Domingo, 19 de febrero de 2017

| 2007/11/10 00:00

Una catástrofe silenciosa

Ni voz para quejarse tienen las víctimas más indefensas del narcotráfico. Son las especies endémicas desplazadas, aminoradas y que pronto desaparecerán por la destrucción ambiental que acompaña los cultivos ilícitos.

En la serranía de Pinche la debacle ecológica es más que evidente. Extensas zonas de bosques de niebla se han convertido en potreros improductivos

Para llegar a los páramos de la Serranía del Pinche se necesitan varios días, mucha paciencia y un estado físico intacto. Empinada y aislada, la serranía se desprende de la cordillera Occidental en el punto donde nace el río San Juan de Micay, en la frontera entre Cauca y Nariño, se extiende por unas 50.000 hectáreas hacia el noroccidente y se esfuma al llegar al pueblo de Micay en la costa Pacífica caucana.

Por ser de difícil acceso -al costado norte corre el río San Juan y al sur domina una densa selva inabordable-, la serranía ha tenido poca interferencia humana. Sus sistemas de páramos aislados apenas fueron descubiertos en 1991, cuando un grupo de científicos colombianos, motivados por el encierro y las variadas altitudes de la serranía, emprendieron una expedición. En efecto, al pasar los 2.900 metros, los científicos se toparon con Espeletia marnixiana, una especie de frailejón desconocida por la humanidad.

Husmeando la posibilidad de que flora nueva significaría fauna nueva, Alex Cortés y Luis Alfonso Ortega, ornitólogos colombianos de la Fundación Colibrí, iniciaron sus propias expediciones a la serranía. "Esperábamos encontrar anfibios quizá, o tipos de aves. Pero el descubrimiento de una especie de picaflor fue totalmente inesperado", cuenta Cortés.

En noviembre de 2006, en los bosques de niebla de la Serranía del Pinche, el par de ornitólogos fotografió por primera vez en la historia al zamarrito del Pinche (Eriocnemis isabellae), un picaflor dotado de un plumaje indiscreto que, en escasos centímetros de pecho, acopia el púrpura monárquico y el verde aguacate de los cuadros de Jacanamijoy.
 
Enviaron estas fotografías a la autoridad máxima del mundo en colibríes, el doctor André Weller, basado en Alemania, y en mayo de este año avaló al zamarrito del Pinche como la adición número 67 al catálogo de especies de aves endémicas del territorio colombiano. "Mi reacción inicial fue: ¿cómo puede ser posible que una especie tan hermosa haya permanecido desconocida hasta ahora? El descubrimiento de una especie de ave nueva siempre llamará la atención de científicos y de amantes de los pájaros. Pero en el caso de un picaflor espectacular, su hallazgo se vuelve un evento casi público, como lo demuestra el eco mediático que causó nuestra publicación (de la noticia del Zamarrito)", le escribió el doctor Weller a SEMANA por la web.

Lamentablemente, el hallazgo también generó desasosiego, porque la supervivencia del zamarrito está gravemente amenazada por los cultivos de coca que invaden su hábitat único. "Vive en una zona muy puntual, explica Ortega, en los filos montañosos de los páramos de la serranía, un área con una extensión máxima de 1.200 hectáreas, aunque sólo se le ha visto en una zona con 300 hectáreas".

Dividir para conquistar

En los años 80, la bonanza de la amapola llegó al municipio de Argelia, ubicado al norte del nacedero del río San Juan de Micay, arrasando con miles de hectáreas de la serranía hasta los 2.800 metros de altitud. Hoy día, estos terrenos son fáciles de identificar porque parecen potreros abandonados. Los últimos años han sido de la coca, pero también de su aspersión, por lo que los cultivos grandes y relativamente fáciles de identificar han sido reemplazados por cultivos pequeños y móviles que complican la tarea de erradicación aérea.

Alberto Gómez, quien dirige la Red Nacional de Jardines Botánicos de Colombia, considera que un efecto no deseado de la erradicación aérea es el desplazamiento de cultivos ilícitos a zonas agrestes recónditas. "Para los narco-agricultores, cultivar en la selva remota es maravilloso. Primero porque están alejados de la población y segundo porque detectar los cultivos no es fácil.

Además de disminuir la extensión de bosque en el país, este fenómeno fragmenta los ecosistemas restantes, los cuales, al ser Colombia el país con la más alta biodiversidad por kilómetro cuadrado del planeta, suelen ser únicos en el mundo. "Cuando visité la serranía por primera vez en 1997, ya se podían ver islas negras entre lo verde, de 200 hectáreas, con arbustos de coca ,recuerda Cortés. La manera más fácil de derribar un bosque es encendiéndole fuego".

Los cráteres ennegrecidos que describe el ornitólogo pueden causar la migración de una especie o, más grave aun, conducir a lo que la comunidad científica llama rompimiento de la conectividad altitudinal. Cuando un ecosistema sufre una fragmentación física, también se fracciona, con lo que se reduce el conjunto total de genes entre los cuales puede ocurrir intercambio genético, proceso del cual depende la evolución y, por ende, la supervivencia de las especies.

De las 1.200 hectáreas que conforman el hábitat del picaflor zamarrito, 100 desaparecen cada año, en llamas, para abrirle paso a la coca. Las hectáreas restantes quedan, pero fragmentadas y expuestas al efecto nocivo de los precursores químicos que se utilizan para procesar la hoja de coca.

Bajo efectos químicos

Los grupos armados que trafican la cocaína prefieren comprar la hoja de coca ya procesada en pasta o base de coca porque así es más fácil de transportar y esconder. Como consecuencia, el 66 por ciento de lo cultivadores de coca procesa la hoja in situ, y escoge ubicar sus cultivos cerca de fuentes de agua para poder deshacerse de los desperdicios y las evidencias del proceso

Según el estudio más completo realizado por la Dirección Nacional de Estupefacientes sobre el rendimiento de la hoja de coca en 2005, los procesos necesarios para transformar una hectárea de coca en pasta o base de coca desechan 150 kilogramos de precursores químicos sólidos y 57 galones de líquidos.

Desafortunadamente, el desastre no terminan ahí. Si cada una de las 100 hectáreas que, según Ortega, se deforestan cada año por culpa de la coca, el hábitat único del recién descubierto picaflor asimila un coctel químico conformado por 37,5 toneladas y 14.250 galones al año. Como agravante, los químicos que se utilizan tienen altos niveles de movilidad. Una vez entran al medio ambiente pueden viajar grandes distancias a través de un proceso de ciclos múltiples de evaporación y condensación conocido como el grasshopper effect o efecto saltamontes.

"Las cocinas de pasta de coca en la serranía están sobre las laderas, y los desechos terminan en las cañadas, dejando a toda la fauna expuesta. Ya en el área hay pocos anfibios, los más sensibles a cambios en sus ecosistemas. Además, la zona es muy lluviosa, entonces los cultivadores aquí necesitan más insumos químicos de lo normal para contener las plagas", explica Cortés.

Por todo lo anterior, Cortés y Ortega buscan incluir el llamativo picaflor en los libros rojos de la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza, donde se registran las especies que están en peligro en todo el mundo y de los cuales ya circulan 11 volúmenes cargados de fauna y flora colombiana.

Si bien la conciencia ambiental colectiva ya tiene claro que el cambio climático es desastroso para la biodiversidad, es mucho menos conocido el importante papel que desempeña la biodiversidad misma en la normalización de la temperatura de la tierra. Pero, como el clima, esto está cambiando.

El 22 de mayo de 2007, el Parlamento Europeo firmó una resolución para comprometer a todos sus países miembros a frenar la pérdida de la biodiversidad en Europa y el mundo para 2010, reconociendo explícitamente la interconexión entre la pérdida de la biodiversidad y el calentamiento global. Y dice: "(el) cambio climático y la pérdida de la biodiversidad están estrechamente vinculados y son de igual importancia".

Tan sólo un mes después, en un acto aparentemente no relacionado, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por su sílaba en inglés), publicó su informe anual sobre drogas. Este informe reveló que España desbancó a Estados Unidos como el país con el más alto porcentaje de consumo de cocaína en el mundo y que de los cinco países que más consumen en el mundo, tres son europeos.

Europa, entonces, tiene la curiosa dualidad de estar en la vanguardia en términos de política pública en pro del medio ambiente y también en sus niveles de consumo de cocaína. Un solo gramo de cocaína, por ejemplo, representa la pérdida de 5,2 metros cuadrados de bosque colombiano y la generación de 625 gramos de residuos.

Hacer sonar esta tragedia en los oídos generalmente escépticos de los consumidores es una tarea espinosa, pero de ella depende la supervivencia del picaflor zamarrito y de cientos de especies más de flora y fauna en peligro de extinción.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.