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| 6/15/2014 12:00:00 AM

Noticias del ELN

Concretar otra negociación con la segunda guerrilla del país no será fácil, pero es trascendental para poner fin, por completo, al conflicto armado.

Cuando el Gobierno y el ELN anunciaron, a cuatro días de las elecciones, que vienen conversando hace cinco meses en busca de un acuerdo sobre una agenda para abrir negociaciones, todo el mundo lo interpretó como una declaración de obvias intenciones electorales. Probablemente, así fue. Ahora, la pregunta es cuáles son las probabilidades de que ese otro proceso se abra. El pasado indica que no será fácil.

Con los elenos, según el comunicado conjunto con el Gobierno del pasado 10 de junio, ha habido reuniones desde el 2013. Dos de ellas, en Ecuador y Brasil, de 20 días, entre una delegación que integran Frank Pearl, negociador del Gobierno; Jaime Avendaño, y el rector de la Universidad Militar, el general retirado Eduardo Herrera Verbel, y un grupo del ELN de cuatro o cinco personas que encabeza el duro de esa guerrilla y su comandante militar, Antonio García.

No ha sido fácil avanzar. Con las FARC, en seis meses se pactó la agenda; con el ELN, en cinco sólo se han acordado dos puntos: víctimas y participación de la sociedad civil. En adelante, si bien estas conversaciones exploratorias no serán públicas, habrá, según prometieron las partes, “anuncios periódicos” sobre su evolución.

Es previsible que lo que se haga con el ELN siga de cerca el modelo con las FARC. Ya lo dijo el presidente Santos, al señalar que el conflicto es sólo uno y que “no puede haber dos modelos de dejación de armas, ni dos procesos de refrendación, ni dos ejercicios de esclarecimiento de la verdad”. El problema es que hay un evidente desfase entre ambos procesos.

Esto plantea serios problemas. Por ejemplo, la discusión en el Congreso para reglamentar el Marco Jurídico para la Paz, que definirá los mecanismos de justicia transicional y de participación en política para los guerrilleros desmovilizados; o un referendo para que la población se pronuncie sobre los acuerdos, solo se pueden hacer una sola vez.

Si la definición de una agenda y el comienzo de una negociación se demoran, el ELN puede llegar tarde al tren de la paz. Con las FARC se ha avanzado a una fase en la que, una vez pactado el tema de víctimas, la discusión será más operativa, sobre temas de dejación de armas, desmovilización y aplicación de los acuerdos. Para entonces, el ELN se vería ante la disyuntiva de sumarse a puntos ya convenidos en La Habana o insistir en una negociación paralela que marcharía dos años por detrás de la otra. 

Las FARC podrían optar por bajar el ritmo para esperar que madure la negociación de los elenos. Ambas guerrillas han venido en un proceso de acercamientos y declaraciones conjuntas de sus comandantes, 'Timochenko' y 'Gabino'. Por eso, es probable que se coordinen para sus conversaciones con el Gobierno, lo cual plantea complejos desafíos a la estrategia negociadora oficial. 

El caso es que negociar con el ELN era imprescindible. No llegar a un acuerdo con esta guerrilla de unos 1.200 a 1.500 hombres, según las cuentas oficiales, significaría que el conflicto no termina completamente. En zonas como el Catatumbo, Arauca, el sur de Bolívar o la bota caucana sería muy difícil un proceso de desmovilización de las FARC si persistieran frentes activos del ELN que podrían convertirse en ‘aeropuertos de emergencia’ para eventuales disidencias de las FARC.

Esta no es la primera vez que se intenta un acuerdo con el ELN. Desde 1991, en Caracas, bajo el gobierno de César Gaviria, hasta el 2007, en el de Álvaro Uribe, se hicieron más de media docena de intentos, todos fallidos.

La dificultad reside, en parte, en la forma como los elenos ven la participación de la sociedad civil, que quieren involucrar masivamente y con carácter decisorio a través de una Convención Nacional. Por otra parte, el tema minero-energético es tan importante para los elenos como el agrario para las FARC, y el Gobierno ha dicho que no es negociable. Por último, muy probablemente el ELN no aceptará que su negociación se vea, en términos de contenido o de ritmo, como la ‘mesa del hermano menor’, frente a la de Cuba. 

Una cosa, pues, es el anuncio de que se está en una fase exploratoria con el ELN para tratar de acordar una agenda, y otra cosa, que se logre abrir una negociación. En términos cronológicos, es como si hoy, en junio del 2014, se estuviera en abril del 2012 con las FARC, cuando apenas se conversaba con estas, en secreto, cuáles serían los puntos de esa agenda. Tener a los elenos a bordo de la terminación negociada del conflicto es esencial. Pero no está a la vuelta de la esquina.
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