Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1993/08/02 00:00

UN JOVEN CON CARRETA

El polizón colombiano se volvió famoso en Estados Unidos no por aventurero sino por mentiroso.

UN JOVEN CON CARRETA

HACE MAS DE DOS SEMAnas se llamaba Guillermo Rosales, tenía 14 años y era huerfano de padre y madre. Con ese nombre asombro al mundo asegurando que había sobrevivido a una travesía de más de tres horas en el tren de aterrizaje de un avión de carga que lo llevo a Miami en la madrugada del primero de junio.
Guillermo salió en todos los noticieros nacionales de Estados Unidos con traductor simultaneo. Sus escasas declaraciones eran más detalladas cuando explicaba porque huia de Colombia, que cuando se le preguntaba de dónde había sacado oxígeno para respirar a más de 35.000 pies.
De tanto repetir unas y omitir las otras, el triste historial del joven terminó por dominar la escena.
Guillermo contó que dormía en un avión abandonado del aeropuerto de Cali y que buscaba comida en los basureros de la calle. Dijo que nadie lo quería y que sonaba con trabajar y hacerse médico en Estados Unidos.
Con esa historia y una voz casi inaudible de niño aterrorizado, conmovió a decenas de familias en todos los Estados Unidos que querían adoptarlo.
En las calles de Miami le pedían autógrafos, un abogado bilingue se ofreció para representarlo gratuitamente. Mientras inmigración buscaba parientes en Estados Unidos, Jairo Lozano, hermano del celebre policía colombiano William Lozano, se lo llevó para su casa, donde vivia a cuerpo de rey. Un día que fue a comprar una bicicleta con la plata que le habían regalado, el dueño del negocio lo reconoció y se la dio gratis.
Pero hace más de dos semanas un oficio del DAS le barajó el sueño americano a Guillermo.
El Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos recibió un documento del DAS, del que se concluía que Guillermo Rosales no era Guillermo Rosales; que no tenía 14 sino 17 años y que su madre no estaba muerta. El verdadero nombre del polizón era Juan Carlos Guzman Betancur, nacido en Roldanillo. Valle, el 26 de junio de 1976.
'¿Y quién soy yo para que me crean?," dijo sollozante el polizón ante un racimo de micrófonos el día en que se supo que no era Guillermo.
Pero por esos extraños guiños de la popularidad, la versi6n del muchacho del porqué mintió, en lugar de hundirlo, reforzó aun más la compasión general.
" Yo no quería que supieran mi nombre, porque así localizaban a mi mamá, y yo no quiero volver porque mi mamá y mi padrastro me pegan, mi mamá me echó de la casa ', dijo.
Era una de las pocas verdades que Juan Carlos había dicho últimamente.
Ante las cámaras del canal 51 de Miami, que viajó expresamente a Cali, su mamá, Yolanda Betanancur, confesó llorando que lo había tratado mal, que no le había dado el cariño que merece un niño y que lo había echado de la casa.
El padrastro, Harold Velasco, secretario de una oficina de bienes raíces en Cali, dijo al Miami Herald que no queria saber nada de él.
Por aventurero y por mentiroso, Guillermo, o sea Juan Carlos, aseguró el cariño de miles de norteamericanos y latinos en Estados Unidos, pero no lo que su abogado buscaba, una visa humanitaria.
El Servicio de Inmigración y Naturalización dijo que le perdonaba las mentiras pero que tendría que irse el 14 de julio sin derecho a pataleo.
Las reacciones y nuevos ofrecimientos no se hicieron esperar.
"A ese niño no se lo pueden llevar", dijo la dirigente comunitaria puertorriquena Carmen Díaz.
"El hace parte de nosotros y hay que hacer algo para que lo dejen ".
David Iverson, abogado de Juan Carlos, sostiene que lo único que se puede hacer es solicitar una visa de estudiante. Pero para eso Juan Carlos tiene que regresar a Colombia, buscar las notas de su colegio (hizo hasta segundo de bachillerato en un plantel técnico de Cali) y presentarse ante el consulado a recibir la visa.
Regresar a Colombia no es un plan para el cual Juan Carlos parece estar preparado.
"A la única casa que llegaría sería a la del Presidente", dijo. A la que jamás regresaría vivo es a la de su abuela en Roldanillo. En esa casa pasó, según él, los más humillantes años de su vida.
"Me tenían como a una sirvienta cuidando a una niñita cansona de dos años que me tiraba la comida, tenía que lavar, planchar, lavar los carros, lo único que faltaba es que me pusieran una faldita", dijo.
Cuando alguien menciona el nombre de su padrastro, Juan Carlos cambia su rostro inofensivo y dice:
"Donde vea a ese m... le parto la cara ". Entonces Bertha, la esposa de Jairo Lozano, a quien Juan Carlos le dice mamá, lo regaña como si fuera su hijo.
No es la primera madrina que se encarina con Juan Carlos. La personera de Roldanillo, Luz Piedad Suarez, también puso sus afectos maternales luego de enterarse de que Juan Carlos había sido acusado de robarse una cámara de fotografía que había finalmente devuelto a su dueño.
"El caso de Juan Carlos, dijo Suárez, es un caso de incomprensión y falta de cariño. Es un muchacho completamente sano ''.
Mientras espera la hora final del sueño, Juan Carlos ha recibido varias sorpresas. Una de ellas es que un hermano medio que vive en Houston, Texas, lo llamó para decirle que había desocupado una habitación para que fuera a vivir con él.
Fabio Guzmán, próspero gerente de una empresa de jardinería, dijo que ambos eran hijos del mismo padre, un agricultor del Valle del Cauca ya fallecido, que tuvo por lo menos 15 hijos con diferentes esposas.
"Mi papa sembraba un día aquí un repollo y mañana otro allá", dijo Fabio, de 36 años. "Juan Carlos es uno de ellos".

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