Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/02/21 00:00

Un año después

La recuperación del Eje Cafetero va muy bien en el área rural pero sigue muy lenta en el área urbana. Balance de SEMANA.

Un año después

Hace un año un fuerte terremoto sacudió durante 32 segundos al Eje Cafetero. Armenia y 28 municipios más resultaron afectados por el sismo. La capital quindiana llevó la peor parte de la tragedia. Hoy cualquier persona desprevenida que visite ese departamento se encuentra con dos realidades diferentes. En la zona rural —y en algunos pequeños pueblos— parece que nunca hubiera sucedido nada. En la zona urbana —sobre todo en Armenia— parece que el terremoto hubiera ocurrido hace un mes.

El área rural está llena de casas nuevas y mejores que las que había antes del temblor y en general la gente se siente feliz. Pero en la ciudad cerca de 8.000 familias continúan viviendo en cambuches. Y hay un gran descontento generado por lo que algunos sectores califican de enorme lentitud en el proceso de reconstrucción. Tanto que la Confederación Nacional de Damnificados (Condac) y la Asociación de Veedurías Ciudadanas (Vercafe) están organizando un paro regional para el día del aniversario.

El blanco de todas las críticas es el Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec), organismo creado por el gobierno nacional para que durante tres años administre los recursos destinados para las obras. El Forec cuenta con 1,7 billones de pesos, que se están canalizando a través de 32 Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Pero a pesar de disponer de tantos recursos los resultados en materia de reconstrucción no son todavía satisfactorios. Y es por eso que una de las principales exigencias de los organizadores del paro es un revolcón total en la administración del Fondo.



Los obstáculos

La realidad, sin embargo, es mucho más complicada. Después de la tragedia de Armenia, y precisamente para evitar los problemas que se habían presentado en otras zonas del país afectadas por hechos similares, se decidió que fuera la sociedad civil —a través de las ONG— la que administrara los recursos del Estado en el proceso de reconstrucción. Como no existía normatividad al respecto había que inventarla. Y también darles tiempo a las ONG para que asimilaran su nueva función.

Pero eso no fue lo único que demoró los procesos. Para asegurarse de que las cosas salieran bien hubo que contratar estudios geológicos y sísmicos para dejar en claro en qué zonas se podía volver a construir y en cuáles no. Y fue necesario, en consecuencia, un nuevo plan de ordenamiento territorial. Simultáneamente hubo que hacer un inventario de pérdidas, en el que figuraran desde las casas que apenas tenían una grieta hasta las que se habían derrumbado en su totalidad.

Posteriormente se expidieron los decretos para otorgar subsidios a quienes eran propietarios y poseedores de viviendas con el fin de facilitarles su reconstrucción. Pero surgió un problema: la gran mayoría de las personas eran arrendatarias. Según Luis Carlos Villegas, presidente de la junta directiva del Forec, el 95 por ciento de las personas que hoy están en alojamientos temporales no tenían casa propia antes del terremoto. “Con la tragedia se destapó una gran franja de miseria que había en la zona cafetera’’, afirmó. Y hubo que diseñar un nuevo sistema de subsidios que permitiera financiar la adquisición de las casas.

Como si eso fuera poco, se presentaron problemas con las licencias para los constructores. Las ONG se demoraron, en promedio, cuatro meses en presentarle al Forec los proyectos para su aprobación. Sólo entonces se pudieron empezar a expedir las licencias de construcción. Y eso retardó todo el proceso.

Hasta la fecha se han entregado 47.000 subsidios de 90.000 que están presupuestados. Pero hay quienes piensan que hubiera sido muy difícil ir más rápido. Para Carlos Alberto Mejía, notario quinto de Armenia, la velocidad de este proceso es la máxima a la que puede irse. “Yo creo que hay que ser prudentes y darles un compás de espera de seis meses para que empiecen realmente las construcciones”.

Sin que ello exonere de culpas al Forec —que ha incurrido sin duda en muchas fallas de las que se le critican—, lo cierto es que en la reconstrucción del Eje Cafetero está en juego mucho más que la reconstrucción de la infraestructura física. Hay un experimento muy arriesgado: el Estado le apostó al esquema de darles a las ONG vía libre para administrar los recursos públicos con el objetivo de hacer el gasto más eficiente y transparente. Y eso tiene sus costos.

A eso habrá que agregarle, además, un nuevo ingrediente: la campaña electoral que se viene. Nadie sabe cuál es la agenda de gobernadores, alcaldes y concejales ni sus intereses en el proceso de reconstrucción. Eso, sin embargo, no parece preocupar al presidente del Forec, Luis Carlos Villegas Ami me tiene muy satisfecho que el unico juicio que han podido hacerme todos los politicos es que la reconstruccion va muy lenta.

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