Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/06/11 00:00

Un oasis en el desierto

Es posible recuperar la naturaleza luego de sacar el carbón en La Guajira. La actividad del Cerrejón para recuperar los inmensos tajos a cielo abierto es una sorpresa extraordinaria.

En la media Guajira hay 2.000 millones de toneladas de carbón de altísimo valor energético

Cuando alguien cava un hueco y luego lo rellena con la misma tierra que sacó, siempre va a quedar un montículo. Bajo esta sencilla premisa se está produciendo un cambio de proporciones gigantescas en la textura, en la piel, del departamento de La Guajira. Por ese proceso, se están formando colinas y llanuras donde florece la vegetación y donde cada vez habitan más animales silvestres. Se trata de una nueva geografía hecha por la mano del hombre.

Todo comenzó cuando la compañía carbonífera Cerrejón puso en marcha un programa de rehabilitación de tierras en todas las áreas donde se ha extraído el mineral. Los resultados son tan notables como desconocidos.

En 16 años de operación, se han reconstruido 2.813 hectáreas en las que se han sembrado un poco más de un millón de árboles nativos de diferentes especies, ébano, puy, quebracho, uvito, caranganito, sajarito, macurutú, entre otros. Todos son especies originales de este departamento caluroso y semidesértico, que ahora crecen en zonas que hasta entonces estaban dominadas por un horizonte negro de carbón puro.

El proceso típico, que se desarrolla constantemente, comienza con el reconocimiento de las zonas de las que se va a extraer mineral. Esto ocurre a lo largo del valle del río Ranchería, en los terrenos aledaños al Cerrejón, nombre del cerro tutelar que ahora distingue a toda esta región de la Media Guajira. Debajo de esa superficie hay alrededor de 2.000 millones de toneladas de carbón de altísimo valor energético, que hacen de esta mina una de las primeras en el mundo y una de las columnas fundamentales de la economía de la Costa Caribe.

Ramón Gualdrón, de 55 años, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional, observa el terreno donde la vegetación y la fauna están en todo su esplendor. Allí, entre el sofocante calor, evalúa la calidad, profundidad y el volumen de materiales del suelo a remover y preservar. Le basta un vistazo para hacer un diagnóstico inicial. Este hombre nacido en Bucaramanga puede ser el colombiano que mejor conoce esta área, no sólo porque la camina diariamente desde hace 16 años, sino porque la tiene plasmada en un mapa, metro a metro. A eso le suma su experiencia de 30 años en los que ha investigado, in situ, la riqueza de los suelos colombianos, desde las costas hasta el corazón de la Amazonia, la Orinoquia y la región Andina.

Luego del reconocimiento que Gualdrón hace al área que será intervenida, un equipo especializado caza los animales de poca movilidad como morrocoyes, tortugas, liebres, osos hormigueros, venados y crías de aves que son llevados con cuidado a sitios de atención y a otras áreas protegidas. Entonces arriban los tractores de oruga que derriban la vegetación para dejar el terreno listo para que el suelo sea removido.

Después entra en acción otra cuadrilla de trabajadores con unas máquinas llamadas traíllas que, empujadas por tractores, remueven la superficie. Conservar este suelo es crucial para que pueda volver a albergar y sostener la vida de las especies vegetales y animales. Por eso es llevado a bancos naturales a cielo abierto que pueden alcanzar dimensiones monumentales. En algunos casos se han trasladado hasta dos millones de metros cúbicos que equivalen a una montaña de 15 metros de altura por 15 hectáreas de extensión. Durante el tiempo en que se ha ejecutado esta experiencia se han preservado más de 30 millones cúbicos de tierra.

La compañía comienza las operaciones propias de minería. Se trata de hacer tajos de hasta ocho kilómetros de largo por tres de ancho y hasta 280 metros de profundidad. Desde el aire, el panorama semeja una escena de una película de ciencia-ficción. Sobre un fondo oscuro se mueven inmensas volquetas que pueden transportar hasta 320 toneladas por viaje. Sus enormes llantas tienen más de 2,5 metros de diámetro, la misma altura de una casa de un piso. En un mismo escenario pueden circular alrededor de unas 120 volquetas que valen tres millones de dólares cada una. Todo es así, inmenso, pero desde la lejanía la vista semeja un pesebre con diminutas figuras en movimiento. Al final de cada jornada se han extraído más de 70.000 toneladas de carbón y un millón de toneladas de desechos de minería.

Cuando los tajos ya no tienen más carbón, los técnicos regresan para ir llenando los espacios vacíos con estos desechos. Después el terreno se acondiciona para que infiltren las aguas lluvias. Y luego con cuidado se vuelve a colocar por capas el mismo suelo que fue sacado al comienzo del proceso.

En agosto y octubre el terreno es arado. Se hace en esa época porque la estación lluviosa del segundo semestre es más abundante, lo cual garantiza que las plantas germinen y crezcan plenamente.

Gualdrón y su equipo de casi 100 personas remueven el terreno con bueyes y tractores. Y después siembran en primer lugar pastos por semilla. Estos se dispersan más rápidamente y protegen el suelo contra la erosión.

Al cabo de tres años, una vez el suelo está suficientemente estabilizado, comienzan a plantar los arbolitos. Y con ellos vuelven los animales. En el cielo planean las águilas, los gavilanes y otras aves rapaces, mientras miles de nuevos residentes se trasladan allí atraídos por la abundancia de alimento y las condiciones favorables para su subsistencia. Como en un final milagroso, un verde brillante con olor a tierra fresca inunda el ambiente. Es un oasis en el desierto.

De esta manera se han reconstruido 2.813 hectáreas que hoy lucen llenas de vida y con un inmejorable estado de salud. Se trata de un buen ejemplo de que los recursos naturales pueden ser manejados con responsabilidad. Tanto, que ha recibido el reconocimiento del Ministerio del Medio Ambiente y de otras autoridades nacionales y extranjeras encargadas de la protección de la naturaleza. Los colombianos pueden ser testigos de este ejemplo a seguir porque la compañía tiene las puertas abiertas para los visitantes. Es una obra majestuosa y desconocida, una increíble sorpresa y una excelente noticia para el país.

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