Lunes, 16 de enero de 2017

| 1996/05/06 00:00

UNA AMARGA PARA AUGUSTO

LA CITACION DEL PRESIDENTE DE BAVARIA A LA COMISION DE ACUSACIONES LO PONE EN UNA SITUACION ABURRIDORA

UNA AMARGA PARA AUGUSTO

"Piden oír testimonio de Augusto López" dijo en primera página el periódico El Tiempo el miércoles pasado. La noticia hacía referencia a la solicitud de algunos miembros de la Comisión de Acusaciones de que fuera escuchada la versión del presidente de Bavaria en relación con las famosas cuentas en dólares del proceso 8.000. Fernando Botero, quien siempre ha sostenido que Ernesto Samper tenía conocimiento de dichas cuentas, alega que López Valencia fue testigo de la presencia del entonces candidato el día en que se pactaron las donaciones del Grupo Santo Domingo a las cuentas en Nueva York.El incidente no dejaría de ser marginal dentro del proceso 8.000 si no fuera por la novedad de que por primera vez resulta involucrado el sector privado en estas diligencias. Y la vinculación está relacionada con el sistema de financiación electoral, que en Colombia siempre había sido manejado con mucha discreción.Según el ex ministro Fernando Botero, el Grupo Santo Domingo giró dos millones de dólares a la campaña de Ernesto Samper. Sin embargo, si su apoyo publicitario y logístico fuera cuantificado sería ampliamente superior a las donaciones en dinero. Es decir que el total de un solo donante superaría los 4.000 millones de pesos, que era el tope legal para toda la financiación de cada una de las campañas.Según Botero, de los dos millones de dólares girados por el Grupo 1.700.000 habrían sido canalizados a través de la compañía de papel panameña Overseas Trading Company. El vicepresidente de Bavaria, Carlos Quintero, ha negado este aporte, pero el propio gobierno lo reconoce en privado, así como las autoridades judiciales. Todos consideran que la negativa de Bavaria es simplemente una formalidad para evitar complicaciones tributarias y cambiarias o preguntas de la Superintendencia de Sociedades.Además del dinero girado el Grupo hizo otros importantes aportes a través de subsidios en sus medios de comunicación y sus empresas de transporte. Por ejemplo, cada gira tenía una comitiva de 80 personas y todos esos desplazamientos corrían por cuenta de Avianca. El avión Grumman de Helicol, el cual se alquila al público por 2.800 dólares la hora, se prestó sin costo alguno para múltiples viajes. Algo parecido sucedió con el jet de la presidencia de Bavaria, cuyo costo por hora de alquiler sería superior a los 4.000 dólares. Esto sin mencionar los viajes en helicóptero, que son parte de la vida diaria en cualquier campaña.Más importante, sin embargo, que el rubro de transporte fue el de publicidad. Para este efecto se diseñó un curioso mecanismo que consistía en facturar por encima de la mesa lo mismo que contrataba Andrés Pastrana, haciendo generosas bonificaciones por debajo de la mesa. Estas ñapas tenían un multiplicador diferente para radio y televisión. La proporción en radio era alrededor de 10 a uno y en televisión del orden de tres a uno. En otras palabras, si Pastrana pagaba en tarifa plena tres minutos diarios en Caracol Televisión, a Samper la empresa le facturaba esos mismos tres minutos a la misma tarifa, pero le regalaba nueve. Teniendo en cuenta que la publicidad es el costo más grande en cualquier campaña, estas bonificaciones, si se cuantificaran, ascenderían a una cifra enorme.Otro mecanismo utilizado por el Grupo Santo Domingo para la financiación electoral consistía en el pago que sus empresas hacían a terceros por servicios prestados a la campaña. Por ejemplo, Bavaria pautaba 300 millones de pesos con el periódico El Tiempo. De éstos, 50 podían ser de avisos de cerveza mientras que los otros 250 correspondían a avisos de Ernesto Samper. En la contabilidad de la empresa simplemente aparecía un pago por 300 millones de pesos de publicidad al periódico sin especificar en qué clase de avisos.Un renglón en el cual la organización Santo Domingo fue particularmente generosa con la campaña fue en el rubro del papel. La campaña imprimió unos 18 millones de afiches, y la inversión en papel para un trabajo editorial de esta magnitud es considerable. El Grupo contribuyó con unos 700 millones de pesos para compra de papel, de tal suerte que la campaña sólo le pagaba a la imprenta el valor de la impresión propiamente dicha. Para evitar que este aporte fuera detectado la inversión se diluyó entre 22 empresas del conglomerado, cada una de las cuales aportó en promedio 30 millones de pesos. De esta manera el gasto en papel en la contabilidad de cada empresa no parecía excesivo individualmente.Aunque estos detalles no eran conocidos, la participación del Grupo Santo Domingo en la campaña es de conocimiento público y no escandaliza a nadie. Sin embargo judicializarla, aunque sólo sea a nivel de diligencia testimonial, no deja de ser incómodo. Sumando contribuciones en dinero, en especie y en pagos a terceros, el aporte del Grupo a la campaña samperista superaría fácilmente los 4.000 millones de pesos. De este total, sólo quedaron registrados ante las autoridades electorales 153 millones de pesos. El resto fue manejado extraoficialmente a través de cuentas en dólares y de los mecanismos descritos arriba.Estas prácticas en menor grado han sido habituales en la financiación electoral en Colombia y a nadie le importaba mientras no hubiera preguntas. Con el proceso 8.000 esta actitud ha cambiado. Como el tema de la financiación electoral estará sobre el tapete gracias al escándalo de los narcodineros, todos los mecanismos utilizados en el pasado para financiar sin dejar huella serán revisados cuidadosamente para ser prohibidos o reglamentados mediante unas reglas de juego mucho más estrictas.Por lo pronto la única víctima del sector privado en todo este proceso ha sido el Grupo Santo Domingo, el cual se expone a que sean divulgadas intimidades sobre su participación en la financiación de la campaña que no fueron diseñadas para ser de conocimiento público. Esto no va a tener implicaciones legales, pues en libros todas las cosas están en orden. Pero sí puede someter al presidente de Bavaria, Augusto López, a situaciones aburridoras, como tener que desmentir a Botero para defender al Presidente o tener que afirmar bajo juramento que la contribución total del Grupo Santo Domingo a la campaña electoral de Ernesto Samper ascendió a sólo 153 millones de pesos.

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