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| 11/12/1990 12:00:00 AM

¿UN TIGRE SUELTO ?

La Constituyente será controlada por Gaviria y sus principales protagonistas serán Alvaro Gómez, Antonio Navarro y la sombra de Pablo Escobar.

El viejo cuento de que un vaso está medio lleno o medio vacío dependiendo de si lo define un optimista o un pesimista, bien podría aplicarse a la Asamblea Constituyente autorizada por el reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia. Esta es vista por los optimistas como una paloma blanca, simbolo de la paz y de la reconciliación nacional. Para los pesimistas, por el contrario, la decisión de la Corte lo que hizo fue dejar suelto un tigre de Bengala que, en lugar de pasar dócilmente por entre dos aros, puede terminar comiéndose a todo el circo.Y un tigre de Bengala suelto es lo que representaba para muchos sectores el reciente fallo de la Corte. En él se declaró exequible la Constituyente e inexequibles las limitaciones del temario.
Una Constituyente sin limitaciones de temario es una cosa muy seria y muy importante, y el país apenas está comenzando a asimilar las implicaciones de lo que se puede venir. Del lugar común de que la Constituyente no es una panacea, se ha pasado a otro lugar común: que cualquier cosa puede salir de la Asamblea. Desde una monarquía constitucional hasta la dictadura del proletariado.
Lo que es increible es que se llegó a ésto en un país que tiene problemas de todo orden menos constitucionales. La Constitución colombiana, como todas las constituciones del mundo, en teoría da para todo y en la práctica lo que ha fallado en su aplicación por las fuerzas políticas dominantes. No existe ningún articulo de la Carta que obstaculice el desarrollo y progreso del pueblo colombiano. La única excepción podría ser el parágrafo único del artículo 120 que restringe la participación política y favorece a los dos partidos tradicionales. Pero esta norma, que de por sí es discrecional como lo han demostrado a su turno Barco y Gaviria, no tendría por qué haber desembocado en un proceso tan radical como el que está en marcha. Paradójicamente, todas las encuestas demuestran que a los colombianos no les gusta la libre competencia entre los partidos sino la manguala.
Y si algo le costó popularidad a Barco fue tratar de imponer un gobierno de partido, cuando todo el mundo reclamaba un gobierno nacional.
Increible como suena, la mala imagen de los auxilios y viajes parlamentarios se convirtieron en la base del apoyo nacional a un cambio de instituciones.
Los constitucionalistas pueden tener reparos para otros puntos de la Constitución, pero el grueso del constituyente primario fuera de su rechazo a la clase política y su ilusión de cambiarla, no tiene mayores nociones sobre normas constitucionales ni reformas.
Colombia se enfrenta ahora a la primera posibilidad desde 1886, de crear unas instituciones partiendo de cero.
Sólo en ese año y en 1936 se le han dado revolcones reales a las instituciones. El de Núñez, para imponer el centralismo sobre el federalismo que habia institucionalizado la anarquia.
La de López Pumarejo, para pasar, a nombre de la revolución, del feudalismo al capitalismo y no del capitalismo al socialismo, como se dijo en el momento. Ahora, por cuenta de un malestar nacional creado por el narcotráfico y la guerrilla, problemas que nada tienen que ver con la Constitución, Colombia está al borde de otro balconazo . A diferencia de los casos anteriores, se trata de una rebeldia sin causa.
No existe el ánimo de ningún cambio ideológico radical como sucedió con Núñez y López Pumarejo. Lo que reina es una obsesión por el problema de orden público y un hastío por la clase dirigente.
Pero filosóficamente no hay rumbo y no hay metas. En este río revuelto es fácil que se abran paso el populismo y la demagogia. Como los problemas reales del país no tienen solución fácil y, sobre todo, no a través del cambio de la letra de la Constituci6n, no resulta improbable que, como válvula de escape, se inventen problemas ficticios y soluciones utópicas.
Pero los colombianos, más que especulaciones y lucubraciones intelectuales, lo que quieren saber no es hasta dónde puede llegar la Asamblea en teoria, sino qué va a suceder en la práctica.
De la integración de la Constituyente depende prácticamente todo. Y eso es en lo que todo el mundo está acuerdo. Encuestas recientes demuestran que hay una gran euforia nacional en torno a la Asamblea, y que existe un 70% de intención de voto.
Los pronósticos que había sobre una gran abstención, seguramente no se cristalizarán. La opinión pública cree que está viviendo un momento histórico, y el gobierno y los medios de comunicación se ocuparán de reforzar esta creencia en la intensa campaña que comienza. Los políticos, que eran los más escépticos sobre todo el proceso, han empezado a preocuparse tanto por las puertas que dejó abiertas el fallo de la Corte, que decidieron que la única forma de evitar que se metieran otras fuerzas era meterse ellos mismos.
Por eso, pesos pesados del Congreso están pensando seriamente en renunciar a su curul e inhabilitarse para la próxima legislatura, para asumir en la Asamblea la defensa de sus fueros.
Para ser elegido a la Constituyente, ahora que es obvio que la votación total va a ser considerable, se necesitará no menos de una cifra del orden de 50 mil votos. Y 50 mil votos en Colombia no tiene casi nadie. Por ésto, casi todos los espontáneos que están haciendo campaña por su cuenta no tienen ninguna posibilidad.Sólo las maquinarias electorales y las figuras nacionales podrán movilizar los votos necesarios para adquirir un asiento en la Asamblea.
Lo importante, por lo tanto, es, sobre la base de estudiar las figuras naciona les y las fuerzas políticas y sociales que se van a presentar, determinar cuál será la correlación de fuerzas entre el sistema tradicional y sus renovadores e inclusive enemigos.

Las figuras
Las encuestas disponibles hasta la fecha coinciden en que las únicas figuras nacionales con gran capacidad de arrastre son Antonio Navarro Wolf, con casi el 10% de la intención de voto, Alvaro Gómez con el 9% y Gabriel García Márquez con el 7%. Los analistas anticipan que en el transcurso de la campaña las figuras nacionales tienden a consolidarse, razón por la cual estiman que si Navarro, Gómez y García Márquez encabezaran listas, sus nombres podrian hacer elegir a cerca de la mitad de los 70 miembros de la Constituyente. Y esto no resulta muy alentador para los fanáticos del sistema, para quienes las hojas de vida de Navarro Wolf y García Márquez son tan amenazadoras como un tigre suelto.
La pregunta es si Navarro está dispuesto a dejar el ministerio de Salud para encabezar la lista del M19, y si García Márquez está dispuesto a regresar a Colombia. SEMANA consultó al respecto al Ministro, quien contestó que las posibilidades de que se retire son del 50%, por la sencilla razón de que el M19 no tiene fuerza propia como movimiento, sino fuerza caudillista alrededor de la figura de Navarro. Si no encabeza él, lo harian personas como Rosemberg Pabón o militantes de ese nivel que podrían bajar la votación a la mitad. Ante este hecho, las apuestas son a que Navarro esperará hasta la fecha límite de la inscripción y que luego se lanzará. Tendrá la disculpa ante la opinión pública de que crear instituciones democráticas tiene prioridad frente a cualquier otra actividad y de que, después de haber echado bala para cambiar las instituciones, difícilmente se puede renunciar a esa responsabilidad cuando se le brinda en términos reales y democráticos. El éxito de Navarro Wolf ha sido tan grande en escasos seis meses de vida pública institucional, que tendrá mucho cuidado para no despilfarrar ese capital. El breve tránsito por el Ministerio ha transformado su imagen de radical a moderado y es precisamente este cambio el que explica el fenómeno político en que se está convirtiendo. Navarro muy probablemente volverá a ser candidato a la Presidencia de la República en 1994 y la viabilidad de su candidatura dependerá del papel que juegue en la Constituyente donde no podrá inclinarse mucho hacia posiciones radicales. Por lo tanto, el Navarro que llegaría a la Constituyente seria más el ministro de Salud que el ex-guerrillero, lo que no necesariamente quiere decir que será un Fabio Echeverri más.
¿Y qué puede pasar con García Márquez ? Originalmente, el escritor tenía fe y estaba muy interesado en participar en la Constituyente. Los estudiantes le ofrecieron encabezar sus listas y éste puso como condición que el movimiento estuviera unificado. Pero antes de que ésto sucediera, se filtró que el Nobel estaba desilusionado con el rumbo que iban tomando las cosas y que había decidido en forma irrevocable no prestar su nombre. Esta decisión, sin embargo, se basaba en la Constituyente amarrada a un temario que contenía el decreto original. Ahora que a la Constituyente se le soltó la rienda, y conocidas las encuestas, no se descarta la posibilidad de que el escritor le eche una segunda pensada a su decisión. Lo que es seguro es que si García Márquez no presenta su nombre, sus potenciales votantes estarán más inclinados a deslizarse hacia Navarro Wolf que hacia otros candidatos.

Para los que consideran los dos nombres anteriores la posibilidad del tigre suelto, el domador es, sin duda alguna, Alvaro Gómez. Es por el momento la única figura del sistema con arrastre nacional . En la encuesta más seria que se ha publicado hasta la fecha, realizada el mes pasado por el Centro Nacional de Consultoria en las cuatro principales ciudades del país, a la pregunta ¿ a quién quiere Ud. ver en la Asamblea Constitucional?, Gómez recibió un 9% de apoyo frente a los dos expresidente de su partido, Belisario Betancur y Misael Pastrana Borrero, ninguno de los cuales llegó al 0.5%. Todas estas cifras, que antes de la era del tarjetón eran objeto de escepticismo, ahora son altamente significativas. Gómez será uno de los gigantes de la Constituyente. Lo sabe y es por eso que anda ahora con una sonrisa de oreja a oreja. Sus principales rivales, los pastranistas, no tienen ninguna figura nacional que mostrar. Por lo tanto, su estrategia será regionalizar las listas confiando en que las figuras locales, apoyadas por una maquinaria bien aceitada, se la puedan a la lista única nacional de Gómez. Teniendo en cuenta el antecedente de las pasadas elecciones presidenciales, en donde el prestigio de Gómez midió fuerzas con la maquinaria de Pastrana, las perspectivas para este último no son nada alentadoras .
Pero tampoco lo son para el Partido Liberal. El gobierno ha tomado una serie de medidas impopulares que le han costado bastante prestigio. La única figura nacional con votos es Ernesto Samper, cuyo retiro del ministerio de Desarrollo no es tan probable como el de Navarro Wolf. Por lo tanto, al igual que el pastranismo, su estrategia será regionalizar las listas y engrasar la maquinaria. Al respecto, el antecedente de la candidatura de Gaviria frente a la de Durán Dussán no es muy estimulante. Demostró que el caudillismo a nivel nacional se la puede al caciquismo regional. Y en esta ocasión, el caudillismo nacional correrá por cuenta de figuras que no son del Partido Liberal.
Como señala el expresidente López en la entrevista a SEMANA (ver páginas 24 y 25 ) "al partido le pueden meter una goleada."
Todo lo anterior hace prever que en la integración de la Constituyente, alrededor del 50% quedará en manos de los partidos tradicionales y otro tanto en manos de movimientos encabezados por figuras nacionales. De éstas últimas, el más claro representante del sistema sería Gómez con su Movimiento de Salvación Nacional.

Guerrilla y narcos
¿ Cuál será el papel de la guerrilla y el narcotráfico en todo ésto? Para empezar, la guerrilla se quedó sin argumentos, ya que siempre exigía una Constituyente como la que les dio la Corte. Pero de ahí a que eso derive en una solución del problema guerrillero hay mucho trecho. Tres movimientos que están ya en via de desmovilización EPL, Quintín Lame y PRT participarán, pero aún no se sabe exactamente en qué número.
El decreto habla de dos representantes del movimiento guerrillero, pero la terminologia es ambigua y así como pueden ser dos en total, pueden ser dos por movimiento.
Esto será objeto de gran debate, pues algo va de dos guerrilleros activos, a seis o más participando en la construcción de las nuevas instituciones .
Estos tres grupos, sin embargo, son considerados por la opinión como ya desmovilizados. El hueso duro de roer siguen siendo las FARC y el ELN. Del cura Pérez la mayoría no espera nada, porque su ideología, sus actividades y su actitud son totalmente radicales.
Con las FARC muerto Jacobo Arenashay un poco más de esperanza pero no mucha, sobre todo si tiene en cuenta que hace pocos días los dos movimientos adoptaron la decisión de un ejército único, lo cual no facilita las decisiones por grupo a corto plazo. SEMANA entrevistó telefónicamente a Tirofijo quien, en relación con la participación de la Coordinadora Guerrillera en la Constituyente, contestó que su aspiración es a tener "por lo menos 20 miembros, para contrarrestar esa leonera de los partidos tradicionales ". La posición del gobierno al respecto es que si hay muestras de buena voluntad y se dan los pasos para un comienzo de desmovilización antes de que empiecen las sesiones de la Asamblea, es posible tener en cuenta a estos otros dos grupos guerrilleros. Pero sobre ésto ni el propio gobierno se hace muchas ilusiones y los hechos de los últimos días, cuando ha habido una ofensiva guerrilerra, no dan campo para mayor optimismo.
Otro de los fantasmas que gravita sobre la Constituyente es el del narcotráfico. Aunque el presidente Gaviria afirme que la Asamblea no cederá ante presiones, el hecho es que su convocatoria representa un triunfo enorme para el narcotráfico. La no extradición, que es la meta por la cual han luchado los narcotraficantes desde hace 7 años y en razón de la cual han muerto miles de colombianos en este período, quedará seguramente consagrada como norma constitucional en 1991. Esta es una realidad a la vista, a pesar de que Gaviria insista en lo contrario. Pero él por lo menos tiene la justificación de que trató de evitarlo y de que el resultado verdaderamente no dependió de él.
Pero en relación con el narcotráfico, la verdadera batalla en la Constituyente no va a ser por la no extradición, sino por el indulto y la amnistía. Estos temas, obviamente, no serán tratados por su nombre, sino que serán disfrazados por eufemismos como la equivalencia de tratamiento a las diferentes modalidades de violencia, y otros conceptos similares. Una rápida revisión a las fuerzas que integrarán la Constituyente deja la impresión de que las fuerzas a favor del tratamiento político del narcotráfico no son despreciables. Para comenzar, está navarro Wolf quien, en forma absolutamente categórica, ha dicho que es partidario de una negociación. Alvaro Gómez, aunque en forma menos absoluta, ha insinuado que frente la tema no se puede tener una posición recalcitrante. En cuanto al Partido Liberal, el reciente incidente en la junta de parlamentarios en donde, de no ser por Horacio Serpa, ya habría quedado el tratamiento político para el narcoterrorismo, es bastante diciente. Y en cuanto al Partido Social-conservador, hay que recordar que durante la campaña, su candidato Rodrigo Lloreda fue el único que llegó a no descartar el indulto, aunque rectificó 24 horas después.
Esto, sumado al viraje en la opinión pública producido por los secuestros y a la presión que éstos están ejerciendo sobre el proceso, permite ver más fácilmente a los simpatizantes que a los héroes de la jornada.
La oposición a convertir la Constituyente en un foro para el avance de los intereses del narcotráfico correrá por cuenta de César Gaviria. Al haber llegado a la Presidencia como consecuencia del asesinato de Luis Carlos Galán, considera que tiene la obligación ante la opinión pública de que no será durante su gobierno que los autores del crimen queden legitimados por el sistema.
Como consuelo a los que se preparan para esta película que se comienza a rodar, podría anticiparse que no habrá bombas ni muertos. La posición de los narcotraficantes es tan sólida al comenzar la Constituyente, que un solo paso en falso puede volverse un bumerang en el mejor momento que han tenido en los últimos siete años.
¿Qué clase de Constitución, entonces, va a salir de la Constituyente ? En términos generales, es presumible que el proyecto que se apruebe sea esencialmente el que presente el gobierno.
Este tiene la sartén por el mango. El protagonismo que tendrá el Presidente le dará una ventaja enorme sobre cualquiera de las otras fuerzas. Y esto representa cierta tranquilidad para quienes se sienten aterrados con la posibilidad del tigre suelto. Gaviria encarna el justo medio entre las aspiraciones y las fuerzas en conflicto. Aunque con sus 43 años representa los valores de la nueva generación del "revolcón", como producto indiscutible de la clase política garantiza que no va a ser su verdugo, y como neo-liberal en materia económica es seguro que no permitirá que se desate una cacería de ricos. Y el Presidente está dispuesto a jugársela a fondo por el proyecto que su gobierno ha venido preparando. Este es moderado y básicamente recoge los aspectos principales de los dos intentos anteriores de reforma que se hundieron (los del 79 y el 89): justicia y Congreso, régimen departamental y municipal, y organismos de control. En él no hay nada muy emocionante ni nada peligroso.
Ante los riesgos que representa una Constituyente abierta y sin norte, la propuesta oficial contará con el apoyo de todos los que no quieren que la fiera se los trague.
Así, pues, todo parece indicar que más que discutir lo divino y lo humano, lo que va a suceder con la Constituyente es que saldrá adelante la iniciativa del gobierno con las modificaciones, adiciones o restricciones que la Asamblea decida introducir. En resumidas cuentas, el resultado estará determinado por el proyecto de Gaviria y por el saldo que dejen las batallas que el narcotráfico va a librar dentro de la Constituyente.

EL VIACRUCIS DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL
El día de su posesión el 7 de agosto de 1974, el presidente Alfonso López Michelsen planteó la necesidad de una reforma constitucional .Presentó al congreso el proyecto de una pequeña constituyente, que fue aprobado por el Acto Legislativo número 2 de 1977. El 5 de mayo del año siguiente, la Corte Suprema de Justicia lo declaró inexequible, con el argumento de que el Congreso no podía delegar su facultad constituyente en un órgano intermedio como una asamblea.
En 1978, el presidente Julio César Turbay Ayala presentó un proyecto de reforma constitucional utilizando la vía del Congreso. El proyecto hizo su tránsito en dos legislaturas, y se convirtió en el Acto Legislativo número 1 de 1979. El 3 de noviembre de 1981, la Corte tumbó esa reforma por vicios de forma.
A comienzos de 1988, el presidente Virgilio Barco Vargas da el primer paso de un nuevo proyecto de reforma,cuando propuso la convocatoria de un plebiscito para derogar el artículo 13 del plebiscito de 1957 que,incorporado en el artículo 218 de la Carta, estableció que el único procedimiento de reforma de la Constitución sería a través del Congreso. Este plebiscito, que se debía realizar el 13 de marzo de 1988,se frustró por la intervención del partido social conservador.
Como resultado de lo anterior, se llegó a una transacción contenida en el Acuerdo de la Casa de Nariño. Este acuerdo, celebrado el 20 de febrero de 1988, ordenaba constituir una Comisión de Reforma Institucional (CRI) que presentaría al Congreso un texto de reforma, que una vez aprobado, sería sometido al pueblo mediante un referéndum. El Consejo de Estado tumbó el acuerdo el 4 de abrilde 1988.
Ante la caída del Acuerdo de la Casa de Nariño, el gobierno del presidente Barco, buscando adoptar una serie de reformas institucionales, presenta el 27 de julio de 1988 al Congreso de la República, un proyecto de reforma constitucional. En diciembre, la iniciativa de algunos representantes a la cámara para incluir la extradición en el temario del referéndum, propició una gran controversia nacional, que empantanó el proceso y obligó al gobierno a abandonarlo, el 15 de diciembre de 1989.
El 25 de agosto de 1989, una semana después del asesinato de Luis Carlos Galán, las universidades de Bogotá organizaron la "Marcha del silencio" que da lugar al nacimiento de un gran movimiento estudiantil. En el seno de éste se empezaron a discutir fórmulas extraconstitucionales de reforma, que se concretaron con la propuesta de la "séptima papeleta" en un artículo de Fernando Carrillo publicado en El Tiempo el 6 de febrero de 1990.
La viabilidad de la "séptima papeleta" que enfrentaba toda una serie de dificultades, se despejó el 27 de febrero de 1990, cuando el Registrador Nacional del Estado Civil conceptuó que la inclusión de ese voto en el sobre electoral no anularía los demás.
El 11 de marzo de 1990,un millón y medio de colombianos votaron por la "séptima papeleta", de acuerdo con el conteo que hicieron los estudiantes en 300 municipios ante la negativa de la Registraduría a hacerlo. Ese resultado creó un hecho de opinión que le permitió al gobierno expedir el Decreto 927 de 1990, mediante el cual se autorizó el conteo de los votos en favor de una Asamblea Nacional Constituyente. La Corte Suprema de Justicia declaró exequible esa norma el 24 de mayo pasado.
En las elecciones del 27 del mismo mes de mayo, la propuesta en favor de la Constituyente recibió un respaldo, de más de 5 millones de votos.
El 24 de agosto, el presidente César Gaviria Trujillo establece, a través del Decreto 1926, el temario y la composición de la Asamblea, y los requisitos para ser miembro. El decreto recoge el contenido del acuerdo político celebrado entre las cabezas de las colectividades políticas más importantes del país.
Durante los meses de septiembre y octubre, la Corte Suprema de Justicia estudia la exequibilidad del decreto. Contra el concepto del Procurador General de la Nación y la ponencia de la Sala Constitucional del máximo tribunal, la Sala Plena declara exequible el Decreto 1926. Sin embargo, declara inconstitucional el temario que se le fijaba a la Constituyente y la caución que
debían depositar los aspirantes a la misma.

LOS GRANDES REVOLCONES

NUÑEZ Y LA CONSTITUCION DE 1886
La Constitución de 1863, apesar de haber sido redactada por los mejores juristas de la época, Miguel Antonio Caro v José María
Samper, sumió al pais en el caos institucional, pues los estados federales disponían de la mayor autonomía, podían tener sus propios ejércitos y declararse la guerra entre si, mientras el poder central era prácticamente una figura decorativa.
Tras una serie de guerras civiles, en 1885 el presidente Rafael Núñez, apoyado por el partido conservador y un sector del liberal, logra vencer a los radicales en la batalla de La Humareda. Es entonces cuando se produce el famoso "balconazo", donde Núñez declaró que "la Constitución de 1863 ha dejado de existir", lo que representaba una ruptura total con el orden legal establecido. Un grupo de juristas preparó entonces un proyecto que fue puesto a consideración de un Consejo Nacional de Delegatarios integrado por representantes de cada uno de los estados. El proyecto resultante fue ratificado en una especie de
plebiscito entre los Concejos Municipales.

REYES Y LA REFORMA DE 1910
Cuando Rafael Reyes llega a la presidencia de la república en 1904, uno de sus lemas es "menos política y más administración". El espíritu empresarial y pujante del presidente se estrellaba contra el ritmo paquidérmico del Congreso, que literalmente no le dejaba gobernar. Reyes entonces resolvió crear una asamblea Constituyente convocada por decreto y que entró a suplantar al Congreso.
En el decreto correspondiente, Reyes no invocó la Constitución que estaba violando, y lo expresó en sus considerandos al afirmar que sus bases sólo se podrían encontrar en la Suprema Ley de la necesidad y la conveniencia del pais. Esa Asamblea, a su turno, convoca otra con el fin de reformar la Constitución, lo que se produce en 1910, cuando Reyes ya había salido de la presidencia.

LOPEZ PUMAREJO Y LA REFORMA DE 1936
La reforma del año 36, al contrario de las anteriores, se caraclerizó por haberse efectuado por el Congreso, en forma ordenada y dentro de los procedimientos previstos por la propia Constitución. Ello no impidió, sin embargo, que su alcance haya sido uno de los mayores revolcones de la historia constitucional colombiana. De ella quedaron para el país la función social de la propiedad, el intervencionismo de estado, y la definición de las relaciones con la Iglesia, entre otras. López y su reforma modernizaron definitivamente el aparato estatal y proyectaron al país de lleno en el siglo XX.

BELISARIO BETANCUR Y LA REFORMA DE 1985
No menos legalista en su procedimiento y profunda en sus alcances resultó la reforma de 1985, promovida por el gobierno de Belisario Betancur.
Se trata quizás de la reforma que ha producido el mayor efecto democratizante en la política colombiana: la elección popular de alcaldes. De todos los demás intentos reformistas iniciados después de la de 1968, ésta ha sido la única que ha pasado indemne por el cedazo de la Corte Suprema de Justicia.
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