Lunes, 23 de enero de 2017

| 2006/06/11 00:00

Un país indomable

Desde Bolívar hasta Uribe, Colombia ha vivido al filo de la ingobernabilidad, según lo demuestra Pedro Medellín en el libro que lanza Planeta el próximo miércoles.

Un país indomable

Página a página, Pedro Medellín va delineando el curso que ha tomado la historia política del país. En El presidente sitiado, su libro más reciente, el analista examina la relación entre presidencialismo y gobernabilidad en Colombia, desde el Libertador hasta hoy. En el libro queda demostrado un círculo vicioso de nunca acabar: cómo la evolución del régimen presidencial ha limitado a los gobernantes en su tarea de conducir el país y cómo esta limitación ha resquebrajado el presidencialismo. SEMANA presenta en exclusiva apartes del tercer capítulo, donde hace una radiografía de la forma como Álvaro Uribe ha gobernado durante su primer cuatrienio.

EL ESTILO DE GOBERNAR?
"Las primeras decisiones del gobierno esbozaron un fuerte contenido autoritario. Tan sólo un par de días después de la elección, el presidente Uribe comenzó a enviar un mensaje claro y directo al país sobre lo que sería su manejo del poder en los cuatro años de mandato. En primer lugar, pidió facultades extraordinarias al Congreso de la República para llevar a cabo, en el término de seis meses, el programa de supresión, fusión y transformación de ministerios y otras entidades del Estado. Y luego, en medio de una multiplicidad de advertencias, anunció su intención de revivir la polémica figura del estado de sitio para enfrentar a los grupos al margen de la ley.

"Desprovistos de poder real, los ministros, uno tras otro, iban desfilando ante los medios de comunicación exponiendo sus propósitos y cada una de sus tareas. Presionados por la necesidad de mayor protagonismo, comenzaron a emerger enfrentamientos, pequeñas pugnas o simplemente desacuerdos que eran tramitados públicamente. Mientras el Ministro del Interior y de Justicia emprendía un ataque contra cada rama del poder público, contra cada gobierno vecino, contra cada personalidad política del país, los ministros de Transporte, Relaciones Exteriores y Defensa debían abandonar algunas de sus tareas para enfrentar a sus subalternos que, por estar bajo la protección presidencial o haber sido nombrados o consultados por el Presidente, se habían convertido en obstáculos a la gestión ministerial. "Pero detrás de cada ataque, de cada amenaza (como aquella en que decía que "si no aprueban el referendo, lo hará el pueblo"), comenzaba a perfilarse una especie de gobierno litigante. Era el estilo que restringía el ejercicio de gobierno a la defensa de una causa, como si se tratara del primero y único motivo de sus acciones".

EL REFERENDO
"El propósito de pasar a la historia por haber sido el refundador de la República había llevado al presidente Uribe no sólo a forzar de tal manera el aparato gubernamental en busca del apoyo ciudadano, sino que también había contribuido a la degradación del poder constituyente. Invocar el referendo como un instrumento para hacer valer el poder presidencial o para resolver problemas que podían haber sido resueltos por legislación ordinaria no podía implicar otra cosa que un manejo excesivamente ligero y recurrente de los instrumentos de carácter excepcional y extraordinario concebidos para hacer valer el poder soberano de los ciudadanos en la instauración de un nuevo orden jurídico e institucional del Estado.

"El referendo se promovió como un recurso contra la politiquería, pero para obtener su aprobación se recurrió a prácticas politiqueras que degradaban la política o pervertían la naturaleza de los instrumentos políticos, legales y constitucionales establecidos para la participación política de los ciudadanos. No sólo había que ver al propio Presidente entregando dinero o subsidios en mano a comunidades necesitadas, en eventos públicos en los que su discurso se concentraba en la promoción del 'Sí' al referendo, sino que también era frecuente encontrar en sus mensajes el propósito explícito de darle un carácter plebiscitario a su propuesta.

"Con la votación quedó en evidencia que los ciudadanos aprecian a su Presidente, pero que eso no significaba que estuvieran dispuestos a darle un cheque en blanco para que avanzara a discreción en su tarea reformadora.".

MOMENTOS DE CRISIS
"Por cuenta de su propia actitud, el gobierno había dejado erosionar su principal activo de gobernabilidad: el liderazgo político e institucional. Poco a poco la majestad del poder presidencial se ha ido degradando en manos de un Presidente que interviene en todos los frentes e instancias de la administración pública. Una imagen sintetizaba bien lo ocurrido en 2003: un representante a la Cámara, que días antes había sido señalado por el Presidente como "politiquero perfumado", salía del palacio presidencial luego de haber recibido las disculpas del caso. Su ausencia en sesiones de la Cámara se había convertido en un factor de bloqueo para la aprobación de proyectos clave del gobierno en el Congreso.

"Por eso, mientras en los micrófonos Uribe declaraba la guerra a la politiquería, en las entidades y embajadas mantenía a familiares de congresistas, jueces y periodistas. La derrota del referendo no sólo hizo visible la falta de una agenda gubernamental y de un equipo asesor que ayudara a procesar las decisiones claves del gobierno y a regular el estilo del Presidente. También dejó ver la fragilidad presidencial para sostener la iniciativa en la gestión de los asuntos públicos y -sobre todo- mantener el liderazgo político e institucional que asegurara los cambios necesarios.

"Al llegar a la mitad de su período de gobierno, el modelo de microgerencia del presidente Uribe había hecho crisis poniendo en franca evidencia la quiebra del régimen presidencial colombiano. "El Presidente manda, pero no gobierna" era la conclusión irremediable a la que se llegaba luego de ver que mientras el Presidente invocaba una lucha feroz contra el terrorismo, tenía que recurrir a la destitución de una larga lista de oficiales de las Fuerzas Armadas y la Policía por una cadena de errores injustificables.

"Mandar no significaba gobernar. El ex presidente López Michelsen no dejaba de tener razón cuando argumentaba que el exceso de poderes con que cuenta el presidente Uribe estaba "asfixiando al país". La razón era simple. Los problemas gubernamentales ya comenzaban a afectar seriamente la estabilidad del Estado. Cada golpe que recibía el gobierno, cada fracaso que registraba, se reflejaba inmediatamente en una mayor fragilidad estatal. En un régimen político en el que el jefe de gobierno era el mismo jefe de Estado resultaba evidente que cualquier asunto que afectaba la estabilidad gubernamental también afectaría la estabilidad del Estado".

LA REELECCIÓN
"Cada vez fue más frecuente ver a Uribe debatir con los parlamentarios, negociar con los sindicatos, resolver los problemas de los acueductos o colegislar con los congresistas de las distintas comisiones. Había Presidente pero no institucionalidad gubernamental. El cambio de las prioridades y la degradación del lenguaje gubernamental habían puesto en evidencia que el gobierno perdía el horizonte. Sin haber logrado estructurar verdaderas políticas públicas, ni haber dispuesto soluciones de fondo a los problemas más apremiantes, en pleno vuelo decidió el viraje en busca de su reelección. Un precio demasiado alto tuvo que pagar la institucionalidad política del país para satisfacer la 'vocación' de poder presidencial.

La larga cadena de halagos y compromisos a que debió recurrir el Presidente, con los congresistas que definían la suerte del proyecto, alcanzó su máxima expresión con el "se lo imploro" de Uribe a un representante nortesantandereano, cuyas ínfulas en su respuesta negativa le debieron hacer sentir al Presidente con mayores niveles de popularidad la penuria del monarca encadenado. El esfuerzo por revertir una votación que se anunciaba contraria llevó la situación al límite. Desde la inversión social hasta los acuerdos humanitarios para liberar a los secuestrados todo quedó atravesado por la reelección inmediata que, por cuenta de la urgencia de sacarla adelante, quedó elevada al rango de prioridad de Estado y convertida en punto de honor presidencial".

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