Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1994/10/31 00:00

UN LUCHADOR POLITICO

El politólogo Fernando Cepeda Ulloa explora las altas y bajas, así como los momentos más críticos de la carrera del ex mandatario

UN LUCHADOR POLITICO

EN POLITICA MIS PREFErencias se inclinan hacia las personalidades que han labrado su puesto en la historia a base de lucha, de éxitos, fracasos; éxitos, otra vez, y más fracasos. Pienso que el camino fácil es un camino equivocado porque ablanda, afloja, hace perder el temple y, bien pronto, el norte. La política es un quehacer en el cual los antagonismos y las formas de cooperación son dos caras de un mismo oficio. Los sinsabores, las frustraciones, las injusticias son ingredientes indispensables en la formación y en la vida de un estadista.

A nadie debe sorprender, entonces, que al examinar la vida y la obra de Carlos Lleras Restrepo registre no tanto las realizaciones y los momentos de gloria, ya bien divulgados, cuanto los conflictos, los escollos y los desencantos. Es ahí donde valoro las condiciones del dirigente Lleras Restrepo, incansable servidor público hasta casi el último instante.

Lleras Restrepo fue un luchador. Un combatiente. Pero un combatiente liberal, lo cual quiere decir que estaba pronto a conciliar, a cooperar con el adversario de ayer, a propiciar compromisos. Fue una figura prominente durante los años de confrontación interpartidista, tanto que su casa (prefería decir su biblioteca) fue incendiada y el exilio fue la única opción. Pero, de la misma manera, fue una figura prominente durante el Frente Nacional, una era de compromiso y de acomodación. Y, luego, durante una etapa plagada de conflictos, magnicidios y generosos intentos de reconciliación y de reformas.

Con todo, aun durante el Frente Nacional, las cosas no fueron fáciles para Lleras Restrepo. Su candidatura presidencial sufrió en el proceso casi un colapso. Rescatada a tiempo logró el triunfo en una votación que no fue de las más altas. Diría que no tuvo suerte con las elecciones en las cuales sus legítimas ambiciones estaban en juego. No había coincidencia entre su bien ganado prestigio y el apoyo electoral que recibía. ¿Apenas natural por tratarse de una personalidad controvertida? No siempre es así. Los votos, por lo menos en las elecciones presidenciales, le fueron esquivos.

La contienda electoral del 19 de abril de 1970. al finalizar su mandato, cuando el Frente Nacional sufrió su crisis más profunda, fue un testimonio injusto con su obra de gobierno, pero, al mismo tiempo, le dio la oportunidad dos días después de rescatar en unos cuantos segundos su prestigio. Lo admirable es que combatió una y otra vez. Luchaba, perdía y seguía; y triunfó muchas veces. Como que una fuerza interior lo impulsaba a pelear por su causa a la manera de un cruzado.

Hombre de partido, si los hubo, vivió su último cuarto de siglo en conflicto con el sentir mayoritario de su gran Partido Liberal. La Convención Liberal que ratificó la candidatura presidencial de Samper como que selló la reconciliación entre el viejo caudillo y el partido de sus afectos. Disciplinado como ninguno, rompió en varias ocasiones la disciplina partidista. Político de todas las horas, introdujo en Colombia el debate entre técnicos y políticos. Conocedor como el que más de los secretos de las maquinarias políticas, trajo de Italia el concepto de clientela con el cual fustigó los vicios, todavía imperantes, en los partidos políticos. Admirado por los grandes periódicos, se enfrentó en no pocas ocasiones con ellos y prefirió publicar su propia revista, Nueva Frontera. No era antiamericano pero sostuvo -¡y de qué manera!- el más fuerte enfrentamiento que se recuerde con todas las agencias de financiamiento con sede en Washington D.C., el Banco Mundial, el Fondo Monetario, la Agencia Internacional para el Desarrollo.

Congresista de vieja data, sostuvo durante su gobierno varias confrontaciones con sus antiguos compañeros de curul. En una ocasión llegó a presentar su renuncia y, en otra, y no sin buenas razones, estuvo a punto de ir personalmente al recinto del Congreso para confrontar a sus críticos. Igual hizo la unión liberal, al incorporar al M.R.L. a su gobierno y al propio Alfonso López Michelsen, que asumió la responsabilidad de dividir el Partido Liberal para impedir la reelección del propio López. Combatió a Gustavo Rojas Pinilla como dictador. No participó en la votación que lo condenó en el Congreso. Y enterró con sólo el ademán y un reloj su exitoso movimiento político, el 21 de abril de 1970.

Hombre del establecimiento, promovió la Reforma Agraria y, si se hubiera consolidado, algo mucho más significativo: la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. Respetado y querido por el sector privado, desató la primera gran confrontación entre el gobierno y un conglomerado económico, presidido por Alberto Samper.

Profesor universitario desde temprana edad, fundador de la primera Escuela de Economía, fue torpemente agredido por estudiantes de la Universidad Nacional durante la administración Valencia cuando la universidad se modernizaba bajo la dirección de su dilecto amigo, José Félix Patiño. Maestro de juventudes, éstas marcharon en fila india por la carrera séptima de Bogotá haciendo que rezaban y recitando letanías para tumbar a su ministro de Educación, Octavio Arizmendi Posada.

Conocedor al milímetro de la geografía nacional, amante de sus regiones y municipios, se le tildó de centralista. Enamorado de Cartagena y uno de los principales promotores de su desarrollo, algunos decían que era anticosteño.

Intelectual devoto de las bellas letras, terminó enfrentado con Marta Traba y el grupo de intelectuales que la apoyaba.

Es bien claro, entonces, que Lleras Restrepo fue un dirigente con su propia visión de cómo debía ser el Estado y por sacarlo adelante trabajó con tenacidad. Por eso, fue un hacedor, un realizador y, cómo no decirlo, un soñador. ¿Acaso no tenía vena poética?

La suya puede ser la presencia política más influyente y larga. Tanto así que muchas instituciones que él ayudó a forjar, desaparecieron una vez cumplido su ciclo vital. Reformador incansable, transformó desde la Constitución hasta los procesos de toma de decisiones.

De los miembros de su generación nadie pudo exhibir tanta experiencia política. Con todo, me atrevo a decir que en él pudo más la esperanza que la experiencia. Ello puede explicar tanta perseverancia en su esfuerzo por enderezar las cosas. Me pregunto si alguna vez conoció el descanso.

Creo que no hay un solo político prominente que no se hubiera beneficiado de su amistad y, en ocasiones, de su implacable crítica.

Misael Pastrana, López Michelsen y Virgilio Barco formaron parte de su equipo de gobierno. Los tres llegaron a la Presidencia. Esto dice mucho sobre Lleras Restrepo.

Vivió y murió en su ley. Fiel a su manera de concebir el Estado. Leal a una visión política propia. En lo esencial, intransigente. En lo demás, abierto al compromiso. Canceladas sus ambiciones de retornar a la Presidencia, se alejó de los políticos y de los partidos. Nunca se retiró de la política.

¿Cascarrabias? Lo recuerdo con una sonrisa a flor de labios.
Carlos Lleras Restrepo ya pertenece a la historia. Y su vida ejemplar, marcada por una recia personalidad, nos queda como valiosísimo legado. Una herencia que le pertenece a su familia pero, también, a todos sus conciudadanos.-

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.