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| 8/29/2015 11:00:00 AM

Una dura semana para Samper

La tensión entre Colombia y Venezuela volvió a poner al expresidente y actual secretario de la Unasur en blanco de las más duras críticas.

Ernesto Samper lo ha confesado públicamente. “El proceso 8.000 es mi karma”, aunque el Congreso no lo declaró ni culpable ni inocente, pues no encontró la prueba reina que demostrara que había conocido el ingreso de cinco millones de dólares del Cartel de Cali a su campaña presidencial. Pese a que varios de sus cercanos terminaron en la cárcel, Samper logró mantenerse en el poder.

Pese a ello, Samper abandonó la Casa de Nariño con una pesada lápida. El país podrá recordarlo por muchas obras sociales, pero también como el presidente que llegó al poder con dineros del narcotráfico en su campaña. Al término de su período, solo el 31 % de los colombianos tenía una opinión favorable de él.

Pero aquel estigma, ese karma, como lo llama, Samper ha sabido contrarrestarlo. Tras la Presidencia, instaló por casi una década su residencia en Madrid, España, y la academia y los foros internacionales fueron su refugio. Y aunque muchos querían condenarlo al ostracismo, el expresidente liberal supo sobrevivir.

Si algo ha caracterizado a Samper puede ser su sonrisa, que no ha borrado de su rostro incluso en las peores tormentas. Divertido, simpático, con un gran sentido del humor que, además, complementa con un agudo olfato político y bastante inteligencia.

Esa personalidad y su innegable poder político lo han mantenido vivo en la vida nacional y en el escenario internacional.

El primero en tratar de reencaucharlo fue Álvaro Uribe, que al final de su gobierno le ofreció la embajada de Colombia en Francia, en el 2008.

Con su antecesor, César Gaviria, mantuvo durante años un pulso silencioso por el poder e influencia dentro del Partido Liberal. Y con Pastrana, obviamente, ni el saludo.

Ahora, con el presidente Juan Manuel Santos, Samper encontró oxígeno. El proceso de paz y la salida negociada del Gobierno lógicamente lo pusieron como gran aliado del Gobierno, pues Samper es apreciado por las víctimas y sus opiniones son tenidas en cuenta en la administración Santos y escuchadas por las FARC.

Eso sin contar que varios de sus cercanos han llegado a altas dignidades en el Ejecutivo, han ocupado el gabinete y algunos se mantienen, o que ha tenido influencia en las recientes alcaldías de Bogotá, concretamente en la tan cuestionada de Samuel Moreno.

A finales del año pasado fue nombrado secretario general de la Unasur tras haber sido propuesto por el presidente Santos y no generar resistencia en Venezuela y los demás países del Alba. Su reencauche fue tan sorpresivo, que hasta la opinión pública no salió de su asombro: el presidente que fue símbolo de uno de los escándalos políticos de la historia contemporánea del país seguía activo. Incluso este año volvió a Estados  Unidos, a pesar de haber sido el único mandatario al que ese país le quitó la visa.

Se podría tratar de una segunda oportunidad para Samper, un escenario para que el expresidente pudiera librarse de ese karma. Pero su “infortunado” comentario (así lo llamó la canciller María Ángela Holguín), que se interpretó como si estuviera de lado de Venezuela en esta crisis fronteriza, pareció reverdecer un sentimiento que parecía olvidado: el antisamperismo.

"Hace un año denunciamos el peligro de la intromisión de paramilitares colombianos en Venezuela. Hoy se confirma que es una realidad", escribió el expresidente en un trino.

Casi todos los sectores políticos, con excepción del Polo Democrático, quizá, reaccionaron con dureza. El expresidente César Gaviria le exigió no dejarse influir por Maduro, e incluso, la senadora Viviane Morales, samperista a ultranza en el pasado, lo tildó de “anticolombiano”. Los conservadores, que nunca han tragado a Samper, esta vez no lo bajaron de “apátrida”.

Probablemente si las encuestas midieran la popularidad de Samper tras la crisis con Venezuela, registrarían un sentimiento desfavorable. Pero el expresidente como secretario de la Unasur tendrá una oportunidad de resarcirse, cuando Colombia denuncie en el seno de ese organismo la violación a los derechos humanos de miles de colombianos expulsados de Venezuela por orden de Nicolás Maduro.
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