Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/02/08 00:00

Un pueblo encarcelado

La increíble historia de un municipio manejado desde la cárcel porque desde su alcalde para abajo, parte de la administración está detenida por rebelión.

"Se llevaron hasta el carnicero", dice un habitante del pueblo. Entre los detenidos sindicados de rebelión están el anterior alcalde, su sucesor recién electo, su competidor, el presidente del concejo y varias personas más de la administración municipal de Quinchía, Risaralda.

Las cosas jamás volvieron a ser igual en Quinchía desde cuando a este municipio risaraldense llegó una enfermedad que devoraría cualquier asomo de prosperidad. Era la roya, y hoy los mayores viven de la nostalgia por las cosechas de mediados de los 70, cuando se recolectaban hasta 200 toneladas de café suave.

Pero ese era apenas el comienzo. A la roya se sumó la caída del precio internacional del grano, lo que trajo el aumento generalizado de la pobreza, la aparición de la guerrilla y en respuesta, la llegada de los paras. Hoy la pequeña Quinchía es un botón de muestra del complejo conflicto armado y social en Colombia. "Aquí nos llevó el diablo", sintetiza Carmiña Chaparro, nativa del lugar donde 60 por ciento de sus 30.000 habitantes viven en la pobreza absoluta.

En medio de la confrontación armada se produjo una lluvia de rumores en la que unos y otros se acusaban de auxiliar al bando contrario. Muchas personas cayeron asesinadas mientras otras eran detenidas a cuentagotas.

Hasta que el 29 de septiembre de 2003, en plena campaña electoral, la Policía y la Fiscalía realizaron un enorme operativo. Se trataba de llevarse a los sospechosos de tener vínculos con la guerrilla, en particular con el frente Oscar William Calvo del Ejército Popular de Liberación, una agrupación de corte maoísta en extinción a nivel nacional pero aún vigorosa en el local. Fueron capturadas 90 personas en la Operación Libertad, que a juicio del entonces subdirector general de la Policía, general Darío Castro, que la coordinó personalmente, fue un "contundente éxito".

El operativo tuvo todos los ingredientes de espectacularidad: 800 uniformados de la Policía, 200 unidades de la Fiscalía, helicópteros, camiones, buses y camionetas blindadas para llevarse a casi un centenar de capturados. La Fiscalía le dio un espaldarazo a la opinión del general Castro al cobijar semanas después, con orden de captura, a 70 de los detenidos al "hallar méritos y pruebas suficientes" que los vinculaba con el EPL. Entre quienes se quedaron en la cárcel estaban el entonces alcalde Gildardo Trejos, del Partido Liberal, y los aspirantes a sucederlo Alberto Uribe Flórez y Edgar Saldarriaga , también del oficialismo liberal. Igual pasó con Jesús Andersson Largo, candidato al Concejo; Javier Pescador, comandante de Bomberos; Arturo Trejos, director de la Umata de Quinchía, y el concejal Gilberto Cano, entre otros.

Lo insólito es que la campaña política continuó desde la cárcel. Y Uribe ganó con 5.985 votos, una cifra jamás registrada en el pueblo. "La gente sigue creyendo en mi inocencia. Esta es una respuesta a las pescas milagrosas que ahora hay en el país", explicó el alcalde electo para referirse a las capturas masivas instauradas con la política de seguridad democrática del presidente Alvaro Uribe.

La Fiscalía no tuvo más remedio que dejarlo salir de la cárcel el pasado primero de enero para que se posesionara como alcalde, en un acto que contó con la presencia del nuevo gobernador de Risaralda, Alberto Botero, y la senadora Isabel Mejía. El alcalde echó su discurso, se posesionó, habló de su inocencia y volvió a la cárcel. El gobernador nombró provisionalmente a otro funcionario, pero lo cierto es que el alcalde electo manda desde la cárcel. "Lógico, pues nosotros lo elegimos por ser una persona honesta", dice un habitante del pueblo. Al burgomaestre lo respalda su contradictor en las elecciones, que también continúa detenido. "Si iban a dividirnos llevándose hasta el carnicero del pueblo no lo lograron", dice un habitante del pueblo que ratifica la inocencia del alcalde. En los próximos días la Fiscalía tomará una decisión definitiva. Mientras tanto Quinchía, el pueblito del ambiente primaveral, está que arde.

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