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| 3/31/2011 12:00:00 AM

Una radiografía a las llamadas bacrim

Un informe de la Corporación Nuevo Arco Iris intenta mostrar la naturaleza de esos grupos, cuyo nombre es aún discutido por muchos sectores, y mostrar su dinámica en diferentes regiones del país.

Herederos de las AUC, bacrim o neoparamilitares. La discusión está abierta. Hace unos días en la plenaria de la Cámara se llevó a cabo un debate de control político citado por los representantes Guillermo Rivera, Wilson Arias, Iván Cepeda y Jorge Gómez en el que se discutió el fondo de estas bandas.
 
¿Quiénes las integran? ¿Son el rearme de antiguos AUC? ¿El gobierno está tomando las medidas necesarias para luchar contra ellas? Pareciera que lo único que está claro es que se han convertido en el gran desafío de las autoridades. El presidente Juan Manuel Santos y el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, lo han reconocido. La estrecha relación de estos grupos con el narcotráfico los hace "muy poderosos, muy peligrosos", aseguró hace algunos meses el ministro Rivera a Semana.com
 
En un intento por hacer una radiografía de las llamadas bacrim, la Corporación Nuevo Arco Iris hizo un estudio, que se dará a conocer este viernes en el Senado, sobre su naturaleza y dinámica. Los investigadores y autores del informe, Ariel Ávila y Angélica Arias, señalan en el documento que el énfasis del anterior gobierno en la lucha contra la guerrilla de las FARC y la relativa fácil desmovilización y extradición de los principales jefes de las AUC, hizo pensar que los mandos medios y miembros rasos de las Autodefensas iban a seguir el camino de la reintegración, pero que la realidad fue otra.
 
“Las autoridades militares y policiales han gastado considerables recursos y empleado renovadas técnicas en la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico, pero desafortunadamente ese no ha sido el caso en relación con los herederos de las AUC”.
 
El representante Iván Cepeda ha sido enfático en decir que las bacrim no son “simples bandas delincuenciales”. En ese sentido coincide con Nuevo Arco Iris. La Corporación señala que la caracterización de dichos grupos como “bandas criminales” es “simplista, desorientadora y representa las actividades de estos grupos de una forma limitada”.
 
Para evidenciar lo complejo del fenómeno, lo compara con lo que eran las AUC. El informe identifica cuatro puntos:
 
- La persistencia del narcotráfico y las relaciones estrechas que tuvieron narcotraficantes con las AUC, y que continúan ahora con las llamadas bacrim, lo cual asegura su financiación.
 
- La continuidad entre los mandos medios y bajos de los frentes de las AUC y los ahora jefes de los grupos reorganizados, quienes han reconstruido parte de las relaciones institucionales que funcionaron efectivamente en el pasado.
 
- Corrupción en las agencias estatales y la representación política local, resultado de la persistencia del narcotráfico. Esto es latente en los territorios con actividades extractivas y en zonas rurales y urbanas en donde la venta de protección es rentable.
 
- Las fisuras entre los contextos políticos locales de las zonas de influencia de las antiguas AUC y la coalición de fuerzas políticas que jalonan al gobierno nacional. Los quiebres entre centro y región son el resultado de la política anticorrupción y de restitución de tierras a las familias despojadas por las AUC.
 
Ante el panorama que presenta el informe los retos para el gobierno no son pocos. Ni sencillos. El documento reitera sobre la importancia de mejorar la caracterización de estos grupos. “El término neoparamilitar, ofrecido como alternativa a la denominación oficial, no es el óptimo, aunque es más complejo e incluye más elementos de realidad”.
 
Otro aspecto es el que tiene que ver con la información sobre las acciones de estos grupos. Según el informe hay una enorme tendencia al subregistro y a que sus acciones sean invisibles para el público y las autoridades.
 
Y una de las razones que da para esto, es que las actividades de estos grupos están dirigidas principalmente en contra de comunidades, colectivos o individuos, y si no hay denuncia sobre la coacción y violencia no queda constancia del hecho. Citan como ejemplo los registros que se tienen de Montería (ver recuadro), en donde aparecen 12 eventos relativos a los ‘neoparas’ en el 2010, lo que para ellos “es negar una realidad que no pasa desapercibida en la capital de Córdoba”.
 
Lo que hay que considerar es que si se quiere enfrentar este fenómeno seriamente, “lo primero que hay que hacer es tener un buen diagnóstico de lo que hacen estos grupos, en dónde lo hacen, cómo, con quiénes”.
 
El informe señala que no hay acuerdo en cuanto al número de municipios con actividades de las bacrim. Mientras la Policía Nacional indicó que para el 2010 registraron actividades en 152 municipios repartidos en 20 departamentos, el Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, en cabeza de su director, Felipe Muñoz, seis meses antes, había señalado que sólo 54 municipios estaban afectados.

Zonas más afectadas

Nuevo Arco Iris habla de la conformación de tres grandes redes de grupos armados concentradas en cuatro regiones.
 
Una sería la que se está conformando alrededor de la alianza entre ‘Los Rastrojos’, ‘Los Paisas’ y alias ‘Sebastián’, en Medellín, que es llamada ‘Los Confederados’ en algunas regiones de Antioquia y la Costa.
 
Y es que aunque ‘Los Rastrojos’ estaban concentrados en el suroccidente y Costa Pacífica en el 2007, dos años más tarde llegaron a la Costa Caribe y al corredor que va desde el Urabá hasta la frontera con Venezuela, pasando por el Bajo Cauca, Sur de Bolívar y Sur del Cesar. Esta red se fortaleció en el corredor mencionado con la alianza establecida con Los Paisas y con Erik Vanegas, alias Sebastián, ubicado en Medellín (ver mapa).
 
Otra es la red liderada por ‘Los Urabeños’, las ‘Águilas Negras’ y los ‘Gaitanistas’, grupos que tienen una presencia fuerte en las costas del Golfo de Urabá y Córdoba, y en el corredor que va desde el sur del departamento de Córdoba hasta la frontera con Venezuela. Por la ubicación geográfica de esta agrupación, podría ser considerada como los herederos de lo que se conoció como la ‘Casa Castaño’. A esta red estaría asociado Maximiliano Bonilla, alias ‘Valenciano’, quien rivalizó con Erik Vargas sobre el control del crimen organizado en Medellín (ver mapa).
 
La tercera es liderada por el Ejército Revolucionario Popular Anticomunista de Colomba, ERPAC, que está ubicada en los llanos orientales. Esta red tiende a estar relacionada con ‘Los Urabeños’ y sus aliados, aunque mantiene independencia y no tiene competencias en su zona.
 
Las tres grandes redes de neoparamilitares tienden a concentrarse en cuatro regiones en donde se ubican la mayoría de los cultivos de coca.
 
Cultivos de coca y bacrim
 
Después de 10 años del inicio del Plan Colombia, señala el informe, hubo una reducción importante en la extensión de los cultivos de coca entre el año 2000 y 2003. La disminución de cultivos estuvo centrada en el departamento de Putumayo, el cual pasó de aproximadamente 66 mil hectáreas sembradas en coca en el 2000, cuando representó el 40 por ciento del total nacional, a 5 mil en el 2003, como resultado de una masiva fumigación aérea de las zonas con coca.
 
Sin embargo, ahora la producción de coca se ha concentrado en cuatro zonas (ver mapa):
 
- En el norte, en un corredor entre el Urabá antioqueño y chocoano, que pasa por el sur de Córdoba, el bajo Cauca, el sur de Bolívar, y llega hasta el Norte de Santander, en la frontera con Venezuela.

- En el oriente, en los departamentos del Guaviare, Meta y Vichada, y en menor medida en Arauca.
 
- En el sur, en los departamentos del Putumayo y Caquetá, en la vertiente oriental del Macizo Colombiano.
 
- En el Pacífico, en la vertiente occidental del Macizo, en el departamento de Nariño, y con cultivos menores pero crecientes en Cauca, Valle y Chocó. En esta región del Pacífico colombiano se ubica la mayor extensión de cultivos de coca, que aumentó de 15 mil hectáreas en el 2004 a 25 mil en el 2009.
 
Pero esas regiones no son las únicas, hay otras afectadas por los cultivos, como la Amazonía y la Sierra Nevada de Santa Marta, pero allí la extensión de los sembrados de coca es marginal en relación con el total. De acuerdo con el estudio para el 2009 de la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas, hay aproximadamente 217 municipios afectados por los cultivos de coca, cifra no despreciable, y en donde hay influencia de actores armados ilegales.
 
Nuevo Arco Iris analiza en detalle la evolución de las zonas de cultivos de coca entre el 2003 y el 2009, de donde proviene una de las principales fuentes de financiación de los grupos irregulares , y destaca dos grandes cambios y dos continuidades reveladoras:

- El crecimiento de los cultivos en la zona del pacífico, de 15 mil a 25 mil, sobre todo en los departamentos del Cauca, Valle y Chocó. En estos departamentos se pasó de 1.500 a casi 9 mil hectáreas en los últimos 6 años.

- La disminución de los cultivos en la zona oriental, de 34 mil hectáreas a 16 mil, sobre todo en el departamento del Meta. Esto ocurrió principalmente en los municipios con influencia de las FARC, y como consecuencia del Plan Patriota, los programas de erradicación de cultivos y el Plan de Consolidación Integral de la Macarena, PCIM. En esta zona se asentaba la dirección del otrora poderoso Bloque Oriental de esa organización, liderado por Víctor Julio Suárez, alias ‘Mono Jojoy’.
 
- Una de las dos continuidades preocupantes de lo observado entre el 2003 y el 2009, período de análisis de UNODC, es la permanencia de los cultivos en la zona central, mayoritariamente regulados por grupos asociados con lo que fueron los diferentes frentes de la AUC. Esta es una amplia zona que va desde el Golfo de Urabá hasta la frontera con Venezuela y que albergó en su momento a las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, ACCU, Bloque Mineros, Bloque Central Bolívar y Bloque Norte.

Otra continuidad es la permanencia de una importante extensión de cultivos de coca en Guaviare, Meta y Vichada, con una tendencia a estar bajo el control del llamado ‘ERPAC’, cuya cabeza era Pedro Oliverio Guerrero, alias ‘Cuchillo’, hasta finales del 2010, cuando fue muerto en un operativo de fuerzas élite de la Policía Nacional.
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