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| 6/21/1999 12:00:00 AM

UN ASUNTO DE ESTADO

El secuestro de Piedad Córdoba, la más reconocida opositora de Andrés Pastrana en el <BR>Congreso, es una prueba de fuego para el gobierno y el proceso de paz.

El secuestro se produjo sin disparar un solo tiro. A las 12: 50 minutos del pasado viernes
la senadora liberal Piedad Córdoba se disponía a tomar una de las sillas de la sala de espera del Centro
Ortopédico El Poblado, al sur de Medellín, cuando cerca de 15 hombres y mujeres armados irrumpieron en el
lugar y luego de someter a uno de sus guardaespaldas se la llevaron con rumbo desconocido. "Usted
quédese quieto que a la senadora no le va a pasar nada. Cuidado con obligarnos a disparar, así que nadie
se mueva", les gritaron los secuestradores al escolta y a las personas que a esa hora se encontraban en el
lugar. La senadora había llegado al Centro Ortopédico para cumplir con los ejercicios de rehabilitación que le
habían sido ordenados por los especialistas que la operaron de una lesión en uno de sus pies hace varios
meses. Los otros dos escoltas personales de la parlamentaria no la acompañaban porque habían sido
desplazados por ella misma para que recogieran a uno de sus hijos a la salida del colegio. Una vez se
conoció el secuestro los grupos especializados del Ejército, la Policía y el DAS montaron un operativo en
toda la ciudad pero al cierre de esta edición se desconocían los resultados del mismo. De acuerdo con las
primeras versiones de los organismos de seguridad la retención de la destacada dirigente liberal habría sido
realizada por un frente urbano de los llamados grupos paramilitares. Su propósito era desconocido para
las autoridades pero no se descartaba el que hubiese sido con el objeto de enviar al Presidente un mensaje
en el que sería altamente probable que las autodefensas expusieran sus propias exigencias de negociación
política con el gobierno. La senadora había llegado a Medellín el jueves en la noche después de asistir en
calidad de presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República a una reunión
sobre ese tema con los habitantes de San Pablo, sur de Bolívar. En ese municipio _sometido al embate
terrorista de la guerrilla y de los grupos paramilitares_ la dirigente liberal llamó la atención de las autoridades
para evitar que el pueblo se convierta en escenario de "otra masacre anunciada". Asunto delicado
El secuestro de Piedad Córdoba podría convertirse en el mayor dolor de cabeza político para el gobierno de
Andrés Pastrana. Desde que comenzó la actual administración Córdoba ha enfilado baterías contra los altos
funcionarios, a quienes sindica de atropellar al Partido Liberal y no cumplir con las promesas de campaña.
En esa lucha ha sido intransigente. "Uno como congresista no puede negociar la posibilidad de realizar el
control político", dijo a SEMANA en octubre del año pasado cuando sus colegas empezaban a reconocerla
como la líder de la oposición en el Congreso. El primer gran debate que le hizo al gobierno de Pastrana en
el Senado de la República fue en septiembre del año pasado cuando cuestionó los nombramientos de los
ministros de Desarrollo, Fernando Araújo, y Salud, Virgilio Galvis, por presuntos conflictos de intereses.
Ese debate le ocasionó no sólo un fuerte enfrentamiento con funcionarios del gobierno sino que hizo
que representantes de la bancada conservadora se refirieran a ella en términos irrespetuosos y
desobligantes. Ello, sin embargo, no amilanó a la aguerrida dirigente liberal, quien siguió con su ofensiva
política contra el gobierno. El escenario preferido por Córdoba para llevar a cabo su arremetida ha sido el
recinto del Senado, donde se han realizado los debates a la reforma política. Allí ha mostrado su
inconformidad con el proyecto porque considera que atenta contra los intereses de sectores marginados
de la sociedad, entre ellos las minorías raciales y las clases populares. Además ha sostenido que la
reforma deja por fuera a las mujeres y no se ocupa de los derechos humanos, que han sido siempre dos
de sus banderas políticas. En defensa de esta última ha pagado un precio muy alto: las distintas
denuncias que presentó contra los grupos paramilitares a finales de 1995 la obligaron a abandonar el país
junto con su familia. Animada por su preocupación por la búsqueda de soluciones políticas al conflicto
armado, y quizá también por la confrontación que sostiene en la actualidad con el gobierno, decidió
incursionar en uno de los terrenos más vigilados por el Ejecutivo: el proceso de paz con las Farc. En
efecto, Córdoba _junto con Jaime Dussán y Amylkar Acosta_ fueron los primeros parlamentarios que se
entrevistaron con Manuel Marulanda Vélez, 'Tirofijo', y los otros negociadores de ese grupo guerrillero,
desoyendo las recomendaciones del propio gobierno en el sentido de que los únicos autorizados para
realizar ese tipo de encuentros eran los funcionarios designados por el Presidente de la República. Pero
no sólo se ha entrevistado con las Farc. De la misma manera Piedad Córdoba, como miembro de la
Comisión de Paz del Congreso, ha tenido varios encuentros con los voceros del ELN detenidos en la cárcel
de Itagüí. La parlamentaria liberal ha sido una de las defensoras de la propuesta de ese grupo de realizar
una convención nacional. Es por todas estas razones que el secuestro de Piedad Córdoba tiene grandes
y graves implicaciones para el gobierno. La senadora no sólo es distinguida como una activista de la paz y
los derechos humanos, sino que es hoy por hoy la vocera más destacada de la oposición en el
Congreso. Esta última condición hace que la suerte de un buen número de proyectos de ley, y hasta del
mismo proceso de paz, no sea ajena a lo que ocurra con ella. Para no ir más lejos, el viernes en la noche
varios senadores propusieron la suspensión inmediata de todas las actividades del Congreso hasta tanto
no sea liberada. Por eso, aunque resulte paradójico, de la buena fortuna de su más férrea opositora
podría depender también, en buena medida, la del propio gobierno. n Varios senadores proponen
suspender las actividades del Congreso si no es liberada Piedad Córdoba
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