Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/11/18 00:00

Un poco de orden

La nueva nomenclatura de Bogotá busca darle unidad y algo de coherencia a la numeración de calles y carreras. Pero no hay que esperar milagros.

En muchos sectores de la ciudad conviven la vieja nomenclatura y la nueva. Con estos ajustes, Catastro Distrital busca que la ciudad tenga un sistema unificado

Desde hace varios meses una marea verde y silenciosa avanza por Bogotá. Son las placas de aluminio de la nueva nomenclatura de la ciudad. A su lado, tachadas por una línea roja oblicua, las placas de piedra, de mármol, que los dueños de las casas habían mandado hacer con tanto esmero. Quienes manejan bases de datos de suscriptores, quienes atienden clientes a domicilio, andan hechos un ocho. Los taxistas no saben muy bien si les dieron la vieja o la nueva nomenclatura y pierden varios minutos dando vueltas.

En una ciudad donde las direcciones pueden llegar a ser una pesadilla, cualquier intento por mejorar el caos es bienvenido. Pero, ¿cómo organizar con números el intrincado laberinto de calles, avenidas y transversales que se cruzan en distintos ángulos, orientadas en una gran cantidad de ejes, lo que hace imposible que disponga de una nomenclatura coherente? ¿Es posible darle coherencia a un esquema en el cual la séptima y la avenida 13 se juntan en la calle 28, pero a la altura de la calle 127 las separan unos dos kilómetros y medio? ¿Cómo numerar con algo de lógica cartesiana los trazados de Palermo o Galerías, con sus calles semicirculares?

El crecimiento desordenado de la ciudad trajo como consecuencia una nomenclatura arbitraria y caótica. Urbanizadores y constructores que les ponían número a las calles de acuerdo con su criterio, barrios que se legalizaron a los que se les asignó una nomenclatura arbitraria... ¿Una? Hay lugares donde dos casas pueden tener la misma dirección, y barrios de la periferia donde un local puede tener hasta cuatro direcciones distintas: la oficial, la antigua, la de Codensa, la del Acueducto. Y hay otros donde las placas de las esquinas no coinciden con las de las casas. Además, buscar direcciones sin señas puede ser una tortura porque resulta que la carrera 30 en realidad es la 36, media cuadra abajo de la avenida 19 queda la carrera 28, la avenida 13, paralela a la autopista, está más al occidente que la carrera 25, y la Avenida Ciudad de Quito se identifica en los letreros como NQS, y la llaman 11 o novena, dependiendo de la cuadra. Organizar semejante caos es una tarea de titanes.

Sin embargo, el Departamento Administrativo de Catastro Distrital está empeñado en darle a la ciudad una nomenclatura más lógica, que al menos se rija por criterios unificados. Como señala Hernando Maldonado, su director, la entidad lleva varios años en la búsqueda de un sistema coherente que no choque con los hábitos culturales de los ciudadanos. Una posibilidad muy sensata desde el punto de vista técnico habría sido ponerles nombres a las calles, como en Londres, París o Buenos Aires. Sin embargo, el impacto cultural sería tan grande, que la ciudadanía tardaría años en adaptarse. Otra opción habría sido adoptar una nomenclatura autónoma para cada localidad, como es el caso en Ciudad de México. Sin embargo, como señala Maldonado, muy pocos bogotanos tienen presente el concepto de localidad y cuando se desplazan por la ciudad no saben si están en Engativá, Suba o Barrios Unidos.

Por ese motivo, Catastro decidió ajustar la nomenclatura para que se rija por un criterio unificado. El resultado es un esquema que se basa en lo que ellos llaman los ejes estructurantes. Son vías que atraviesan amplias zonas de la ciudad y que están muy presentes en el imaginario de la gente. Por ejemplo, la carrera 15, la calle 63, la séptima, la 26, la 13... Eso significa que esas avenidas rigen la nomenclatura de la ciudad. Hacia el oriente de la carrera 15 sólo habrá números menores a 15, y hasta el occidente, mayores a 15.

Decirlo es fácil. Pero en la práctica van a aparecer zonas plagadas de calles A, B, C y bis o, por el contrario, saltos de hasta 20 números, como por ejemplo en la Autopista norte a la altura de la calle 134, donde la 19 es eje estructurante, y la Autopista, que está a unas cuatro cuadras, es eje estructurante como carrera 45.

Con el sistema que diseñó Catastro al menos las personas tendrán la certeza de que si van por la carrera 68, la 72 tiene que quedar hacia el occidente y la 59 hacia al oriente. Pero buscar direcciones en Bogotá seguirá siendo complicado. Por un lado, mientras la gente se acostumbra a dar la nueva dirección, siempre quedará la duda: ¿será la vieja o la nueva? En muchos sectores serán inevitables las señas. "Eso es tres cuadras abajo del hospital de Kennedy y luego voltea a mano izquierda..." (En la práctica es lo mismo una calle numerada de manera absurda que una calle con nombre, porque para llegar allá es necesario haber estado antes, o tener un mapa o instrucciones precisas, como en Londres, en París o en Buenos Aires).

Por ahora toca actualizar libretas de direcciones, bases de datos, papelería y, sobre todo, tener bien presente que no es necesario cambiar escrituras, pues por un convenio entre Catastro y la Superintendencia de Notariado y Registro, se realizará de manera automática la actualización de la nomenclatura oficial en el certificado de libertad de cada predio. ¡Hay que esperar que no haya errores!

Sólo el tiempo dirá si este monumental esfuerzo de Catastro por ponerle algo de coherencia al laberinto numérico de Bogotá valió la pena.

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