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| 11/5/2011 12:00:00 AM

Un nuevo aire

El golpe contra Cano fortalece la imagen del presidente Santos y les quita el piso a los críticos que aseguraban que su estilo y su agenda les abrían oportunidades a las Farc.

Ninguna noticia podía ser más importante para el presidente Juan Manuel Santos que la muerte en combate de Alfonso Cano. Los golpes militares contra la guerrilla, o contra los carteles de la droga, siempre han beneficiado, más que cualquier otro éxito, la imagen de los presidentes en Colombia. El del viernes pasado contra el jefe de las Farc producirá un incremento inmediato del respaldo de la opinión pública a la gestión de Santos y un fortalecimiento del consenso entre las fuerzas políticas que lo acompañan.

El golpe a Cano no podía llegar en un mejor momento para el gobierno. El cuatrienio de Juan Manuel Santos iba por buen camino, pero se pensaba que el tema de la seguridad constituía su talón de Aquiles. El incremento de operaciones por parte de las Farc y la muerte de 27 soldados en las últimas semanas se atribuían a que el gobierno Santos no le concedía al tema la misma prioridad que su antecesor. Entre los pocos críticos que tiene el actual gobierno se escuchaban voces en el sentido de que la diversificación de la agenda gubernamental les estaba abriendo espacios a las Farc para recuperar terreno. No por coincidencia el Presidente, en busca de nuevos vientos, acababa de cambiar al ministro de Defensa y la cúpula militar.

El éxito de la Operación Odiseo les quita el piso a estos argumentos. De hecho, tanto en su calidad de ministro de Defensa del gobierno Uribe como ahora, de Presidente, Juan Manuel Santos ha sido protagonista de los principales golpes que el Estado colombiano le ha dado a la guerrilla: fue quien, en persona, recibió a Íngrid Betancourt y a los demás liberados de la Operación Jaque, planeada y ejecutada cuando era ministro; fue, también, el que le informó al país que Iván Ríos había muerto a manos de sus escoltas; el que llevó a cabo el bombardeo contra el campamento de Reyes en Ecuador y el que, como comandante en jefe de las Fuerzas Militares, presidió los operativos contra el Mono Jojoy y Cano. La oposición que, desde la derecha, criticaba a Santos por haber permitido una erosión de la moral del Ejército se quedó sin argumentos.

Desde el punto de vista externo, las ambiciones del presidente Santos de proyectar a Colombia y fortalecer vínculos con nuevas regiones serán más factibles con la baja de Cano. En un contexto subregional andino en el que la posición internacional de los países vecinos se ha deteriorado por su debilitamiento institucional y sus precarias condiciones democráticas, Colombia sobresale como una nación que va superando sus problemas ancestrales y que se convierte en el socio más estable para el capital extranjero y para las relaciones políticas.

Juan Manuel Santos, en general, recibe un gran impulso en momentos en que se empezaba a agotar su luna de miel con la opinión pública. El efecto inmediato es una refrendación de su programa de gobierno: Santos puede decir que el lugar que ocupa el tema de seguridad en sus discursos, en su agenda y en su política exterior es suficiente para continuar los logros contra las Farc iniciados con la seguridad democrática.

Y se abren nuevos espacios para explorar otras vías que, en paralelo al uso de la fuerza, contribuyan a ponerle fin al conflicto interno. Siempre se ha dicho que una negociación con la guerrilla sería más factible si está debilitada en el terreno militar. Y si son ciertas las señales que ha enviado el gobierno sobre su disposición de buscar una salida política, ahora se le abren nuevas oportunidades. La coincidencia de la muerte de Cano con la elección de Gustavo Petro –un hombre que dejó las armas– para la Alcaldía de Bogotá deja en claro el mensaje de que la democracia es más efectiva que la vía armada para luchar por las ideas.

La reacción del presidente ante la noticia fue mesurada. No hay que olvidar que solo unos meses después del operativo contra Jojoy le llegaron a cuestionar su política de seguridad. Los éxitos son pasajeros. Lo que sí es un hecho es que las peticiones que hacían algunos sectores para que el actual gobierno cambiara su discurso, su estilo o sus prioridades se quedaron por ahora sin piso.
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