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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Un político de tiempo completo

En el mejor momento de su carrera, un accidente aéreo acabó la vida y truncó el promisorio futuro de Roberto Camacho.

Roberto Camacho Wever-berg murió con las botas puestas. Los 20 años que llevaba haciendo política lo habían acostumbrado a recorrer todos los rincones de Bogotá y Cundinamarca. No en vano, desde 1986 llegó a todos los cargos de elección popular a los que aspiró. Su trabajo político era organizado y eficiente. Pero esta vez, buscando nuevos votos, la muerte se le atravesó a su deseo de convertirse en senador de la República. El 20 de noviembre, cuando se desplazaba de Caparrapí a La Palma, el helicóptero en que viajaba se estrelló contra una montaña. Del accidente no se salvaron ni él ni las cinco personas que lo acompañaban. Entre ellos el diputado de Cundinamarca Efrén Bejarano, quien apoyaba su candidatura al Senado y que, como muchos, creía que el líder conservador era uno de los miembros más juiciosos del Congreso. Lo mismo consideraban sus compañeros de la comisión primera de la Cámara. Para ellos, no hay dudas del compromiso de Camacho con el trabajo legislativo. En el último período fue un juicioso ponente de temas clave para el país como la reforma política, la extradición, la Ley de Justicia y Paz y el estatuto antiterrorista. Como buen conservador, en todos ellos guardó disciplina de partido y apoyó el gobierno de Álvaro Uribe. "Siempre, con argumentos. Era uno de los parlamentarios más disciplinados y serios", afirma la representante Gina Parody, mientras recuerda cómo "Roberto Camacho insistía que la vida se debía tomar con calma y que por las cosas que no tienen solución no vale la pena preocuparse". Era un colega excepcional y, sobre todo, un político de profesión. "Siempre tenía claro para dónde iba", dice Telésforo Pedraza, compañero en la Cámara y socio en muchas de sus lides políticas. Y es que pocos han logrado hacer una carrera política tan ordenada. Después de ser director de Adpostal, en 1986, a los 35 años fue elegido concejal de Bogotá. Allí estuvo dos períodos, hasta cuando pasó a ser representante a la Cámara por Cundinamarca en 1990. Desde 1991 dejó el Partido Conservador para formar, de la mano de Álvaro Gómez, su jefe político, el Movimiento de Salvación Nacional. En representación de este partido fue, hasta el domingo pasado, representante por Bogotá. Ahora, estaba seguro de que llegaría al Senado y de que tenía los votos suficientes para ocupar la curul que de alguna manera le heredaría al parlamentario Enrique Gómez Hurtado A pesar de su sentido del humor, que proyectaba con una calma aparente, Camacho no paraba de fumar. Y aprovechaba cada cigarrillo para conversar con sus colegas afuera del recinto de la comisión primera. Allí les explicaba uno que otro parágrafo de un proyecto de ley "porque era un excelente abogado", insiste Parody. O para explicarles por qué, a pesar de ser partidario de la salida negociada al conflicto armado, de haber sido defensor del intercambio humanitario y mediador en el canje de soldados con las Farc, había sido tan crítico del proceso de paz en el gobierno de Andrés Pastrana. "Cuando uno está metido en esto, siempre vuelve a buscar la política", les insistía a sus compañeros de pupitre. Pero esta vez, ya no volverá a ella. Lo extrañarán sus colegas, quienes el lunes, después del accidente, sesionaron con tristeza. También los cientos de líderes comunales de Bogotá que estaban convencidos de que llevarían al Senado a uno de los últimos alvaristas. A todos les queda el consuelo de que, como político que se respete, murió en medio de su propia campaña, con las botas puestas.
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