libras de pollo”.

SEMANA: ¿El amor de su vida?

J.M.: “Se quedó en el colegio Cabras de Palmira, Valle, pero por ahí vendrán otros”.

SEMANA: Piensa tener hijos.

J.M.: “Tengo un sobrino que nos da guerra como si fuera un hijo. Hoy tiene seis años y él lo hace todo; él junto a mi hermana y mi mamá son mi familia”.

SEMANA: ¿Qué soñaba ser en la vida?

J.M.:
“Piloto de helicópteros o veterinario. Antes de regalar comida me dediqué a recoger animales callejeros y llevarlos a un albergue. En un año llegué a entregar 57 perros y dos de esos los tengo conmigo en la casa. Un Labrador y un pastor Alemán”.

SEMANA: ¿Qué hacía antes de convertirse en el Ángel de Queens?

J.M.: “Llevo seis años repartiendo comidas y nueve como conductor de un bus escolar”.

SEMANA: ¿Cómo surgió el primer plato de comida?

J.M.: “Fue simple casualidad. Un día de verano estaba esperando en el bus a los 52 niños que transporto en el sector de Long Island y observé que iban a tirar a la basura comida que sobraba de una compañía procesadora de alimentos que surtía a una aerolínea. Por ley ellos no podían reutilizarla, entonces se las pedí y la regalé a tres familias vecinas de mejicanos, ecuatorianos y guatemaltecos”.

SEMANA:¿Eran sobras lo que le regalaban?

J.M.: "No, eso es lo más curioso. Ese día me llevé doce bandejas de comida aún sin preparar, tres canastas de leche, dos cajas con jugo y una caja con frutas. Desde esa fecha sigo recibiendo esa donación; ¿se imagina cuánta comida hemos evitado que se tire a la basura?”.

SEMANA: ¿Qué tan pobres son los beneficiarios de esa comida?

J.M.: “No es que sean familias miserables, lo que ocurre es que tienen muchos miembros y sólo dos adultos trabajan; imagínese las dificultades para alimentar tantas bocas como en el caso de la familia ecuatoriana donde son 30 y 20 en la mejicana“.

SEMANA: ¿Cuánto tardó en propagarse la noticia de que había un colombiano regalando comida?

J.M.: “Eso fue de inmediato, la primer semana atendía a ocho personas y diez días después estaba preparando comida para 24. El gran salto lo dimos después de la publicación en NYT y CNN. Ahora atendemos a 140 personas”.

SEMANA: ¿Quiénes son los beneficiarios?

J.M.: “Los comensales son los inmigrantes que llegan a ciertos sectores de Queens como Roosevelt o Jackson Heights a esperar que los contraten. Esos sitios son como una bolsa de empleo y donde abundan los colombianos”.

SEMANA: ¿En esa zona nunca fue un problema el hecho de ser colombiano?

J.M.: “Para nada. Incluso en ese sector de New York me conocen como Colombia”.

SEMANA: ¿Cómo sabe que está alimentando a necesitados y no avivatos?

J.M.: “Cuando existe gente que lo espera a uno hasta las 9:30 de la noche en la calle, con una temperatura de diez grados centígrados bajo cero, no hay duda que lo hace por hambre. El resto se lo dejo a Dios”.

SEMANA: ¿Sólo les regala la cena?

J.M.: “En verano repartimos una ración de agua, pan, gaseosa y té helado en el día. Y los mismos que están en ese sitio esperando trabajo son los que repiten la cena en las noches”.

SEMANA: ¿Cómo resultó metido en política?

J.M.: “Hace tres años encontré a la gente de Mira en un banquete que hicieron para recoger fondos y repatriar un cadáver y lo primero que me pregunté fue ¿Pero si no es época de campaña?. Luego me di cuenta que más allá de la política, lo que ellos hacen es mucha labor social sin esperar nada a cambio”.

SEMANA: Y, ¿cómo surgió su candidatura al Congreso colombiano?

J.M.: “Hablé con el doctor Carlos Alberto Baena y de ahí surgió la idea de ser candidato de Mira por una curul en el exterior. Perdimos esa posibilidad, saqué sólo cuatro mil votos”.

SEMANA: ¿Piensa repetir?

J.M.: “No, mi misión es esta. Lo hice con Mira porque quería ayudar al buen nombre de Colombia y escuchar las necesidades de nuestros compatriotas y por eso me decidí por la propuesta del Movimiento Independentista de Renovación Absoluta”.

SEMANA: Hablando de misión, para dónde va con la fundación ´Un Ángel en Queen´. ¿Qué sigue ahora?

J.M.: “Seguir creciendo. Mi sueño es construir una gran sede con todos las comodidades, pero nos dimos cuenta que cuesta muchísimo dinero, algo así como un millón de dólares”.

SEMANA: No alcanza con el premio que le dio CNN...

J.M.: “De ellos recibimos 25.000 dólares que fueron directo a la fundación”.

SEMANA: ¿Ha pensado en replicar sus buenas acciones en Colombia?

J.M.: Lo hemos contemplado pero creemos que para un colombiano es mucho más difícil desprenderse de una donación económica; aunque en el fondo sabemos que hay una excelente mano de obra y voluntariado”.

SEMANA: ¿Se identifica con alguna organización social de Colombia?

J.M.: “Con Mira, es de las pocas que trabajan los 365 días del año”.

SEMANA: ¿Qué tan boyantes son sus ingresos?

J.M.: “Me gano 600 dólares semanales por conducir el bus y de ese sueldo me gasto 120 dólares en el sostenimiento de la fundación. Pago una renta de 800 dólares mensuales y 400 en gasolina, 280 de gas y 240 en electricidad”.

SEMANA: En la fundación ¿alguien recibe sueldo?

J.M.: “De los once voluntarios tenemos una persona que se le paga un sueldo; ella me ayuda a cocinar, pero muy probablemente y debido a la difícil situación económica muy pronto tendremos que prescindir de sus servicios”.

SEMANA: ¿Fue emocionante recibir una condecoración de las manos del presidente Obama?

J.M.: “Si, estoy muy honrado de ser homenajeado en medio de seis mil nominados. Recibir esa distinción del Presidente más poderoso del mundo es todo un orgullo”.

SEMANA: ¿Pudo hablar en privado con el Presidente?

J.M.: Claro, nos dieron diez minutos a los trece condecorados para hablar con él en el salón azul de la Casa Blanca. Para llegar a ese sitio fue necesario atravesar seis puntos de chequeo. Finalmente estábamos allí, solos con el Presidente más importante del planeta y sin la mirada sospechosa de sus hombres del servicio secreto o las interrupciones de sus asesores”.

SEMANA: ¿Qué le dijo el Presidente?

J.M.: “Jorge, estoy muy orgulloso y honrado de que usted y su familia estén aquí. No deje caer la acción que viene haciendo porque ustedes son una inspiración para mi y la Nación”.

SEMANA: ¿Usted tuvo chance para hacerle algún pedido especial?

J.M.: No. Pero me causó mucho orgullo que cuando inició su discurso expuso sólo dos casos de los condecorados y el mío fue el primero”.

SEMANA: ¿Cuál es su mensaje?

J.M.: “Llegarle a la gente para que ayude a otros. Si ve un mendigo regálele un pan, una gaseosa, no sea indiferente”.

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