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| 2/4/2012 12:00:00 AM

Una tragedia que no se apaga

El país no volvió a hablar de la tragedia de Dosquebradas, sucedida en la víspera de Navidad cuando un poliducto estalló y mató a siete personas. Gota a gota han ido falleciendo otras y el saldo ahora es de 31 muertos.

La casa, sin techo ni ventanas, parece más una construcción abandonada y en obra negra que el hogar en el que la familia Ríos vivió durante más de 15 años. El único que aún permanece en la puerta es Lucas, un perro criollo café. La mascota de los Ríos aún no ha entendido la dimensión de la tragedia que allí ocurrió ni tampoco parece haber querido aceptar que sus amos jamás volverán. Cinco de los seis miembros de la familia, quienes salieron en llamas por la puerta principal en la madrugada del 23 de diciembre, murieron. De hecho, Lucas es el único que aún vive entre los escombros de las casas que formaban el barrio Villa Carola, en Dosquebradas, que fue consumido por tres explosiones y por una oleada de llamas producidas por la fuga de gasolina de un poliducto de Ecopetrol.

Cada vez que alguno de los sobrevivientes se atreve a regresar a lo que queda del apacible caserío se le parte el alma, no solo al ver las casas destrozadas como si hubieran sido bombardeadas o destruidas por un poderoso terremoto, sino al ver a Lucas allí tendido, en la acera. El primer parte de la tragedia que conoció el país hablaba de siete muertos, luego subió a 11 y después, en medio de las fiestas decembrinas, no se supo más. Ahora las víctimas fatales suman 31, pues otros han ido muriendo en lo corrido del mes en los hospitales. "Los Ríos, los Guerrero y los Navarro fueron quienes llevaron la peor parte y pusieron la mayoría de las 31 personas que han muerto", dice Carmen Milena Sánchez, quien perdió a su hermana y a una sobrina.

Han pasado 40 días y las víctimas siguen viviendo un calvario, consumidas por los recuerdos de lo perdido, por la vida que a la fuerza hoy tienen que llevar y por la incertidumbre del futuro. Pese al esfuerzo del Estado, pero en especial de Ecopetrol, las ayudas se han demorado o han sido insuficientes y, tal y como lo pudo comprobar SEMANA tras visitar a más de diez familias, la están pasando mal. María Alejandra Navarro, de 22 años, quien el 25 de diciembre -día de su cumpleaños- tuvo que enterrar a sus dos padres, a su hermano de 30 años y a Eliécer Maturana, un niño que estaba bajo su protección, dice: "A mí me arrebataron a mis padres y a mi hermano, a quienes no pudimos sacar antes de la explosión porque estaban mareados por el olor a gasolina". Esta joven, que perdió su hogar y ahora trabaja en un almacén, recuerda sentada en la única silla que hay en la desolada casa del barrio Cuba, en Pereira, a la que acaba de llegar a vivir: "A mí no me hacía falta nada. Y lo perdimos todo. Ahora no sé cómo dentro de dos meses vamos a pagar el arriendo de esta casa, los servicios, la comida. Mi esposo está desempleado y el computador con el que hacía edición de videos de fiestas se perdió", añade María Alejandra, al lado de su esposo y su hijo de 4 meses. "El gobierno y Ecopetrol nos han visitado tres veces y nos han entregado algunas ayudas. Yo no quiero ser desagradecida, pero ellos creen que con plata la vida se puede reponer".
 
Cerca del lugar de la tragedia, en lo que era un modesto jardín infantil, están refugiadas otras cinco familias. John Jairo Rojas, vocero de las 52 familias que quedaron damnificadas en Villa Carola, dice que las ánimas del purgatorio lo salvaron a él y a su familia de morir, pero que ahora está viviendo un infierno. "En la madrugada del 23 de diciembre estaba dormido y sentí que me tocaron el hombro. El olor a gasolina era intenso, así que empecé a sacar a las 12 personas que estábamos en la casa. De pronto se hizo de día y las llamas subieron a una velocidad increíble contra corriente por la quebrada Aguazul. La tierra empezó a temblar. Hubo tres explosiones. Las dos últimas entraron por dos pequeñas callejuelas que destruyeron de inmediato ocho casas. La última me tiró a la calle y caí, protegiendo a mis hijos. Por fortuna, las llamas pasaron por encima". Después, regresó a buscar a sus amigos y vecinos, con los que creció. Alcanzó a rescatar a 14 personas hasta que la Policía lo sacó del caserío, una hora después.

"Yo perdí hasta mi trabajo. Este ha sido un mes lleno de complicaciones. Las ayudas han llegado de forma muy lenta. Los subsidios de arriendo han sido una lucha. Ecopetrol nos ha ayudado con el pago de la atención en salud, con la comida, con kits de vivienda, pero ahí están empacadas la nevera y las camas, pues no tenemos dónde vivir y acá no caben" dice, mientras su pequeño hijo se sienta en sus piernas. "Desde ese día, no se me despega. Por las noches él y todos los niños que están acá tienen miedo o les dan pesadillas. La ayuda psicológica solo llegó hace pocos días", anota Rojas.

Otros residentes tienen la misma incertidumbre. "No nos han dicho si nos van a pagar o no por nuestras casas y lo que teníamos. Lo único es que todos los días llegan y llegan abogados proponiéndonos que les demos el caso, que se lo vendamos… tal y como parece que algunos ya lo hicieron", afirma César Augusto Castro, quien regresó al barrio a ver cómo demolían su casa. A su vez, Rubiel Villa, otro vecino, dice: "Ecopetrol se ha portado bien, pero nos gustaría que quienes vienen a las reuniones de la comunidad dejaran de tomar apuntes y apuntes y nos dijera qué van a hacer, porque para mí es claro que el tubo y la gasolina era de ellos, y nos tienen que responder. Pero acá no viene nadie que tome decisiones". Otra familia, que pidió reserva, dice que si bien las ayudas han sido buenas, están en una posición difícil. "Antes pagábamos 200.000 de arriendo y unos 40.000 pesos en servicios públicos, porque allá teníamos acueducto propio". Ahora la casa de interés social en la que viven vale 260.000 pesos y solo la energía vale 60.000. "Yo no pude volver a trabajar porque la persona que cuidaba mi hijo murió en la tragedia y yo no me siento tranquila de dejar mi casa sabiendo que algo grave puede pasar. Ando con miedo, sobre todo cuando se acerca la noche. Y lo más difícil es esta incertidumbre de no saber si nos van a seguir ayudando. Mi hijo vive con miedo todo el día".

Jaime Bocanegra, gerente designado por Ecopetrol para enfrentar esta tragedia, dijo a SEMANA que ahora están comenzando una etapa de atención post emergencia que tomará más de un año, pues se seguirá atendiendo a los lesionados, se adelantarán la conciliaciones con unas 109 familias y se deberá solucionar el tema de vivienda, entre otros. "En su inmensa mayoría hemos resuelto las necesidades y solicitudes y, para mejorar aún más, abrimos una oficina para atender a todas las víctimas".

El saldo a la fecha que dejó la explosión en los barrios Villa Carola, Aguazul, La Romelia y La Divisa es de 31 personas muertas y otras nueve que permanecen hospitalizadas. Hubo 128 viviendas afectadas de las cuales 21 colapsaron y 16 no son habitables. En total, 134 familias resultaron afectadas en la tragedia de Dosquebradas.

Ecopetrol ha rechazado su responsabilidad en la tragedia. Sin embargo, en la Asamblea el diputado liberal Jhon Jairo Arias presentó una investigación de la Carder (Corporación Ambiental de Risaralda) según la cual en la zona de la explosión "no se evidencian desplazamientos súbitos recientes del terreno que se puedan relacionar con el origen del evento" y que Ecopetrol tenía desde hace un año informes técnicos con "evidencias contundentes de tensionamiento de la tubería".

¿No es hora de tomar medidas para certificar que esto no se vuelva a presentar en las más de 30 poblaciones que están en riesgo por vivir cerca a los poliductos del país?
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