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| 2/8/2014 3:00:00 AM

¿Puede Colombia reconciliarse?

Nace una gran iniciativa, Reconciliación Colombia, que busca tender puentes en un país lleno de desconfianza, rabia y estigmas.

¿Qué se necesita, después de décadas de enfrentamiento fratricida, para que una nación pueda aprender a vivir en paz? Esta es una pregunta que más de 30 entidades multilaterales y de la sociedad civil, la empresa privada, los medios de comunicación y otros sectores le proponen contestar al país con el proyecto Reconciliación Colombia, que se lanzó en Bogotá la semana pasada.

Si hay algo que caracteriza a una sociedad que, como la colombiana, ha pasado décadas en un conflicto armado son fenómenos como la estigmatización y la demonización del contrario, y una polarización apasionada e irracional en torno a temas como las fórmulas para salir del conflicto y los proyectos de país, que se traducen en cáusticos enfrentamientos en la política cotidiana.

El proyecto busca descubrir iniciativas de reconciliación que han tenido lugar en estos años de conflicto armado entre individuos o comunidades, ponerlas en común, aprender de ellas y planear otras hacia el futuro, que le permitan a la sociedad colombiana empezar a dejar atrás los arraigados sectarismos y estigmatizaciones que han servido de justificación a la guerra y fomentar el diálogo, la tolerancia y la conversación en democracia como mecanismos para dirimir las diferencias.

A las comunidades de Chengue y Macayepo, que sufrieron sendas masacres a comienzos de este siglo, las dividió la guerra al punto que el camino que las unía se llenó de maleza y se volvió intransitable. Años después, cuando sus habitantes empezaron a retornar a los caseríos que debieron abandonar, reconstruyeron entre todos su vínculo más simbólico, ese camino, y, poco a poco, limaron las desconfianzas y restablecieron los viejos lazos entre las dos comunidades.

César Montealegre es un empresario de Caquetá que estuvo ocho meses secuestrado por las Farc en 1999. Luego de su liberación, perdonó a uno de sus secuestradores y, años después, contrató, sin saberlo, a un guerrillero desmovilizado, que después le confesó que había sido miembro del frente que lo secuestró. Luis Moreno, como se llama, lleva más de ocho años trabajando con él como su hombre de confianza.

Como una forma de vivir en paz en zonas cocaleras de Putumayo, 60 familias campesinas cambiaron la ‘hojita’ por el cultivo de pimienta, que venden a la cadena de restaurantes Wok y otros establecimientos.

Yurley abandonó las Farc cuando aún era menor de edad. Wilson, de las AUC, fue capturado por el Ejército en un combate antes de cumplir 18 años. Ambos fueron entregados a Bienestar Familiar. Allí se conocieron, se enamoraron y se volvieron pareja. La antigua guerrillera y el antiguo para llevan diez años juntos, trabajando en Guaviare en formas para prevenir el reclutamiento infantil.

Parejas como esta, comunidades como las de Chengue y Macayepo, encuentros individuales entre víctimas y victimarios, empresas que contratan desmovilizados de los grupos armados, comunidades que los acogen, iniciativas de memoria y verdad son algunas de las experiencias que el proyecto Reconciliación Colombia encontró por todo el país.

Una investigación de seis meses, el año pasado, descubrió cerca de 300 proyectos que pueden caer bajo la definición de intentos de reconciliación en medio de la guerra. Se trata de iniciativas regionales y locales, con frecuencia en los territorios que más han sufrido los embates de la confrontación, promovidas por líderes, organizaciones o gobiernos locales. En la casi totalidad de los casos, son emprendimientos puntuales, sin relación de unos con otros, a veces con apoyo externo, a veces sin él. Unas han muerto poco después de empezar; otras han perdurado.

Reconciliación Colombia parte de la experiencia que se encuentra en las regiones en esta materia y destaca el papel que juegan en estas iniciativas empresarios, gobernantes locales y organizaciones y líderes sociales. El proyecto busca detectar las experiencias de ese tipo en el país, ponerlas en contacto entre sí, aprender de lo que han hecho, fortalecerlas y promover que se desarrollen más en todo el territorio. Como lo planteó El Tiempo en un reciente editorial, Reconciliación Colombia busca “darle el lugar que se merece en el debate público a una causa urgente que debe ser prioridad nacional: remendar el tejido social allí donde el conflicto más estragos ha hecho”.

Para ello, este semestre, en cuatro encuentros que pondrán frente a frente a las regiones más distintas del país, y en otro más en Bogotá, las regiones hablarán entre sí y tratarán de mostrar al país por qué la reconciliación es la clave para poner fin, definitivamente, a una cultura de desconfianza y polarización, y construir una paz sostenible en Colombia.

Las regiones de Antioquia y gran Tolima (Tolima, Huila, Caquetá y Putumayo) se reunirán en Medellín, el 12 de febrero; el Pacífico (Nariño, Cauca y Valle) lo hará con el centro (Cundinamarca y Boyacá), en Cali, el 26 de febrero; los departamentos del Caribe, Cesar, los Llanos, la Orinoquia y la Amazonía, en Barranquilla, el 19 de marzo; el Eje Cafetero y los dos Santanderes, en Bucaramanga, el 23 de abril y, finalmente, se hará un encuentro nacional en Bogotá, el 15 de mayo.

Los objetivos en el corto plazo son: crear incentivos para que la empresa privada se comprometa con la reconciliación y el poscoflicto, promover un gran premio a los mandatarios locales y regionales, crear una red nacional de empresas, organizaciones de la sociedad civil y gobernantes, y fortalecer o replicar las mejores iniciativas de reconciliación en todo el territorio que han demostrado ser relevantes y sostenibles.

Los principales medios de comunicación del país, incluyendo a SEMANA, son parte del proyecto y publicarán regularmente historias de reconciliación y darán amplia cobertura a los eventos y al desarrollo del proyecto, que tiene, además, su propia página web (http://www.reconciliacioncolombia.com).

Fabrizio Hochschild, de Naciones Unidas, comentó durante el lanzamiento de Reconciliación Colombia, el pasado 5 de febrero, que en el país ha habido una tendencia a ver la guerra como inevitable y que eso es lo que más se visibiliza. “Este proyecto es contra esa tendencia”, dijo. O, como plantea Francisco de Roux, gestor de uno de los intentos más audaces de construir paz en medio de la violencia, el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, hay que “deponer las venganzas y ser capaz incluso de perdonar lo imperdonable”.

Esos son los desafíos que el proyecto Reconciliación Colombia, apoyado en múltiples experiencias ya en marcha en las regiones, está planteando a todos los colombianos. Poner fin al maniqueismo y la estigmatización que se ha apoderado de la agenda pública no es solo cuestión de que los guerrilleros y el Estado lleguen a acuerdos. Es un asunto de todos.

Unidos por una causa
Estas son las organizaciones que han hecho posible Reconciliación Colombia.

Varias organizaciones han sido piezas clave en esta iniciativa de reconciliación. En total son 35 aliados estratégicos, provenientes de la empresa privada, entidades del Estado, organizaciones sociales, medios de comunicación y cooperación internacional. El proyecto lo impulsan Usaid, Ecopetrol, OIM, PNUD, Embajada de Suecia en Colombia, MAPP-OEA, Unión Europea, Proantioquia, Unidad de Acción Vallecaucana, Empresarios del Caribe por la Paz, SEMANA, El Tiempo, El Espectador, El Colombiano, Vanguardia Liberal, El País, El Heraldo, La Nación, El Nuevo Día, Portafolio, La República, Caracol TV, RCN TV, Canal Capital, CM&, La W Radio, Caracol Radio, RCN Radio, Blu Radio, La FM, Agencia Colombiana para la Reintegración, Unidad de Víctimas, Centro de Memoria Histórica, RedProdePaz, Fundación Ideas para la Paz, BSD Consulting y Colombia Líder.
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