Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2002/11/16 00:00

Un largo adiós

¿Habrá renovación en el Partido Liberal con la salida de Horacio Serpa?

El 26 de mayo, dia de las elecciones, el candidato liberal Horacio Serpa anunció que renunciaría "de una vez y para siempre" a cualquier aspiración presidencial. Seis meses después se retira de la jefatura del liberalismo en medio de llamados a los sectores disidentes para conformar una dirección plural. ¿Escucharán los uribistas estos cantos de sirena y regresarán como hijos pródigos a la casa matriz?

Tras su segunda derrota electoral el comportamiento de Horacio Serpa ha sido más bien errático. En teoría, era el jefe de la minoría más importante del Congreso: 30 senadores y 49 representantes. Esa bancada era el respaldo más importante de su "cooperación constructiva con independencia crítica" al nuevo gobierno de Alvaro Uribe. El dilema de Serpa era simple: o los serpistas se disciplinaban para constituir un verdadero partido de oposición bajo la férula del líder o se plegaban a los deseos de la nueva administración a cambio de puestos y contratos.

No sucedió ni lo uno ni lo otro. Los serpistas sí se han comportado en general como una bancada ordenada y gozan de interlocución válida tanto con el presidente Uribe como con su ministro de la política, Fernando Londoño. Más aún, en varias ocasiones cruciales para proyectos, como el del referendo, han sido los senadores del liberalismo oficialista los que han salvado los acuerdos entre las bancadas.

El detalle es que ya no obedecen al jefe 'natural'. Por ejemplo, en la comisión primera, que debate las reformas políticas, el ministro Londoño optó por discutir con congresistas serpistas como Rodrigo Rivera y José Renán Trujillo e ignorar al propio Serpa. Por otra parte, a medida que sus parlamentarios conseguían acuerdos y transaban con los uribistas y el gobierno, al ex candidato presidencial le amarraban las manos ya que quedaba mal salir a desvirtuar a su propia bancada.

En otras palabras, el serpismo se quedó sin serpistas. Por un lado, el ya ex director del Partido Liberal pisaba el acelerador a un tren que lo alejaba cada vez más de las políticas uribistas mientras que, por el otro, los congresistas del liberalismo tienden puentes de comunicación y moderan posiciones frente al gobierno. A todas luces, era la hora de partir.

El retiro

Así, sin esperar al congreso del partido del próximo mayo, Horacio Serpa anunció su retiro de la jefatura liberal en el Encuentro de Barranquilla que se realizó la semana pasada. El ex candidato presidencial se sentía en casa. Llegó al Club Campestre acompañado de Rosita, su esposa. Fue recibido por el senador barranquillero José Name Terán, uno de los organizadores, y luego saludó de mesa en mesa a cientos de presentes. Asistieron congresistas, ex ministros, diputados, concejales y militantes de base. Parecía más un alegre acto de campaña, lleno de vivas y camisas rojas, que una despedida triste y melancólica.

"Doctor Serpa, no se retire del partido, lo necesitamos", reclamaban un par de señoras de blusa roja. Pero el ambiente entre los parlamentarios era distinto. "La renovación de la dirigencia es lo más importante ahora. Necesitamos que los uribistas vuelvan y que Serpa se haga a un lado", dijo un congresista que acompañó al líder liberal en sus dos intentos presidenciales.

Dos temas intrigaron al auditorio: qué diría de la gestión de los primeros 100 días del presidente Alvaro Uribe y quiénes serían sus sucesores en la dirección liberal. Cumplió con las expectativas en el primer punto pero dejó dudas e inquietudes en el segundo. El discurso de retiro de Horacio Serpa demuestra que es un candidato perenne. Le reconoció a la administración Uribe logros en temas de seguridad y la cercanía a la comunidad en los consejos comunitarios, pero criticó duramente el manejo de la economía y el unanimismo en favor del gobierno de algunos sectores políticos y medios de comunicación. "Al Presidente le va bien pero al país le va mal", concluyó Serpa, parafraseando una famosa cita de un dirigente gremial en los años 80.

'Ni chicha ni limona'

La apertura del ex jefe liberal en señalar sus reparos al gobierno Uribe contrastó con el hermetismo en identificar a sus 10 sucesores en la dirección del partido. Ni sus más cercanos colaboradores y parlamentarios se sentían capaces de confirmar los nombres. Pero sí se confirmaron los acercamientos de Serpa a representantes de las corrientes del liberalismo. Desde hace varias semanas viene insistiendo en la necesidad de que la nueva jefatura no esté compuesta de serpistas. Esto último abre las puertas a los disidentes, en especial a los uribistas, para no sólo regresar a las huestes oficialistas sino también ocupar los más altos cargos directivos.

Esa propuesta no es gratuita. Estos 10 líderes tendrán la misión de organizar el congreso de mayo y, por ende, las fichas para beneficiar a los sectores que representan. Sin embargo eso es más fácil decirlo que hacerlo.

Aunque tanto Horacio Serpa como los más conspicuos parlamentarios liberales desearían que el uribismo, y hasta otras corrientes no tan definidas como el peñalosismo, consolidaran la unión, éstos últimos no quieren 'hacerle el juego' a la línea oficial del partido. El temor radica en que una dirección de mayoría serpista le garantizará al ex candidato presidencial el control de una organización sin el desgaste de dirigirla. Como en el fútbol, Serpa quiere desmarcarse pero dejando la retaguardia protegida.

Por ejemplo, ha sonado para codirector el nombre de Carlos Rodríguez, el nuevo presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), reconocido serpista. A pesar de representar a los sectores sociales, Rodríguez estaría más cerca del lado oficialista que de los integrantes de las disidencias.

Horacio Serpa está en una encrucijada política. Para ganar independencia y más espacio en su afán opositor tuvo que renunciar a la jefatura del partido. Pero si no convence a líderes uribistas, como los senadores Mario Uribe o Rafael Pardo Rueda, de acompañarlo, los 10 nuevos directores del liberalismo serán cuñas de su mismo palo. Su salida será un mero formalismo. Mantendrá el control del Partido Liberal pero su poder e influencia irán decayendo mientras avance el gobierno. Será el jefe de un cascarón vacío. A mediados de esta semana el misterio de la nueva dirección liberal se resolverá. Si los llamados al uribismo no dieron sus frutos el futuro de Serpa seguirá nublado mientras el del gobierno aparece cada vez más despejado.

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