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| 4/29/2006 12:00:00 AM

Un nuevo equilibrio

Detrás de la terna para elegir al nuevo magistrado de la Corte Constitucional podría estar el interés porque esa alta corporación sea más afín al gobierno nacional.

Para nadie es un secreto que al gobierno de Álvaro Uribe le incomoda la Corte Constitucional. Las tensiones fueron evidentes con el primer ministro del Interior y Justicia, Fernando Londoño, abierto partidario de recortarles las competencias a los nueve magistrados. Y el antagonismo creció con fallos como el que modificó el texto del referendo en 2003, y el que tumbó aspectos clave de la conmoción interior. Desde la llegada de Uribe al poder, ha habido versiones de un supuesto proyecto para meter en cintura a esta Corte, arropado en el más presentable vestido de una reforma integral a la justicia y de la necesidad de acabar con el choque de trenes que se ha presentado con la Corte Suprema por falta de límites más claros en las competencias de los dos tribunales.

De paso, la Corte Suprema coincide con el Ejecutivo en el interés de evitar que la Constitucional siga modificando, mediante la tutela, el alcance de sus sentencias. Una polémica práctica que pone en tela de juicio el carácter de juez de última instancia de la Suprema. Y que le ha dado pie a un evidente pulso de poderes entre los dos organismos.

Con la salida de Alfredo Beltrán de la Corte Constitucional, el próximo mes, en el gobierno se ha barajado la idea de que en lugar de la impopular reforma, se podría buscar un cambio en la correlación de fuerzas a favor de los magistrados que tienden a estar de acuerdo con los puntos de vista del gobierno. Sobre todo porque Beltrán ha sido un consistente abanderado de tesis contrarias a las del Palacio de Nariño.

El Senado escogerá el reemplazo de Beltrán a partir de la terna que acaba de enviarle la Corte Suprema de Justicia. No es una coincidencia, entonces, que ella esté conformada por tres ex magistrados de esa alta corporación. Un conservador, en reemplazo de Beltrán, fortalecería el bloque supuestamente 'gobiernista' , conformado por Álvaro Tafur Galvis, Marco Gerardo Monroy y Rodrigo Escobar, al que le han hecho contrapeso Beltrán y Jaime Araújo.

La viceministra de Justicia Ximena Peñafort se mencionó en un principio como candidata para garantizar una representación femenina -hay controversia sobre si la ley que obliga a que una tercera parte de los empleados oficiales sean mujeres se debe aplicar a las Altas Cortes-, y para garantizar la presencia de alguien afecto al gobierno.

Pero esa presencia femenina finalmente no se consolidó y la terna quedó conformada por Nilson Pinilla, Rafael Méndez y Jorge Iván Palacio. Pinilla, el favorito por su trayectoria, trabajó durante 20 años en el Banco de la República, fue magistrado durante seis años de la Corte Suprema de Justicia y es un abanderado de buscar nuevas reglas de juego para las relaciones entre las dos Cortes. "En la Corte Constitucional hay intereses políticos que pueden estar jugando en grandes decisiones. Ahí se requiere alguien que defienda la seguridad jurídica y la institucionalidad, por eso si me eligen, voy a buscar armonía para que los magistrados reconsideren actitudes como las que están pasando en la Constitucional", le dijo Pinilla a SEMANA.

Jorge Iván Palacio fue durante 12 años magistrado de la Corte Suprema. Es conservador de partido y en la aplicación del derecho. Fue asesor del Ministro de Trabajo durante el gobierno de Andrés Pastrana y dos veces representante de la Corte Suprema ante la OIT .

Rafael Méndez también se confiesa 'godo' en pensamiento y en partido. Es de la línea más ortodoxa de la aplicación del derecho y disiente de la influencia de consideraciones políticas en las decisiones jurídicas. "La Constitución es clara, gústenos o no nos guste, al decir que los jueces en sus decisiones están sometidos al imperio de la ley. Por eso no estoy de acuerdo en el activismo político de los jueces que deciden por fuera del derecho y me parece que eso no debería estar presentándose en las Cortes", dice.

El presidente de la Corte Suprema, Yesid Ramírez, niega la tesis de que la terna es una especie de caballo de Troya para infiltrar la Constitucional. "Allí ya hay gente nuestra, dice. Clara Inés Vargas, Alfredo Beltrán y Jaime Córdoba han salido de la Corte Suprema. Lo que queremos es luchar para que el poder judicial se robustezca y sea nuevamente independiente".

¿Recibirá alguno de los tres un guiño presidencial para que la bancada en el Senado le dé sus votos? Una terna compuesta por candidatos que coinciden con el pensamiento del gobierno, para reemplazar a un crítico como Beltrán, hace innecesaria cualquier intromisión. Además, al Ejecutivo le conviene desvirtuar la tesis sobre sus pretensiones de tomarse la Constitucional y no exponerse a una nueva derrota como la que tuvo que asumir cuando pujó por Consuelo Caldas para el reemplazo de Eduardo Montealegre.

En la agenda de la Corte Constitucional hay dos grandes temas que producen profundos conflictos ideológicos. La Ley de Justicia y Paz, cuyo ponente es el saliente Beltrán, y el aborto. Todo indica que la elección del nuevo magistrado no se alcanzará a hacer antes de que se definan estos sensibles asuntos. Y no se necesita una bola de cristal para saber que el 'voto' de Beltrán sería muy diferente al de su reemplazo, quien quiera que sea.
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