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| 9/10/2011 12:00:00 AM

Un optimista irremediable

Jaime Castro fue un muy buen alcalde, pero no despega en las encuestas. ¿Qué lo lleva a embarcarse en esta nueva aventura?

Pocos bogotanos reconocen que el milagro de la capital en el siglo XXI no se debe a dos alcaldes, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa, sino a tres. Pero para que Mockus fuera recordado por los mimos, la hora zanahoria y la cultura ciudadana y Peñalosa por transformar la ciudad con obras como el TransMilenio, las bibliotecas públicas y las ciclorrutas, primero tuvo que pasar por el Palacio Liévano Jaime Castro, el dirigente boyacense que logró sanear las finanzas del Distrito. Y lo curioso es que esta vez la ciudad podrá escoger entre los tres.

Mientras las nuevas generaciones no recuerdan a Jaime Castro, la gran mayoría de sus padres, tíos y abuelos sí lo tienen presente como el alcalde que dejó las arcas llenas con 100 millones de dólares por las privatizaciones de Codensa y Emgesa, creó el Distrito Capital y redactó el Estatuto de Bogotá.

Dada su buena gestión, en la cual, según él, "sembró para que otros pudieran cosechar", sorprende que Castro no despegue en las encuestas. En la última medición, hecha por CM& y el Centro Nacional de Consultoría, aparece apenas con el 3 por ciento de intención de voto.

Pero Castro es un optimista irremediable y eso no lo tortura. Para él, las encuestas se explican por la excesiva exposición que han tenido Peñalosa, Petro y Mockus, ya que los tres fueron protagonistas en la campaña presidencial de 2010. También afirma que la campaña solo comenzó en forma después del Mundial Sub- 20 de fútbol, que él no se lanzó para figurar sino para ganar y que sacará 700.000 votos.

Su candidatura fue una sorpresa. Para la mayoría de capitalinos, Castro, al haber sido un destacado constituyente, un ministro que afrontó tragedias como la de Armero y el Palacio de Justicia, y uno de los padres de la elección popular de alcaldes, ya estaba más allá del bien y del mal. Después de su alcaldía, andaba dedicado a escribir columnas, dictar clases y a ser abuelo.

Para él, la decisión de lanzarse fue un tema de vocación y compromiso con la ciudad. "Siempre he sido un hombre público", dice mientras recuerda que su relación con el alto gobierno empezó durante la presidencia de Carlos Lleras Restrepo.

Castro nació en 1938 en el seno de una humilde familia boyacense, pero a punta de inteligencia, tenacidad y suerte se labró una carrera de primera. Estudió en el Colegio Mayor de San Bartolomé, en la Universidad del Rosario y en la Escuela Nacional de Administración de Francia. Su buen desempeño y disciplina lo llevaron a ocupar cargos como el de secretario jurídico y ministro de Justicia bajo Misael Pastrana, ministro sin cartera con Alfonso López , ministro del Interior de Belisario Betancur, senador, embajador en Italia y alcalde de Bogotá.

Pero no todo ha sido éxitos. Con la excepción de una elección al Senado y su elección como alcalde en 1992, a Castro le ha ido mejor como productor de resultados en los puestos que como conseguidor de votos para llegar a estos. En los últimos años coqueteó sin éxito con la posibilidad de ser gobernador de Boyacá, o repetir como senador o alcalde. Curiosamente su última victoria política fue ni más ni menos contra Juan Manuel Santos cuando se disputaban la candidatura liberal para la Alcaldía en 2003. Aunque Castro terminó retirándose frente al inminente triunfo de Lucho Garzón, registra esa victoria con orgullo.

Aun los escépticos reconocen que si Castro llegara a ganar sería un buen alcalde, pues conoce el oficio y tiene la preparación. El interrogante es ver si su optimismo corresponde con la realidad política en el momento de la votación. Como él enderezó las finanzas de una ciudad prácticamente quebrada, dice que esa es su fortaleza, pues la crisis actual se parece a la anterior, que la corrupción del cartel de la contratación dejó un gran hueco fiscal y que volvieron las épocas de las vacas flacas.

Mientras algunos candidatos ya están quemando sus últimos cartuchos, Castro siente que apenas está empezando y asegura que va hasta el final. El exalcalde está haciendo una campaña austera y discreta -financiada en gran parte de su propio bolsillo- y está confiado porque la carrera a la Alcaldía se define en los últimos días, y él todavía tiene energía. Como respondió a los cuestionamientos de su edad, "les quiero recordar que soy candidato a la Alcaldía, no a la media maratón".
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