Martes, 24 de enero de 2017

| 1995/06/12 00:00

UN CONEJO DEL SOMBRERO

Nadie sabe bien por qué Samper decidió sorprender a todo el mundo con su propuesta de un Congreso unicameral. Pero el hecho es que no ha sido bien recibida.

UN CONEJO DEL SOMBRERO

LA SORPRESA FUE GRANDE. En momentos en los cuales nadie hablaba de reformas constitucionales ni asociaba los problemas del país a ello, cuando ni Ernesto Samper ni el samperismo habían mencionado jamás el tema, el Presidente -como un mago que saca un conejo del sombrero- propuso reformar al Congreso y establecer un sistema de cámara legislativa única.
Tras la sorpresa de los congresistas liberales -y también de los conservadores-, las reacciones se dividieron entre quienes rechazaban abiertamente la idea y quienes como la mayoría de miembros del Partido Conservador, dijeron que estaban de acuerdo con una reforma al Congreso, siempre y cuando se reformaran también las otras ramas del poder público, comenzando por el propio Ejecutivo. Todo esto fruto, de la confusión que desencadenó la iniciativa que, como bien lo dijo el senador conservador Jaime Arias, "no tiene nada de bueno... ni de malo".

ALTAS Y BAJAS
La discusión no es nueva y ya en tiempos de la Constituyente el asunto había sido debatido, sin que los promotores del unicameralismo -entre los cuales no se contaba prácticamente ningún liberal- hubieran convencido a la opinión de las bondades de esta idea. El origen del Parlamento bicameral puede encontrarse en las reformas del sistema político inglés que siguieron a la revolución de Cromwell en el siglo XVII. Por un lado los nobles y por el otro los burgueses, ambos deseaban contar con su propio escenario para controlar el poder del Rey. Surgieron así la Cámara de los Lores - cámara alta- y la de los Comunes -o cámara baja-, y aunque todo esto ha cambiado mucho tres siglos después, lo cierto es que algo similar diseñaron los dirigentes de Estados Unidos, que crearon un Congreso con una cámara alta -el Senado- y una baja -la de Representantes- con la idea de que el primero fuera una suma de representaciones de cada uno de los Estados de la Unión, y la segunda, una suma de representantes de los distritos locales de todo el país.
Pero ninguno de estos antecedentes parece tener nada que ver con el actual debate político en Colombia, donde el bicameralismo ha sido la tradición, mantenida en la Constitución de 1991 con algunos cambios, como el hecho de que el Senado se elige hoy por circunscripción nacional y la Cámara por circunscripciones departamentales. Las competencias de ambas corporaciones son prácticamente las mismas, algo que en principio hace pensar en un sistema poco eficiente y operado con trámites bastante largos. Es ahí donde, según los defensores de la idea, radicaría el gran beneficio de un sistema unicameral: abreviar el proceso legislativo y darle al Congreso una capacidad de respuesta mucho más rápida para legislar de manera ágil sobre los problemas nacionales. Si, por ejemplo, el país volviera a enfrentar una conmoción como la que en dos ocasiones -en 1992 y 1994- puso al borde de la libertad a centenares de delincuentes al caer algunas normas dictadas bajo estado de excepción, el peligro podría enfrentarse con un Congreso de reacción rápida como el unicameral.
Pero si se profundiza un poco en los problemas colombianos, es fácil ver que todo lo anterior no es más que teoría. Con los problemas y la imagen que tiene el Congreso colombiano, el problema no parece ser tanto que trabaje más rápido, sino algo muy distinto: cómo hacer para atajar los goles que permanentemente tratan de meterle al país algunos parlamentarios. Como dijo a SEMANA un ex senador conservador, "hay que ver qué es lo que se busca, si que este Congreso que conocemos produzca más normas, o si por el contrario, nos dejaría más tranquilos si produjera muchas menos".
Aún con los trámites que hoy obligan a que cada ley supere dos debates en cada cámara y, en caso de que entre la alta y la baja no haya acuerdo, sea necesario conciliar y obtener una nueva aprobación en cada una de las plenarias, en Colombia se producen más de 100 leyes cada año, un verdadero alud que apenas alcanza a ser digerido por el país.
Así las cosas, el verdadero lío es cómo prevenir que dentro de esa avalancha legislativa no se cuelen 'micos', como sucedió el año pasado con el llamado narcoproyecto, que fue detenido gracias, precisamente, al bicameralismo. De no haber sido por la existencia de las dos cámaras, el proyecto que dejaba sin piso la figura del enriquecimiento ilícito sería hoy ley de la República. Después de un doble pupitrazo en comisión y en plenaria de Senado, la opinión tuvo tiempo de reaccionar ante lo que iba a suceder y el gobierno logró detener el proyecto a las puertas de la plenaria en la Cámara de Representantes. Y es que una de las virtudes del bicameralismo es que una corporación controla a la otra, algo muy necesario en momentos en los cuales el debate sobre el Congreso no se centra en cuánto se demora su trabajo, sino en qué tan infiltrado está por intereses oscuros.
Por todas estas razones, la propuesta del Presidente no despertó aplausos. De hecho el Congreso, que por esos días había trabajado con celeridad y en coordinación con el gobierno para despachar el Plan de Desarrollo, resintió el hecho de que Samper, al final de la semana, le disparara sin consultárselo semejante torpedo. Esto agrió bastante las ya afectadas relaciones entre el Ejecutivo y el Capitolio, lo cual se dejó ver en la junta de parlamentarios liberales del miércoles, en la cual fueron varias las voces de protesta. Incluso uno de los samperistas de más vieja data, Carlos Espinosa Faciolince, acusó al Presidente de estar "tendiendo una cortina de humo" para distraer la atención de los verdaderos problemas del país. En el mismo sentido se expresaron otros congresistas, como Eduardo Pizano. Hubo también quienes vieron en la propuesta una manifestación más del "síndrome de creer que los problemas profundos del país se arreglan expidiendo decretos y reformando leyes", como lo expresó el conservador Juan Camilo Restrepo.
Otros en cambio, como Aurelio Iragorri, quien fuera presidente del Senado cuando la Constituyente, siente que anda merodeando el mismo fantasma de la revocatoria de 1991. El diario El Espectador cree ver otro tipo de fantasma: el de la contrarreforma constitucional manejada por los políticos. En su editorial del viernes, el diario de los Cano aseguró que con su propuesta el presidente Samper estaba abriendo "un boquete" por el que se puede colar la contrarreforma que tanto han soñado algunos políticos de la vieja guardia.
Y aunque de pronto pensar como Iragorri en una revocatoria del mandato del Congreso, o como los Cano en una gigantesca contrarreforma, parece por ahora una exageración ante una propuesta que, según el ministro de Gobierno Horacio Serpa, es sólo "un tema de reflexión", lo cierto es que hay algo de falta de seriedad en andar buscando, apenas cuatro años después de la Constituyente, una nueva reforma a la Carta en vez de acabar de desarrollar los principios de 1991 y en aplicar las actuales leyes con las cuales muchos creen que basta y sobra para sacar al país del atolladero. Todo esto deberá analizarlo la comisión de representantes de los partidos creada por el Presidente para analizar su idea, comisión que deberá hacer un gran esfuerzo para que se resuelva bien algo que, en todo caso, comenzó mal.

ROBERTO GERLEIN
CONSERVADOR
"Usted tiene experiencia en cerrar Congresos, Ministro, y hoy tiene el poder ejecutivo para volverlo a hacer"

PIEDAD CORDOBA
LIBERAL
"Es necesario hacer un examen crítico a los males que aquejan al Congreso, pero la propuesta de unicameralidad es como buscar la fiebre en las sábanas"

ALBERTO SANTOFIMIO
LIBERAL
"La Cámara única no es la panacea... Revisemos también el sistema judicial, el sistema financiero; revisemos la estructura de los monopolios, del Ejecutivo y el Congreso"

JAIME ARIAS
CONSERVADOR
"Los problemas de Colombia no se resuelven con decretos y con leyes, y el verdadero problema del Congreso es que se ha convertido en un órgano subordinado del Ejecutivo"

MARIO URIBE
LIBERAL
"Jamás imaginé que el presidente Samper y su Pacto Social nos devolvieran a la reforma de 1991... Si hay alguna institución que no esté en crisis es el Congreso"

JOSE RAMON ELIAS NADER
LIBERAL
"El unicameralismo puede ser bueno, porque facilita los trámites legislativos, que hoy son demasiado engorrosos. Pero lo ideal sería que las dos cámaras tuvieran competencias distintas"

FABIO VALENCIA COSSIO
CONSERVADOR
"No ubiquemos la crisis del país en un solo estamento. Si vamos a reformar, reformemos todo"

LUIS FERNANDO DUQUE
"Nos parece extraño que ahora el presidente Samper quiera reducir el tamaño del Congreso que lo eligió y que ha sido diligente en el trabajo con su gobierno"

PABLO VICTORIA
LIBERAL
"El problema de Colombia no son ni el Congreso ni el narcotráfico, sino el presidente Ernesto Samper, que no tiene autoridad moral para hacer esta clase de propuestas"

TITO EDMUNDO RUEDA
LIBERAL
"Yo no le tengo miedo a la reforma, pero sí me duele que el Presidente haya tocado ese tema sin habernos consultado".

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