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| 8/29/1988 12:00:00 AM

UN OPITA EN JUSTICIA

Un viejo zorro huilense entra al Ministerio de Justicia pisando duro.

Su acento es como el de Emeterio y Felipe, "Los Tolimenses". Su sabiduría opita es citada jocosamente por los congresistas. Pero hasta ahí llegan los chistes sobre Guillermo Plazas Alcid, el nuevo ministro de Justicia. Este hombre, que acaba de llegar al puesto mas controvertido y peligroso del país con el beneplácito de todos los sectores ideológicos, se debe enfrentar al reto de devolverle al país "la confianza en el aparato de justicia. Hay que reivindicar esa confianza", afirmó Plazas Alcid.
Su historia comienza en 1936, en el pequeño pueblo de Baraya, Huila. Su padre, Alfredo Alcid Aljure, negociaba en madera, mientras Guillermo permanecía al lado de su madre. Fue ella la encargada de sostenerlo en medio de grandes privaciones en los primeros años, pues como él mismo lo dice, "yo no soy hijo de matrimonio". De tal suerte que hasta los 16 años, prácticamente no conoció a su papá. Cuando estaba terminando el bachillerato, sin buscarlo, se lo encontró y se fue a vivir con el a Popayán. Comenzó estudios de derecho en la Universidad del Cauca y, de paso, comenzó a moverse dentro del ambiente político de la ciudad. Su inteligencia y su acertado olfato político le permitieron alcanzar la vivepresidencia del Directorio Liberal del Cauca, cuando apenas estaba cursando el último año de carrera, en 1960 (el presidente del Directorio era Víctor Mosquera Chaux). De ahí en adelante, su carrera ha presentado un continuo ascenso caracterizado, hasta hace poco, por una lealtad irrestricta al ex presidente Julio César Turbay Ayala. Uno de sus refranes huilenses que hizo más carrera era la controvertida afirmación de que "el país respeta a Lleras, admira a López y quiere a Turbay".
Recientemente, las cosas han cambiado. Después de más de un año como embajador en la Unión Soviética al comienzo de los 80, regresó y se encontró con el reto en su departamento del sobrino de Turbay Ayala, Jorge Gechen Turbay. Esto lo obligó a una alianza con la Unión Patriótica, que le ha permitido sobrevivir políticamente frente a Gechen. La alianza ha sido táctica y no ideológica ya que, como afirma un amigo cercano "después de dos años en la Unión Soviética cualquier germen izquierdoso desaparece". Aún así, la alianza casi acaba con su matrimonio pues su esposa, Graciel Gómez Piedrahíta, es una conservadora furibunda.
Su prestigio en el Parlamento es muy grande. Inclusive fuera de éste ya que su nombramiento ha sido recibido con beneplácito por todos los sectores. Es un hombre sencillo y espontáneo, que ha logrado surgir en un país prosopopéyico y pomposo. Si hay algo que lo haya caracterizado es su sentido común, que es el menos común de los sentidos. Plazas es el tercer opita, en los últimos 10 años, en llegar al Ministerio de Justicia, después de Felio Andrade y Rodrigo Lara. La importancia del cargo en la actualidad, puede medirse por el hecho de que el Presidente le ofreció personalmente el Ministerio, honor con el que pocos han contado en este gobierno. Al fin y al cabo, no sólo será el responsable de la política frente al narcotráfico sino que jugará un papel fundamental en el proyecto de reforma constitucional, que el gobierno aspira a hacer aprobar por el Congreso. Con respecto al narcotráfico, afirma que "la lucha debe ser a escala mundial, con mecanismos y legislación multinacionales, pero respetando la soberanía de los países". Con respecto a la posibilidad de una legalización dice que "habría que estudiarla de acuerdo con nuestras propias circunstancias".
Para Guillermo Plazas Alcid, la llegada al ministerio ha representado el peldaño más alto de su vida política y su máxima aspiración. Se trata de uno de esos hembros hechos a pulso que, gracias a su sagacidad y a su conocimiento del tejemaneje político, aunque para el observador desprevenido puede pasar por "manzanillo", es un elemento muy valioso para el país.
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